Sol de Medianoche

CAPÍTULO 13

La furia de Ali

Luego de unos días, en los que todos habían tenido que asistir a charlas con la psicóloga del colegio e intergrupales, y los responsables de la paliza al alumno del grado inferior habían sido suspendidos, Holly Valley retornó a ser lo que era antes.

Los bullies regresaron con la promesa de portarse bien, y a los pocos minutos de entrar, Ali pudo ver cómo tomaban al alumno del grado inferior por la solapa, y se lo llevaban de arrastre.

-¡Lo sabía! se dijo colocando sus cosas prolijamente en su locker.

Oscar que parecía tener su reloj sincronizado con Ali la miraba con descrédito.

-Llama al monitor. Le dijo antes de salir corriendo detrás de los bullies.

Ali lo ignoró y continuo su camino como si nada hasta que se vió frente a frente con el grupo de bullies, Oscar y el pequeño.

-Suéltenlo gritó Oscar.

-Oblíganos princesa- dijo uno de los bullies acercándose a Oscar para golpearlo pero deteniéndose al ver a Ali.

-Más les vale que no se atrevan a meterse con ella. Dijo Oscar al verla.

-Ella está con ellos, dijo el pequeño llorando.

-Eso no puede ser cierto. Respondió Oscar que quedó atónito al ver como los bullies le hacían reverencias y la dejaban pasar.

-¡Lamentamos todo esto su majestad! Dijo uno de los bullies volviendo a hacer una irónica reverencia.

-¿No sería más fácil que le saquen su tarjeta de gastos en vez de golpearlo todos los días? Dijo Ali pasando entre ellos pero sin detenerse.

-Oigan, ¡su majestad tiene razón! Dijo uno de ellos tomando la tarjeta del pequeño para luego concetrarse en Oscar.

Hacia varios minutos que Ali se había acomodado en el aula esperando a que empezara la clase.

Escucho un griterío enorme, pero como de costumbre tomó uno de sus libros y comenzó a leer como si nada más en el mundo importase.

A los pocos minutos escuchó el griterío aproximarse, y vio a Oscar con una mezcla de rabia y tristeza pintadas en el rostro.

-¿Por qué hiciste eso? Fue todo lo que pudo decirle.

Ali lo ignoró, y continuo leyendo mientras los otros muchachos le decían que era en vano, que no le prestara atención.

A pesar de ello, Oscar se le acercó y volvió a preguntarle lo mismo quitándole el libro de las manos.

-Devuelveme mi libro!

-¿Cómo pudiste? ¿Acaso es por miedo? Le preguntó en voz baja dejando el libro sobre la mesa.

-¿Miedo? Preguntó Ali dando una risotada que más parecía una táctica de defensa que otra cosa.¿Acaso pretendías que me pusiera a pelear para defender tu honor, princesa? Continuo ella intentando sonar lo más convincente posible.

-Te pedí que fueras a buscar ayuda, pero me estoy dando cuenta de que eres amiga de esos buenos para nada.

-Yo no tengo amigos. Dijo Ali mirándolo con un odio que hizo que a muchos se les helara la sangre.

-En efecto, no los tienes, estas muy rota para mirar a alguien más que no sea tu propio ombligo. Replicó Oscar yéndose.

Ali pretendió seguir leyendo pero las palabras de Oscar la habían desestabilizado. Quería llorar y gritar pero no lo hizo, sabía que de hacerlo, se mostraría débil, y que mostrarse débil era como ponerse un letrero que dijera: atácame.

-Si Oscar no supiera artes marciales esos tipos lo habrían hecho pedazos. Le dijo uno de los muchachos tirando al suelo las cosas que Ali tenía en el escritorio.

Furiosa se incorporó y le dió una patada en el trasero que lo hizo trastabillar.

-Nunca más vuelvas a tocar mi cosas, ni a hacerme ninguna clase de reclamo. Dijo con la voz entrecortada de rabia.

El muchacho salió corriendo hacia su asiento ante la risa de otros que se limitaban a aplaudir y silbar haciendole burla.

Por un momento Ali sintió que podía perder el control, pero al ver que nadie más se atrevía a decirle nada, ni siquiera a mirarla, se sintió aliviada.

Esperó con impaciencia que llegara el profesor ya que no veía la hora de poder salir de ahí.

Cuando finalmente llegó, anunció que ya habían votado a los ganadores del ensayo.

-¿Votar? Preguntó Ali más para si misma, pero fue oída por el profesor que le explicó que los ensayos habían sido sometidos a votación entre los otros profesores y un grupo de alumnos del grado inferior y superior.

Automáticamente Ali tuvo un mal presentimiento. Intentó sosegarse pero fue en vano y pronto su temor se confirmó: Oscar y Anna eran los ganadores del ensayo.

El de ella estaba muy bien escrito e iba a contar como nota pero a los chicos no les había parecido interesante leer sobre Theodore Roosevelt.

El profesor leyó parte del ensayo de Oscar, que tal y como le había dicho a Ali, se trataba de tamagochis. El de Anna que era una oda moderna al amor titulada: “el chico que me gusta”.

Ali sintió que el estómago se le daba vuelta. Una competencia de popularidad donde no gana el mejor sino el que escribe cosas más tontas se dijo furiosa.

Simplemente no podía creer que dos ensayos dignos del jardín de infantes le hubieran ganado a uno que contaba con extensas horas de investigación y seriedad.

Ni bien tocó el timbre, tomó sus cosas y simplemente se fue. No iba a quedarse ni un minuto más en ese concurso de simpatía barato. Estaba demasiado furiosa como para pretender.

Para su sorpresa, nadie la detuvo, ni siquiera notaron que salió sin autorización.




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