Sol de Medianoche

CAPÍTULO 5

Todos menos yo

Al finalizar el día, Ali tomó sus cosas y se dispuso a irse a casa a estudiar, pero antes de que pudiera salir, Julia la interceptó:

-Si cambias de idea, vamos a estar en el salón de juegos del centro. Lo dijo de forma tan rápida que Ali ni siquiera pudo protestar.

Ridículo, preciso estudiar o terminaré perdiendo el año, pensó mientras esperaba en la parada de autobuses.

Lo más irónico es que Ali estaba en el top de estudiantes de su grado pero siempre sentía la necesidad de estudiar- Algo que ocupaba la totalidad de su tiempo libre, impidiendo que participara de clubes como el resto de sus compañeros. Tampoco iba a ninguna reunión, cumpleaños, ni salida, evitaba a toda costa perder el tiempo en cosas que en vez de sacarla del secundario, terminarían haciendo que pasase más tiempo en el.

Mientras esperaba y repasaba las lecciones de ese día, vio partir a sus compañeros, algunos en autobuses, otros en bicicletas y Oscar en una motocicleta que parecía más un anuncio de crema para el cabello que otra cosa.

¿Qué clase de muchacho tendría una motocicleta azul tornasolado?

Seguro tenía a decenas de niñas fans de sirenas siguiéndolo por las calles con la ilusión de que les vendiera entradas para el acuario.

-¿Sera que acaso tiene algún poder oculto que impide que se transforme en la bolsa de boxeo caminante que ya es? Se dijo negando con la cabeza mientras subía al autobus.

En el camino mientras repasaba, pensaba en lo ridicula de toda la situación. Pero dentro de si, una vocecita la animaba a ir y otra a irse a casa como de costumbre.

-Solo será un juego y nada más, luego te irás a casa. pensó

-No. Tienes que estudiar, no puedes darte el lujo de perder el tiempo. Pensó, pero está vez en voz alta, haciendo que el pasajero que estaba sentado a su lado la quedase mirando.

Avergonzada, se levantó del asiento, y se bajó antes de llegar a su destino, encontrándose en el centro de la ciudad.

-Vaya Ali, parece que lo hubieras hecho a propósito, se dijo molesta, apesar de que la mueca en las comisuras de su boca, revelaban lo contrario.

-Solo una miradita rápida, solo eso. Se dijo aproximándose a la sala de juegos.

Una sola vez, en uno de los cumpleaños de su hermanito, había ido a un lugar así. Pero este era mil veces mejor.. Parecía una mezcla retro futurista con luces neon, pisos de brillantina y cientos de juegos electrónicos, billar, ping-pong y hockey de mesa, su favorito.

Se quedó boquiabierta mirando a través de los enormes ventanales que permitían ver lo que pasaba allí, y lo que pasaba era que todos se estaban divirtiendo.

Todos... menos ella.

Algunos jugaban en equipos a los juegos electrónicos, otros comían chips, algunos bailaban y todos, exactamente todos, estaban pasándola de las mil maravillas.

Por un momento, Ali titubeó, lo que más quería era poder entrar, reirse y actuar como una adolescente promedio. Sin embargo, miró el candado que llevaba en su zapato y se detuvo.

Era un recordatorio.

Un recordatorio silencioso de lo que había sido, de las cosas que no permitiría que volvieran a pasar, y de lo que era ahora.

Con un profundo suspiro, se alejó.

Caminó durante media hora, y llegó a su casa directo a su habitación a encerrarse como de costumbre.

Esa tarde fue inusualmente calurosa, y su cuarto se sintió cuasi claustrofóbico, pero Ali se obligó a estudiar.

Usualmente le pedía a sus profesores que le enviaran tarea extra, pero al revisar su casilla de correo, no encontró nada. Ni siquiera spam.

Uffff- se dijo dejándose caer en la cama.

El techo de su habitación tenía una pequeña mancha de humedad en uno de los costados, al fin algo que hacer, se dijo abriendo el cerrojo de su puerta, corriendo hacia el sótano.

Martillo y pintura en mano, fue detenida a medio camino cuando su padre que recién había llegado del trabajo le preguntó qué estaba haciendo con esas cosas.

-Hay una mancha gigantesca en el techo de mi cuarto y pienso acabar con ella.

-¿A martillazos? Preguntó su padre tomando el martillo que ella llevaba en la mano

-Pues va a ser necesario picar, cualquiera lo sabe.

-Primero permiteme ver esa terrible mancha, dijo poniendo su maletín en el piso.

Pronto toda la familia estaba reunida en el cuarto de Ali.

-La niña no puede seguir durmiendo en un cuarto en estas condiciones, hay una mancha enorme en su techo. Dijo su madre

Tomando un poco de limpiador, su padre hizo que la mancha desapareciera como por arte de magia.

-Ven, no era tan grave.

-Pero… seguramente la mancha regrese. Bufó Ali queriendo tomar el martillo.

-Si hubieras ido al salón de juegos con tus amigos no estarías tan aburrida.

Esas palabras calaron hondo en Ali que sintió unas ganas irremediables de llorar, pero todo lo que pudo hacer fue salir corriendo de su casa, hasta terminar en la casa de sus abuelos.

Tocó timbre y golpeó la puerta desesperada con lágrimas en los ojos, pidiendo a gritos que le abrieran la puerta.

-¿Cariño qué pasó? ¿otra vez el bruto de mi hijo dijo algo que te molestó?Preguntó su abuela dejándola entrar.




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