Sofía y El General

Los recuerdos de Henry (parte 3)

¿Cómo no podía odiar los sentimientos cuando en ese momento deseaba cruzar todo el salón y matar a aquel hombre que le sonreía a la mujer que amaba? Pero no podía dejarse llevar por eso, así que caminó hasta llegar a ellos y forzó una sonrisa para saludar.
—¡Feliz cumpleaños, querida prima!
—Gracias, Henry —contestó—. Te presento a Raphael Moreau, mi mejor amigo.
—Es un placer conocerte —dijo, desviando la mirada—. Hola, tía Rosa, ¿cómo se encuentra usted?
—Bien, sobrino.
Henry frunció el ceño al ver que el hombre al lado de su tía colocaba su mano en la cintura de ella.
—Te presento, él es mi esposo, Thomás Roberts.
—Hola, Henry, es un placer poder conocerte al fin —Thomás extendió su mano para saludarlo, pero este lo miró con desprecio—. ¿Así que eres el mejor soldado del rey?
—Sí, adoro descuartizar a mis enemigos sin piedad —contestó Henry con una sonrisa, dejando a todos helados.
Quizás hablaba su rabia, pero no podía dejar de pensar que todos sus esfuerzos habían sido en vano. Salió de la mansión con rumbo al jardín trasero para tomar aire fresco y poder pensar con claridad.
El aire que entraba por sus pulmones lograba que sus pensamientos comenzaran a calmarse… hasta que su visión fue interrumpida por la primera persona que le había quitado a su amada.
¡Apártate de mi vista! ¡Aléjate lo más que puedas porque morirás!
Esos pensamientos cruzaban por la mente de Henry mientras se quitaba la corbata, imaginando estrangular a aquella persona.
—¡Henry!
La voz de su amada resonó en sus oídos, deteniendo al ser que estaba poseído por la ira.
—¿Qué piensas hacer?
Henry la miró y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ella tomaba su mano y lo alejaba de ese lugar. Cuando estuvieron lejos de todos, él no pudo contenerse y la abrazó, pero ella lo apartó rápidamente.
—¿Qué tenías pensado hacer?
—¿Por qué me traicionaste? ¿Por qué me dejaste solo?
—¿De qué estás hablando?
—¡TE CASASTE, ROSA! —gritó lleno de ira—. Te dije que volvería por ti… y me traicionaste.
—Henry, termina con esto. Ya no tienes 13 años —Rosa lo miró a los ojos, notando lo perdido que estaba—. Esta obsesión te está lastimando y terminarás lastimando a otros.
—Ya no me importa. Solo contéstame… ¿estás enamorada de ese hombre?
—Henry, cálmate y—
—¡CONTESTA!
—¡SÍ! —respondió con firmeza—. Thomás es el hombre que amo desde mi adolescencia. Siempre soñé con ser su esposa, con tener hijos… con envejecer a su lado…
—¡BASTA! —gritó Henry—. Te juro que te arrepentirás de cada palabra que acabas de decir.
Su respiración se volvió pesada.
—Todo lo que amas… todo lo que deseas tener… yo mismo lo destruiré.
Henry se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
—Henry, por favor, piensa en lo que vas a hacer…
Se detuvo. La luz de la luna llena permitió ver su rostro completamente desfigurado por la furia.
—El general Moreau tenía razón… asesinar a tantas personas en la guerra me volvió loco. Pero no lo veo como un defecto, sino como una virtud… porque nunca me temblará la mano para asesinar a Sofía… y a tu amado.
Una sonrisa fría apareció en sus labios.
—Te recomiendo que los protejas… si tanto los amas.
Sus pasos resonaron en el jardín mientras dejaba atrás a Rosa… y con ella, todo el amor que alguna vez sintió.
Ya no sabía cómo sentirse. Todo en su interior estaba revuelto: amor, odio, rabia… ninguno le daba claridad. Lo peor eran los pensamientos que lo atormentaban:
¿Tan tonto fuiste que nunca comprobaste si te amaba?
¿De qué te sirvió volverte fuerte si al final estás solo?
¿De qué sirve tu poder si no puedes obtener lo que deseas?
No… no eran buenos consejeros.
Henry llegó hasta la fuente y observó a una figura mirando la luna con ojos esmeralda.
Juro, Sofía… que serás mía, pensó.
Tú fuiste la primera en arrebatármela… entonces serás la primera en sufrir.
Y así, bajo aquella luna llena, tomó la decisión que cambiaría todo.
Un año atrás (antes de la boda)
Henry miraba los papeles frente a él. Estaba molesto. Hacía casi una semana que no podía dormir y, para colmo, la única persona que lo acompañaba era Einar, que revisaba documentos a su lado.
—¿Henry, estos también deben revisarse? —preguntó Einar con un sobre en la mano.
Henry extendió la mano, pero Einar lo abrió primero.
—Dice “Sofía Castellar”… ¿es familiar tuyo?
Sacó unos papeles y le entregó una fotografía.
—Dice que es la más actual.
Einar lo miró sin entender.
—Henry… ¿por qué quieres el retrato de tu prima? ¿Y por qué estás espantando a todos sus pretendientes?
Henry observó la imagen: Sofía junto a Rosa. Eso le molestó… pero no pudo evitar notar lo hermosa que se había vuelto, tan parecida a ella.
—¡HENRY! —el grito lo hizo reaccionar—. Te hice una pregunta.
—Porque es mía.
Volvió a mirar la fotografía.
—Sofía es mía y de nadie más. Si me casaré con ella, debo alejar a los demás. Aún me queda un año para volver… entonces tendrá la edad suficiente para ser mi esposa… y la marquesa.
—Nunca creí que estuvieras enamorado —dijo Einar con una sonrisa.
Henry no respondió. Sabía que si decía la verdad, tendría que soportar un discurso sobre el amor… algo que no le interesaba.
Meses atrás (antes de la boda)
Henry había sido llamado por el rey antes de su partida. Ambos se encontraban sentados frente a frente.
—Quiero que resuelvas todo antes de volver —dijo el rey—. No quiero que tu reputación se vea afectada por deudas familiares.
—Sí, su majestad.
—Por cierto… ¿estás seguro de casarte con esa jovencita? Hay muchas mujeres de alto rango… y tú eliges a alguien cuya familia está en la quiebra.
—Hace años tomé mi decisión. No pienso dar marcha atrás.
El rey lo miró con curiosidad.
—Ahora me dejas más intrigado… ¿quién es esa joven que te hace cruzar todo el reino?
Henry sonrió levemente.
Pero no respondió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.