Si, claro
Al día siguiente la atmósfera en Holly Valley había cambiado. En apariencia todos hacían lo mismo de siempre, correr de un lado al otro, reír, bromear, y repasar a último momento, pero había algo diferente y Ali podía sentirlo.
La miraban de forma furtiva, pero no era con curiosidad como antes sino con rabia.
Como de costumbre los ignoró y miró fijo a todos aquellos a los que sentía más desafiantes.
Esta vez no iba a dejar que las cosas se le saliesen de las manos, y si tenía que dar el primer golpe, así sería.
Sin embargo, todo quedó en miradas, como de costumbre, nadie se atrevió a decirle nada ni a molestarla. Incluso los bullies del grado superior habían pasado a comportarse bien, y Holly Valley parecía sumido en la calma que antecede a la tormenta.
Ali se dirigió al aula como de costumbre y ni bien comenzó el aula, uno de los monitores entró y le pidió que lo acompañara a la oficina del director.
Con evidente fastidio, Ali lo siguió sin decir ni media palabra.
Al llegar, el monitor la hizo pasar y esperar a que el director la llamara.
-Alison Parker- dijo la muy distinguible voz del director.
Ali entró y se sentó con cara de pocos amigos.
-Si mal recuerdo, creo haberte dicho que no podías venir maquillada y que tenías que ir a la oficina de la psicòloga.
Molesta como si le estuvieran preguntando la tabla del uno, Ali exaló y respondió: hablé con la psicóloga y acordamos en que no estoy lista y en que el maquillaje es mi forma de expresión.
-Es una forma de expresión, sobre eso no tengo nada que decir, pero… no es justo para con los demás.
-Si me quito el maquillaje será peor. Además seamos honestos, ninguna de las muchachas de aquí quiere maquillarse de negro como yo.
-¿Lo dices por tu historial con…?
-Sí
-Bueno, pero vas a tener que hacer algo para integrarte.
-Pero yo no vengo para hacer amigos.
-No todo se trata de estudio, por ejemplo la competencia de ensayos…
Antes de que pudiera seguir Ali lo interrumpió: La competencia de simpatía querrá decir.
-Hablé con el profesor y me dijo que tu ensayo fue excelente, sin embargo, nadie te votó.
-Asumo que la competencia nacional tendrá videos y fotos obligatorias para determinar al ganador, ¿no? Preguntó Ali con ironía.
-La cuestión es que eres una muchacha muy inteligente en lo que hace al aprendizaje, pero no en lo que hace a la inteligencia emocional. ¿Qué va a pasar cuando salgas de aquí y llegues a la universidad?
-Me voy a encontrar con gente madura que no precisa hacer de la vida de los otros una miseria por no tener vida propia.
El director río mientras negaba con la cabeza.
-No Ali, la universidad e incluso el trabajo se maneja por las mismas reglas, y si no le caes bien a nadie, o simplemente te alejas de todos, lo único que lograrás será cerrarte puertas antes de que se te abran. Muchas veces las recomendaciones no vienen por un trabajo excelente sino por la impresión que le causamos a las personas.
-La primera impresión es todo, y yo ya causé primera mala impresión así que supongo que esperaré hasta terminar el secundario y veré de causar buena impresión en otro lado.
-Nada está perdido, es más, me gustaría que te unieras al equipo de fútbol.
-¡No!
-¿Por qué no? La ayuda que le diste a los muchachos, los ayudó a ganarles al otro equipo.
-Lo hice para vengarme de Pure Heart, no por que me importase nuestro equipo.
-Lo sé, y aprecio tu honestidad, pero al menos prométeme que vas a pensarlo, sería bueno para ti y definitivamente bueno para nuestro equipo, que podría pasar a ser mixto y competir a otro nivel.
-No lo sé.
-Sólo piénsalo y ven a verme en una semana. Dijo el director con una sonrisa.
Algo dentro de sí, la alentaba a no prestarle atención al director, a seguir como de costumbre. Sin embargo, sabía que el director tenía razón, los contactos eran importantes.
Esa tarde tendría que ir a la psicóloga mientras todos iban a la sala de juegos y eso la hacía sentir doblemente frustrada. Por un lado perdía tiempo de estudio, y por el otro, prefería perder ese tiempo jugando al hockey de mesa o al billar en vez de hablando con una extraña.
Todavía no había decidido bien qué era lo que iba a hacer, pero ese día la acompañaría su madre y luego iría a las sesiones a solas.
El lugar parecía una especie de guarida hippie, lleno de carteles motivacionales, dibujos alegres y flores artificiales. Ali sintió ganas de salir corriendo, pero forzó una sonrisa para su madre mientras esperaban en la sala de espera.
“Sigue a tu corazón”, “La edad es un número” y “Haz lo que te haga feliz” eran algunos de los slogans que podían leerse.
-Lo que me haría feliz sería salir de aquí. Dijo Ali refunfuñando.
-Tranquila hija, si no te gusta, conseguimos a otro profesional. Dijo su madre apretándole la mano.
Ali no quería otro profesional, quería salir de ahí, punto.
Mientras más minutos pasaban en el reloj, más impaciente se sentía. Era como ver como se secaba la pintura, una completa pérdida de tiempo.
Finalmente, las hicieron pasar y la psicóloga, una mujer en sus 50, un tanto regordeta pero con una sonrisa de oreja a oreja, les dijo que se sentaran y comenzó hablándole a Ali con tono condescendiente.
-¿Por qué crees que estás aquí amorcito?
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bullying, romance adolescente, secundaria y cambios de personalidad
Editado: 06.03.2026