Sol Y Luna

C18: El Viaje Hacia La Creación

La decisión estaba tomada. Para embarcarse en la delicada y profunda tarea de fusionar sus energías y dar vida a una nueva existencia, Leo y Valeria sabían que necesitaban un entorno de absoluta privacidad y concentración. El bullicio y las miradas, incluso las bien intencionadas, de su amado Refugio del Saber, podían interferir en la pureza de su intención unificada.

Con la misma habilidad que habían demostrado para proteger su espacio, idearon un plan. Convocaron a sus colaboradores más cercanos y de mayor confianza: Elara, la bibliotecaria con una mente organizada y un corazón leal, y Ben, el barista cuya calma y discreción eran legendarias.

—Elara, Ben —comenzó Leo, su tono sereno pero firme—, hemos tomado una decisión importante. Valeria y yo necesitamos alejarnos por un tiempo.

Valeria tomó la palabra, su mirada transmitiendo la seriedad de la situación. —Hemos estado experimentando algunos síntomas… un embarazo de alto riesgo. Los médicos recomiendan un reposo absoluto y un entorno muy específico, lejos de cualquier estrés o contaminación energética. Por ello, debemos viajar a un lugar con condiciones especiales para asegurar que todo llegue a buen término.

La noticia, aunque envuelta en una explicación médica, resonó con la verdad que sus colaboradores más cercanos ya percibían en ellos. Elara y Ben, al ver la determinación en sus ojos y sentir la energía subyacente de un propósito mayor, asintieron sin cuestionar.

—Entendemos —dijo Elara, su voz llena de preocupación genuina y apoyo—. El Refugio estará en buenas manos. Nos aseguraremos de que todo funcione a la perfección mientras ustedes están fuera.

—No se preocupen por nada aquí —añadió Ben, con su característica tranquilidad—. Su prioridad es el bienestar de Valeria y de… el bebé.

Con esa promesa de lealtad y confianza, Leo y Valeria comenzaron los preparativos para su partida. Empacaron lo esencial, llevando consigo no solo objetos físicos, sino también la carga de su intención y el eco de su amor. La librería-café, su santuario, quedaría en manos de quienes conocían su secreto, quienes entenderían la importancia de mantener la calma y la armonía en su ausencia.

Inventaron detalles sobre el destino: un retiro aislado en las montañas, un lugar con aire puro y un ambiente sereno, perfecto para una recuperación delicada. La historia era creíble, una excusa perfecta para su ausencia prolongada y para evitar cualquier intento de contacto que pudiera romper su concentración.

Mientras se preparaban para partir, Leo y Valeria compartieron un momento íntimo en el corazón de su librería. Se miraron, la anticipación de lo que estaba por venir mezclada con la melancolía de dejar atrás su hogar.

—Estamos haciendo esto por algo más grande, ¿verdad? —susurró Valeria, apoyando su cabeza en el hombro de Leo.

—Sí —respondió Leo, rodeándola con sus brazos—. Estamos creando un puente entre nuestros mundos, una nueva forma de ser. Y para que ese puente sea sólido, necesitamos este espacio, este silencio.

Se despidieron de sus colaboradores con abrazos sinceros, prometiendo mantenerse en contacto de forma discreta. El viaje comenzó, un viaje no solo geográfico, sino hacia el núcleo mismo de su ser, hacia la manifestación de su amor más puro.

El lugar elegido no era una montaña cualquiera. Era un valle escondido, un remanso de paz donde las energías de la tierra fluían con una pureza excepcional, un sitio que Kael y Lyra les habían indicado como ideal para la gestación energética. Allí, lejos de las distracciones del mundo, Leo y Valeria se prepararían para el acto más sagrado de su existencia: la creación de una nueva vida, una vida que sería la perfecta amalgama de sus dos almas.




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