Sofía y El General

El General Frio

El barco arribó a un pequeño pueblo pesquero, a pocos kilómetros de la ciudad principal. De él descendió un grupo de soldados, comandados por el general Henry Castellar Davies, el mejor del reino y uno de los favoritos del rey.
También era el soltero más codiciado por las familias más pudientes. Sin embargo, Henry no tenía interés alguno en el matrimonio. A sus veintisiete años, su vida giraba únicamente en torno a su cargo y a formar el mejor ejército posible. Todo lo demás le resultaba secundario… incluso innecesario.
Bajó del barco y se dirigió al carruaje, intentando ignorar las miradas a su alrededor. No era su abrigo extravagante lo que llamaba la atención, sino el hombre que lo llevaba.
Su cabello negro azabache caía en mechones largos que rozaban su espalda. Sus ojos azules, intensos y fríos, contrastaban con su piel ligeramente bronceada. Su estatura, cercana al metro ochenta, y su imponente físico hacían imposible que pasara desapercibido.
Al subir al carruaje, se encontró con uno de los mayordomos más antiguos de la familia, quien lo recibió con una cálida sonrisa.
—Su padre ordenó que fuéramos directamente al pueblo. Su tía Rosa ha muerto y dejó como única heredera a Sofía.
Henry no mostró sorpresa.
—¿Y se supone que mi padre quiere que haga algo al respecto?
Su sonrisa era fría, casi falsa. Nada en su expresión reflejaba preocupación por la situación familiar. Como general, poseía suficiente dinero y prestigio; las deudas de su familia no eran su problema.
—Solo volví para llevarme a Benjamín y darle un mejor futuro como escolta del rey. También para saludar a mis padres. Pero no me interesa lo que ocurra con sus deudas.
El mayordomo suspiró con tristeza.
—No recordaba que el niño al que cuidé se hubiera vuelto tan egoísta… La guerra lo ha endurecido.
Henry lo miró con desdén.
—No recuerdo haber pedido la opinión de un simple mayordomo.
El anciano guardó silencio, herido, aunque mantuvo su sonrisa.
El viaje duró tres días.
Cuando finalmente llegaron, Henry descendió del carruaje y caminó hacia la sala principal, guiado por la voz alegre y aguda de su madre. Al entrar, el ambiente se volvió silencioso.
Se quitó el abrigo y el sombrero, dejando ver completamente su imponente presencia.
—No sabía que los generales podían llevar el cabello tan largo —comentó Isaías, su padre, intentando romper el hielo.
—¿Vas a quedarte ahí parado o vas a abrazar a tu madre? —intervino Joanne, levantándose para rodearlo con los brazos.
Henry apenas respondió al gesto.
—¿Van a decirme para qué me llamaron o esperan hasta la cena?
—Hablaremos con el té —respondió su padre.
Henry soltó una leve risa, cargada de ironía.
—Espero que no sea para decirme que Sofía heredó una fortuna y quieren que me case con ella para resolver sus deudas.
El silencio en la sala confirmó sus sospechas.
—Sé que no es tan hermosa como Emiliana ni como las mujeres que te hemos propuesto —dijo Isaías con seriedad—, pero necesitamos ese dinero con urgencia. La guerra también nos afectó… y el rey desea verte casado.
Henry se quedó pensativo.
Si se tratara de Emiliana, quizás no lo habría dudado. Desde siempre había sido hermosa, elegante, digna de la alta sociedad.
Sofía, en cambio…
La recordaba como una muchacha descuidada, casi salvaje. Su cabello desordenado y sus vestidos oscuros la hacían parecer más un muchacho que una dama.
Nada atractiva.
—Además —continuó su padre—, no puedo permitir que Raphael Moreau pida su mano.
Henry alzó una ceja.
—¿El hijo del alcalde? ¿Sobrino del general Moreau?
—El mismo. Dicen que fue un gran general. Ganó una de las batallas más importantes con tu estrategia, cuando tú fuiste envenenado… y recibió todo el reconocimiento del rey.
La expresión de Henry se endureció.
—Sí. Y murió cuando una bala le atravesó la cabeza.
—Aun así, fue considerado un héroe. Aunque luego se descubrió que era un traidor al servicio del reino enemigo.
Henry apretó los puños.
El apellido Moreau despertaba en él un odio profundo.
Aquel hombre le había robado el reconocimiento en los inicios de su carrera. Las medallas que debían haber sido suyas terminaron en manos de un impostor.
Y ahora…
Su sobrino estaba a punto de casarse con Sofía.
Era como un nuevo ataque.
No importaba si Sofía no era elegante, ni llamativa, ni siquiera refinada.
Ningún Moreau volvería a arrebatarle nada.
—¿Cuándo será la propuesta?




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