Sol Y Luna

C12: Secretos Compartidos, Sombras Que Acechan

La librería-café "El Refugio de las Palabras" prosperaba, pero la vida de Leo y Valeria se había vuelto una delicada coreografía entre su existencia pública y los secretos que guardaban. La dualidad que los unía, que antes se manifestaba en la armonía de sus personalidades, ahora se extendía a la gestión de su identidad.

La necesidad de mantener su vida privada separada de su negocio se había vuelto crucial. Explicar a los clientes que, al caer la noche, simplemente "desaparecían" para atender asuntos personales o familiares, era cada vez más difícil. Las invitaciones a eventos sociales, cenas o incluso simples salidas nocturnas se acumulaban, y cada negativa era un pequeño acto de malabarismo social.

-Otra invitación para el concierto de jazz del viernes -dijo Valeria, dejando la tarjeta sobre la mesa de la cocina, mientras Leo preparaba té.

Leo suspiró. -Ya sabes que no podemos. Y no podemos seguir diciendo que estamos "ocupados con la tienda". La gente empieza a notar el patrón.

-Lo sé -respondió Valeria, su voz teñida de frustración-. Es como si tuviéramos que vivir dos vidas, y la línea entre ellas se está volviendo borrosa. A veces deseo que no tuvieran que saber que existimos más allá de este lugar.

La tensión de mantener su secreto se sumaba al agotamiento de la gestión diaria. Sentían que, a pesar de su profunda conexión, había aspectos de su vida que no podían compartir con el mundo, y eso creaba una sutil barrera, un velo invisible.

Y entonces, como si el destino hubiera decidido poner a prueba su fortaleza de manera más directa, apareció él. Un hombre de mediana edad, con una mirada penetrante y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, un día entró en la librería. No parecía un cliente habitual. Se movía con una seguridad inusual, como si el lugar le perteneciera.

Se acercó a la sección de historia antigua, donde Leo solía pasar tiempo revisando textos. El hombre lo observó durante un momento antes de hablar.

-Leo, ¿verdad? -dijo, su voz era un susurro grave que resonó en el silencio relativo de la sección.

Leo levantó la vista, sintiendo una punzada de alerta. -Sí, soy Leo. ¿En qué puedo ayudarle?

El hombre sonrió, esa sonrisa enigmática. -Sé quién eres. Y sé quién es Valeria. Sé lo que sois.

El corazón de Leo dio un vuelco. El aire pareció espesarse. -No sé de qué está hablando.

-Oh, creo que sí -continuó el hombre, acercándose un poco más-. No estáis solos. Hay otros como vosotros. Otros que entienden el peso y el poder de lo que lleváis dentro. Y quieren conoceros.

Leo sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La dualidad que siempre habían vivido, la herencia ancestral, los símbolos... todo aquello que creían único y solo suyo, de repente se veía amenazado o, quizás, validado de una manera completamente inesperada y aterradora.

-¿Quién es usted? -preguntó Leo, su voz firme a pesar de la turbación interna.

-Llamadme Elías -respondió el hombre, sin ofrecer más detalles-. Y os digo esto porque el tiempo apremia. Hay quienes buscan activamente a personas como vosotros. Algunos para ayudar, otros... bueno, otros no son tan benevolentes. Vuestra singularidad os hace visibles.

Elías se despidió tan misteriosamente como había llegado, dejando a Leo sumido en una profunda inquietud. Buscó a Valeria, quien estaba atendiendo a un grupo de clientes en la zona del café. Con una mirada, él le indicó que necesitaba hablar con ella urgentemente.

Más tarde, en la intimidad de su hogar, Leo le contó a Valeria lo sucedido. El rostro de Valeria reflejaba la misma mezcla de sorpresa, miedo y una extraña fascinación.

-¿Otros como nosotros? -murmuró Valeria, su mente corriendo a mil revoluciones.

-Eso es lo que me preocupa, Valeria. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? Y lo más importante, ¿podemos confiar en ellos? Nuestra vida siempre ha sido un equilibrio delicado. Esto... esto podría romperlo todo.

La aparición de Elías no solo complicaba su vida pública, sino que abría una nueva dimensión a su existencia, una que los obligaba a confrontar la verdadera naturaleza de su herencia y a preguntarse si su amor, tan único y poderoso, los había convertido en objetivos de algo mucho más grande y peligroso de lo que jamás habían imaginado.




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