Sofía y El General

Los recuerdos de Henry (parte final)

Día de la boda (antes de partir)
Henry se encontraba delante del abogado de Rosa. Este le entregó una carta que estaba dirigida al que sería el esposo de Sofía, pero lo extraño era que en ella estaba escrito su nombre, como si Rosa supiera que él se casaría con ella.
“Querido sobrino Henry, si te encuentras leyendo esta carta quiere decir que mis hermanos cumplieron con su palabra y que acabas de casarte con Sofía, tal como se decidió desde el momento en que ella nació.
Quizás te estarás preguntando de qué estoy hablando, pero descuida, en unos minutos todas tus dudas quedarán aclaradas.
Hace unos años, dos jóvenes de 15 años se enamoraron locamente, pero para su tristeza el joven sería enviado al extranjero a estudiar, separándolos. Quizás se apresuraron en sus sentimientos creyendo que se casarían, pero al marcharse él, llevándose el amor y la felicidad de aquella joven, nunca tomaron conciencia de lo que sucedería tras su partida.
Lo que siguió fue una tragedia. Aquella joven fue deshonrada por el hijo de una familia superior, quienes no se hicieron responsables, y un duelo solo habría generado escándalos. Entonces fue enviada al campo para dar a luz en secreto, lejos de la sociedad.
Así nació una hermosa niña, la cual fue entregada a otra familia. Pero aquella joven no quiso dejarla ir tan fácilmente. Suplicó poder decidir algo sobre la vida de su hija… y fue entonces cuando logró elegir su nombre… y también a quien sería su prometido.
Aunque sabía que tal vez esa promesa no sería cumplida… decidió confiar.
Fue así como vio crecer a su hija desde lejos, amándola en silencio…”
Henry dejó de leer. Las siguientes palabras eran demasiado fuertes para él. No necesitaba más. Lo que faltaba debía escucharlo de labios de quienes aún estaban vivos.
La biblioteca estaba en completo silencio. Henry había llamado a sus padres y a sus tíos. Todos lo miraban sin atreverse a hablar.
—¿Hijo, no tienes que partir? —preguntó su padre—. Sería de mala educación hacer esperar al rey.
—Hace unos minutos el abogado de Rosa me entregó los documentos que acreditan a Sofía como única heredera —respondió Henry con frialdad—. En ellos están todas las propiedades, ganancias… y su valor de venta.
Se detuvo y miró a su padre.
—Con el dinero que ya les di, no es necesario tocar el de mi esposa. Y usted, tío, podrá vivir cómodamente, trabajar sus tierras, dar una buena dote a Emiliana y enviar a Lisandro al extranjero.
Su voz se volvió más dura.
—Mi objetivo aquí se terminó. El nombre de ambas familias ha sido limpiado.
—Es la verdad, sobrino —dijo Vicente—. Si no hubieses vuelto, Sofía habría terminado casada con algún sinvergüenza y no con un hombre respetable como tú.
—Hijo, has salvado a ambas familias cuando era nuestra responsabilidad —agregó Isaías.
Henry sonrió.
—Me molesta su hipocresía.
Todos guardaron silencio.
—No soy un caballero respetable. Volví con la intención de casarme con Sofía… para vengarme de un amor no correspondido.
Apretó la carta con fuerza.
—Pero terminé cayendo en un juego que ustedes iniciaron hace 18 años.
—¿De qué hablas, hijo? —preguntó Isaías, nervioso.
—Dejen de fingir.
Henry sacó la carta de su sobretodo.
—Esta carta fue escrita por Rosa. Está dirigida al esposo de Sofía… pero contiene mi nombre. Y habla de una promesa hecha hace 18 años.
Su mirada se volvió helada.
—Se suponía que este secreto moriría con ustedes.
—Henry… —intentó hablar su padre.
Pero fue interrumpido.
—¡¡¡BASTA!!! —golpeó la mesa con furia—. SÉ TODA LA VERDAD.
El silencio se volvió insoportable.
—SÉ QUE ESTOY COMPROMETIDO CON SOFÍA DESDE EL MOMENTO EN QUE NACIÓ… Y TAMBIÉN SÉ QUE SOFÍA NO ES HIJA DE USTEDES, SINO…
—¡¡¡NO LO DIGAS, HENRY!!! —gritó Jazmín, rompiendo en llanto—. No puedes saberlo…
Henry la miró fijamente.
—Rosa ya murió… —su voz bajó—. Ella necesitaba decirle la verdad.
Hizo una pausa.
—Pero no seré yo quien destruya lo poco que queda.
Se giró hacia la puerta.
—Prepárense… porque cuando vuelva, ustedes serán los que se encarguen de todo.
Y salió.
Presente
Henry salió del despacho del rey y se dirigió al suyo. Dentro, Sofía lo esperaba, inquieta.
Al verlo, corrió hacia él y lo abrazó con lágrimas en los ojos.
Henry la sostuvo.
Y por primera vez… no hubo frialdad en su mirada.
Ahora no podía negarlo.
La guerra lo había vuelto un monstruo…
pero ella…
Ella lo había condenado a algo peor.
Se había enamorado de la hija…
de la mujer que una vez amó con locura…
y de la que juró vengarse.




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