SobrevivÍ A Mi Mismo (de la oscuridad al propósito)

CAPÍTULO 9: ENCONTRARME EN EL PROCESO

Llegar a un lugar nuevo no fue lo más difícil...

lo más difícil fue empezar a encontrarme a mí mismo.

Porque cuando cambias de entorno, cuando dejas atrás todo lo que conocías, te quedas frente a frente con algo que muchas veces evitaste durante años:

tú mismo.

Y en mi caso...

llevaba mucho tiempo evitando ese encuentro.

Brasil no fue solo un cambio de país.

Fue un cambio interno.

Un espacio donde ya no tenía las mismas distracciones, ni las mismas personas, ni los mismos hábitos.

Y eso, aunque al principio puede parecer difícil...

es necesario.

Porque cuando te quitan todo lo que usabas para escapar...

ya no tienes a dónde correr.

Solo puedes mirar hacia adentro.

Y eso fue lo que empecé a hacer.

Por primera vez en mucho tiempo, me permití parar.

Pensar.

Sentir.

Entender.

Empecé a mirar mi vida con otros ojos.

A reconocer mis errores...

sin justificarme.

A aceptar lo que había hecho...

sin escapar.

A entender que muchas de las cosas que viví no fueron casualidad...

sino consecuencia.

Y aceptar eso no fue fácil.

Porque es más cómodo culpar a otros, a las circunstancias, a la vida...

que mirarte al espejo y reconocer lo que hiciste.

Pero ese proceso...

fue necesario.

Porque ahí empezó el cambio real.

Empecé a reconstruirme desde adentro.

Paso a paso.

Sin apuro.

Pero con decisión.

Empecé a alejarme de lo que no me hacía bien.

De hábitos.

De pensamientos.

De formas de actuar que ya sabía a dónde me llevaban.

Y aunque no fue fácil...

fue diferente.

Porque esta vez no lo hacía por obligación...

lo hacía porque quería cambiar.

Porque entendí que si no cambiaba yo...

nada iba a cambiar.

En ese proceso, mi conexión con Dios empezó a crecer.
No desde la perfección...

sino desde la necesidad.

Desde el corazón.

Desde alguien que venía de tocar fondo y necesitaba algo real en qué sostenerse.

Y poco a poco, empecé a encontrar paz.

No una paz perfecta...

pero sí una paz distinta.

Una paz que no dependía de lo externo.

Una paz que venía de adentro.

Empecé a entender que mi historia no era solo dolor.

No era solo errores.

No era solo oscuridad.

También era aprendizaje.

También era crecimiento.

También era una oportunidad.

Una oportunidad de convertirme en alguien distinto.

En alguien mejor.

En alguien que pudiera usar su historia para algo más grande.

Y ahí fue cuando empecé a encontrar propósito.

No en cosas materiales.

No en lo superficial.

Sino en algo mucho más profundo:

ayudar a otros.

Porque cuando pasas por momentos tan oscuros...

entiendes lo importante que es que alguien esté ahí.

Que alguien entienda.

Que alguien acompañe.

Y yo quería ser esa persona para otros.

Quería que lo que viví no fuera en vano.

Quería transformar mi historia en algo que pudiera servir.

Que pudiera impactar.

Que pudiera ayudar a alguien que hoy está pasando por lo mismo que yo pasé.

Y en ese proceso...

empecé a encontrarme.

No como alguien perfecto.

Sino como alguien real.

Con errores.

Con pasado.

Pero también con decisión.

Con propósito.

Y con una nueva forma de ver la vida.

Porque al final...

encontrarte no significa convertirte en alguien distinto.

Significa volver a quien realmente eres...

sin todo lo que te hizo perderte en el camino



#1556 en Otros
#270 en Relatos cortos
#312 en Novela histórica

En el texto hay: historia corta, dolor, real

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.