Los meses que siguieron fueron intensos. Leo y Valeria se sumergieron de lleno en el entrenamiento. Las sesiones de meditación se volvieron más largas y profundas, la visualización de su energía se hizo más clara y tangible. Habían aprendido a sentir las "firmas energéticas" de las personas, a distinguir entre intenciones puras y aquellas cargadas de egoísmo. Kael y Lyra los guiaron en la creación de escudos energéticos, visualizando barreras de luz que los protegían de influencias externas no deseadas.
La librería-café, su querido "El Refugio del Saber", se transformó sutilmente. Ya no era solo un lugar de encuentro para amantes de los libros y el buen café, sino un punto de calma y sanación discreta. Leo, con su nueva habilidad para sentir la fatiga o el estrés en las personas, a menudo ofrecía un té especial o un momento de conversación tranquila que, sin que el cliente lo supiera, ayudaba a reequilibrar su energía. Valeria, con una intuición agudizada, a veces "recomendaba" un libro que, de manera casi mágica, abordaba un problema que el lector estaba enfrentando en ese momento, proporcionando una guía inesperada.
Un día, mientras Leo y Valeria supervisaban una práctica de proyección de energía, un joven llamado Mateo se acercó a ellos. Mateo era un artista local que había estado luchando contra una profunda apatía y falta de inspiración, síntomas de una energía agotada por circunstancias difíciles.
—Leo, Valeria —dijo Mateo, su voz apagada—. Siento que mi creatividad se está muriendo. He intentado todo, pero nada funciona.
Leo sintió la pesada carga de desánimo que rodeaba a Mateo. Miró a Valeria, y ella asintió, una chispa de comprensión mutua entre ellos.
—Mateo —comenzó Leo, con una calma que antes no poseía—, hemos estado aprendiendo algunas cosas nuevas. Quizás podamos ayudarte a reconectar con tu chispa.
Guiaron a Mateo a una sala tranquila en la parte trasera de la librería. Le pidieron que se sentara cómodamente y cerrara los ojos. Leo y Valeria se colocaron a cada lado, concentrándose en su propia energía y en la de Mateo. Visualizaron un puente de luz conectándolos, y con cada respiración, canalizaron una energía suave y revitalizante hacia él. No era una imposición, sino una invitación a que su propia energía se reavivara.
Mateo, al principio, solo sintió una leve calidez. Pero a medida que Leo y Valeria mantenían el flujo, empezó a notar una diferencia. La opresión en su pecho se disipó, y una sensación de ligereza comenzó a invadirlo. Cerró los ojos con más fuerza, permitiendo que la energía fluyera.
—Siento… siento algo —murmuró, una sonrisa tímida asomando en sus labios—. Como si algo estuviera despertando dentro de mí.
Cuando la sesión terminó, Mateo se sentía visiblemente diferente. La apatía había sido reemplazada por una renovada esperanza y una energía que hacía tiempo no sentía.
—No sé qué hicieron —dijo, mirando a Leo y Valeria con asombro—, pero… gracias. Siento que puedo volver a crear.
Esa misma semana, se presentó una amenaza más directa. Un individuo, conocido en ciertos círculos como "El Coleccionista", intentó infiltrarse en la librería. El Coleccionista era un ser que se alimentaba de la energía vital de otros, dejando a sus víctimas débiles y desorientadas.
Kael y Lyra, que estaban observando a distancia, sintieron la intrusión. Leo y Valeria, sin embargo, ya habían desarrollado una sensibilidad aguda a las energías negativas. Al sentir la presencia del Coleccionista, no entraron en pánico. En cambio, se miraron, su conexión fortalecida por meses de práctica.
—Está aquí —dijo Valeria, su voz tranquila pero firme.
—Lo siento —respondió Leo—. Siento su vacío.
Activaron sus escudos energéticos, visualizando una barrera impenetrable a su alrededor. Cuando el Coleccionista intentó acercarse, sintió una resistencia inesperada, como si chocara contra un muro invisible. Frustrado, intentó proyectar su energía parasitaria, pero los escudos de Leo y Valeria, alimentados por su amor y su voluntad, absorbieron y disiparon el ataque.
El Coleccionista, al verse incapaz de penetrar sus defensas y sintiendo una energía que no podía comprender ni manipular, retrocedió, desapareciendo tan rápido como había llegado.
Kael y Lyra se acercaron, una sonrisa de orgullo en sus rostros. —Han manejado la situación con una maestría admirable —dijo Kael—. Han demostrado que no solo pueden defenderse a sí mismos, sino también proteger su espacio y, cuando es necesario, ofrecer su energía para sanar. El segundo pilar está firmemente establecido.
Leo y Valeria intercambiaron una mirada de satisfacción. Habían pasado de ser personas que buscaban seguridad a ser guardianes activos. La tranquilidad que anhelaban no era la ausencia de peligro, sino la confianza en su propia fuerza y en su capacidad para enfrentar lo que viniera.