El matrimonio es el convenio más importante que realizamos: un acuerdo de amor, fidelidad y, sobre todo, del deseo de dos personas que se aman profundamente y lo demuestran al unirse, convirtiéndose en compañeros de vida, en las buenas y en las malas.
Eso es el matrimonio entre personas comunes, o mejor dicho, entre los pobres. En cambio, en la alta sociedad ocurre todo lo contrario: allí deciden con quién debes casarte sin derecho a protestar, ya sea un joven apuesto o el hombre más viejo del pueblo o la ciudad. Lo único que importa es su estatus social y, en muchos casos, cuánto dinero posee.
Para la familia Castellar, la situación era desesperada. Era urgente casar a una de sus dos hijas, pues su economía se encontraba en ruinas. La guerra había devastado sus tierras, que habían sido saqueadas, y las pocas cosechas que quedaban apenas daban frutos.
Los Castellar no solo sufrían por la pérdida de sus tierras, sino también por las deudas. Aunque habían logrado saldar algunas con el tiempo, aún cargaban con una tan grande que solo mediante el matrimonio de una de sus hijas podrían pagarla.
La familia estaba compuesta por tres hijos. Emiliana, la mayor, era considerada la mujer más hermosa del pueblo: rubia, con el cabello largo hasta la cintura, ojos celestes y un cuerpo envidiable. Siempre vestía con colores vivos y llamaba la atención de todos los hombres.
Sofía, la hija del medio, también era hermosa, aunque no tan llamativa como su hermana mayor. Tenía el cabello castaño claro y unos ojos verdes, similares a esmeraldas, aunque opacados por su vestimenta sencilla y de tonos oscuros.
Por último, Lisandro, el menor, era tan atractivo como Emiliana, con cabello rubio y ojos celestes. Sin embargo, era demasiado joven para casarse o cargar con una familia, y pronto partiría a la capital para continuar sus estudios.
Nada de eso importaba. Para la sociedad, los Castellar estaban prácticamente en bancarrota.
Todo cambió el día en que Rosa Castellar de Jones, la hermana menor, murió junto a su esposo, dejando como única heredera de toda la fortuna a Sofía.
A partir de ese momento, lo más importante era decidir con quién casarla. A pesar de su belleza, Sofía no era considerada lo suficientemente destacada, y las propuestas de matrimonio que comenzaron a llegar eran, en su mayoría, de oportunistas.
La familia necesitaba a alguien fácil de manipular, un hombre que les permitiera manejar la situación de tal manera que la herencia de Sofía sirviera para saldar la deuda más grande: la que tenían con Isaías Castellar, el hermano mayor de Vicente.
Los lazos entre ambos hermanos se habían roto debido a esa deuda, lo que había generado un gran escándalo en el pueblo. Se rumoraba que Isaías podría tomar acciones legales para reclamar lo que le correspondía.
Para su fortuna, Sofía contaba con Raphael Moreau, su mejor amigo de la infancia e hijo del alcalde del pueblo. Proveniente de una familia de alto rango y origen francés, Raphael estaba decidido a casarse con ella. Su familia le exigía sentar cabeza, y no veía mejor opción que su amiga, a quien además podía ayudar a salvar de la ruina.
Todo parecía perfectamente planeado. Solo faltaba que Raphael pidiera su mano, y los problemas se resolverían.
Eso creían… hasta la llegada del general más importante del rey, quien destruyó todos sus planes con una simple sonrisa fría y calculada.
Quizás todo habría sido diferente si Vicente hubiera dejado de apostar en tiempos de guerra y hubiera guardado dinero para recuperar lo que se perdió. Tal vez la deuda no sería tan grande si no hubiera pedido préstamos a tantas personas y hubiera aceptado desde el principio la ayuda de su hermano.
Pero el orgullo fue más fuerte que la necesidad.
Isaías siempre había sido el favorito de la familia, reconocido por su inteligencia y por haber formado una familia con dos hijos varones, bendecidos incluso por el rey.
Mientras tanto, Vicente vendía sus escasas cosechas para cubrir deudas atrasadas, dejando la mayor de ellas en manos de su hermano, a quien no veía desde hacía años, pero de quien escuchaba constantemente.
Y ahora, con el inminente regreso del hijo de Isaías al país, la urgencia era aún mayor.
Sofía debía casarse.
Y debía hacerlo pronto.