8 meses después
Bombas, explosiones, gritos y llantos eran sonidos lejanos para Henry, el cual corría por aquellos pasillos de la mansión buscando a Sofía.
La voz de Harry lo hizo reaccionar. Sin perder tiempo, buscó un caballo y terminó su búsqueda en el hospital imperial, donde había sido llevada casi dando a luz. Al entrar, las voces de las personas quejándose, los pedidos de auxilio y hasta los cuerpos sin vida parecían inexistentes para él.
En uno de los pasillos pudo visualizar a Einar, el cual lo llamaba. Se acercó con rapidez y entonces, en los brazos de la princesa, había una pequeña niña envuelta en mantas blancas.
Felicidad… era una de las palabras que podía describir lo que sintió Henry en el primer momento que sostuvo aquel pequeño ser entre sus manos. Tan débil, tan frágil… era lo más bello que sus ojos habían visto.
Por primera vez, después de haber iniciado su búsqueda, los sonidos ya no eran ajenos a sus oídos. Las explosiones retumbaban cerca, demasiado cerca.
—¡¡¡AL SUELO!!! —gritó alguien.
Dolor… el que sentiría luego de despertar no sería nada comparado con el que atravesaba ahora todo su cuerpo.
Sus ojos se abrieron lentamente. Intentó hablar, pero no podía emitir sonido alguno. Agradeció ver a Harry a su lado; con una sola mirada podía entenderlo todo.
—El hospital imperial fue bombardeado —dijo Harry.
Henry levantó levemente la ceja, exigiendo más información.
—La niña está bien.
Harry se levantó de su asiento.
—Buscaré al doctor.
El primer general del rey se encontraba convaleciente. No era extraño que, apenas despertara, todos corrieran a atenderlo después de que una bomba casi terminara con su vida.
Henry nunca se había quejado de la atención que recibía… pero su mirada podía matar a cualquiera.
Necesitaba saber sobre Sofía.
Cómo estaba.
Si había sobrevivido.
Si estaba herida.
Pero nadie le daba respuestas.
Y lo peor… no podía levantarse.
Había perdido la movilidad de su pierna derecha y parte de su cuerpo estaba quemado. Sabía que seguía vivo por puro milagro… al igual que su hija.
Pero… ¿y Sofía?
Había pasado casi un mes desde que estaba internado. Aún le costaba hablar, y los medicamentos lo mantenían dormido la mayor parte del tiempo.
Seguía sin saber nada de Sofía.
Hasta que escuchó una conversación fuera de su habitación.
—Debemos decirle —decía Harry—. No podemos seguir ocultando la verdad.
—Sabes que nos odiará —respondió Einar.
—Prefiero eso a que nos mate —la voz de Harry era seria—. Conocemos a Henry… no necesita palabras. Solo con su mirada sabemos que quiere saber de Sofía.
—Pero… ¿quién se lo dirá? —Einar dudó—. Debemos encontrar las palabras correctas… o enloquecerá. Quizás sería mejor que mi padre se lo diga.
—Estará destruido cuando se entere de que Sofía ha muerto…
Un ruido seco interrumpió todo.
Vidrio rompiéndose.
Harry y Einar entraron corriendo a la habitación.
Vacía.
—Maldición… —susurró Harry—. Henry nos escuchó.
El rey observó la habitación: los vidrios rotos, las manchas de sangre en el suelo.
La furia creció en su interior.
¿Cómo era posible que, con la mayor vigilancia del imperio, hubieran perdido a un paciente… y no a cualquiera, sino al general principal del rey?
Por primera vez desde que inició la guerra, Henry comenzó a sentir el dolor real.
Sus piernas pesaban.
Su respiración ardía.
No sabía si era por sus heridas… o por haber perdido a Sofía.
Sus ojos recorrieron la devastación causada por la explosión.
Ruinas.
Sangre.
Muerte.
Culpa…
Un sentimiento que jamás había experimentado.
Pero ahora… lo consumía.
Si tan solo hubiese aceptado dejarla ir…
Si la hubiera enviado con su familia…
Pero no.
El miedo a perderla… a que huyera con Raphael… fue más fuerte.
Rosa…
Sofía…
Las dos mujeres que había amado.
Las dos… perdidas.
Sintió una mano sobre su hombro.
Al darse la vuelta, se encontró con la mirada del rey.
—Lo siento mucho, hijo mío.
Henry no sabía si esas palabras eran sinceras… pero por primera vez deseó que lo fueran.
—Ahora debes levantarte —continuó el rey—. Con más fuerza que nunca… y vengar a Sofía.
8 meses antes
Henry había sido llamado junto a otros generales a una reunión urgente.
El frente oeste había sido atacado por el reino enemigo.
Debían partir.
Defender.
Atacar.
Sobrevivir.
—Usted sabe muy bien que, si se trata de defensa, podemos proteger el castillo —dijo Smith, uno de los generales más antiguos—. Nadie podrá atravesar nuestras murallas.
—Te equivocas —intervino Taylor—. El reino no solo necesita defensa… necesita atacar. Destruir al enemigo. Y para eso, nosotros somos los indicados.
El rey observaba en silencio.
La discusión no llevaba a nada.
El verdadero problema no era ese.
Era otro.
¿Quién enfrentaría a Raphael Moreau?
El sobrino del mayor traidor del reino.
—¿Qué opinas, Henry? —preguntó finalmente el rey.
Henry se levantó de su asiento con calma.
—Usted sabe muy bien que estoy aquí solo porque fui llamado.
Silencio.
—Pero esta vez… no participaré en la guerra.
Las miradas se clavaron en él.
Henry sabía que el rey ya estaba molesto por sus acciones anteriores… y que esas palabras solo empeorarían todo.
Pero no le importaba.
Tenía demasiados problemas.
Y esta vez…
La guerra no era su prioridad.