SobrevivÍ A Mi Mismo (de la oscuridad al propósito)

CAPÍTULO 4: INTENTANDO SER ALGUIEN

El tiempo siguió avanzando.

Y con él, la vida empezó a exigirme más.

Ya no era solo salir, distraerme o dejar pasar los días. Llegó un momento en el que tuve que empezar a hacerme cargo de mí mismo.

A los 18 años, comencé a trabajar.

Fue un cambio importante.

Entrar en el mundo laboral no solo significaba ganar dinero... significaba empezar a asumir responsabilidades, horarios, compromiso.

Era, de alguna forma, el inicio de una nueva etapa.

Una etapa en la que, por primera vez, sentía que tenía que empezar a construir algo.

Y al principio, lo intenté.

Intenté hacer las cosas bien.

Intenté enfocarme.

Intenté encontrar un rumbo.

Pero aunque por fuera estaba avanzando... por dentro seguía igual.

Porque el trabajo puede ocupar tu tiempo...

pero no siempre llena tus vacíos.

Cumplía con mis responsabilidades.

Iba, trabajaba, hacía lo que tenía que hacer.

Pero muchas veces lo hacía en automático.

Sin motivación real.

Sin un propósito claro.

Era como estar avanzando... pero sin saber hacia dónde.

Y eso pesa.

Porque no es lo mismo trabajar con un objetivo... que trabajar solo por inercia.

Había días en los que sentía que estaba haciendo lo correcto.

Que quizás ese era el camino.

Pero también había muchos otros días en los que volvía la misma sensación de siempre...

el vacío.

Esa incomodidad interna que no se iba.

Esa sensación de que algo faltaba, aunque no supiera exactamente qué.

Intentaba convencerme de que todo estaba bien.

Que era parte del proceso.

Que así era la vida.

Pero en el fondo... sabía que no era solo eso.

Porque cuando estás bien, lo sientes.

Y yo no lo estaba.

A medida que pasaba el tiempo, empecé a darme cuenta de algo que me incomodaba:

no me conocía.

No sabía realmente quién era.

No sabía qué quería.

No tenía claro hacia dónde iba.

Solo estaba viviendo... reaccionando a lo que la vida me ponía adelante.

Sin dirección.

Y cuando no tienes dirección... es fácil perderte, incluso haciendo lo "correcto".

Había momentos en los que pensaba que trabajando, ocupando mi tiempo, llenando mis días con actividades, todo iba a mejorar.

Pero no fue así.

Porque puedes tener la agenda llena...

y aun así sentirte vacío.

Puedes estar haciendo cosas...

y aun así sentir que no estás avanzando.

Y eso era exactamente lo que me pasaba.

Empecé a cuestionarme más.

A pensar más.

A sentir más esa desconexión interna.

Y aunque por fuera parecía que estaba "haciendo mi vida"...

por dentro sentía que seguía perdido.

Como si estuviera intentando ser alguien...

sin saber realmente quién quería ser.

Y eso genera una presión silenciosa.

Porque sientes que deberías tener respuestas...

pero no las tienes.

Sientes que deberías estar avanzando...

pero no sabes hacia dónde.

Y en medio de todo eso, la mente no se queda en silencio.

Empieza a hablar.

A cuestionar.

A dudar.

A hacerte sentir que no estás haciendo suficiente.

O que no eres suficiente.

Y aunque intentaba seguir adelante, había algo dentro de mí que no terminaba de acomodarse.

Algo que seguía incompleto.

Algo que, con el tiempo, iba a enfrentarse a golpes mucho más duros.

Porque la vida... todavía tenía cosas preparadas para mí que no estaba listo para enfrentar.

Y lo que venía después...

iba a marcarme para siempre.



#1556 en Otros
#270 en Relatos cortos
#312 en Novela histórica

En el texto hay: historia corta, dolor, real

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.