Sólo Nosotros

Capítulo 8

Capítulo 8

Jazmine

 

Que alguien me recuerde por qué hago cosas como esta, porque no lo entiendo.

¿Cómo vine a meterme en semejante problema?

Ah, sí. Tengo como objetivo personal ser la mejor hermana del mundo. Y mi hermana lo vale, eso no voy a negarlo, pero esto es mucho para mí.

—Eres tan hermosa, Jaz —suspira una de las amigas de Rose a mi lado, mirándome con expresión soñadora.

—Gracias —murmuro en respuesta.

—Lilly, deja de mirar a mi hermana así, no nos querrá traer al centro comercial la próxima semana.

Sí, eso es exactamente lo que hice, me ofrecí para llevar a las amigas adolescentes de mi hermana al centro comercial, hacer comprar y comer helado. Ya de por sí, tener que ser la responsable de seis adolescentes es un trabajo difícil, pero si le sumamos que he tenido que aguantar que todas ellas me vean como si soy una especie de deidad o lo mejor que ha parido el mundo después del café, ya es demasiado. No estoy acostumbrada a este tipo de atención, puede que haya salido con ellas en repetidas ocasiones, pero esta situación es una que no paso.

¿Que por qué me lo aguanto si lo odio?

Rose ama que pase tiempo con ella y sus amigas, sospecho que lo hace porque ellas me tienen mucha estima ‒una desmesurada‒ y la molestan para que sea yo quien las acompañe, pero sigue siendo pesado.

—Es que la miro y no sé si enamorarme de ella o envidiarla.

Miro a la chica con una ceja alzada, evitando responder. Si hablo, diré lo que tengo en mente y no sería lindo.

—Eso fue muy raro para decir —ríe Haylie, distrayendo a Lilly—. Estás un poquito loca, amiga.

Lilly sonríe, como si lo que estaba haciendo no fuese extraño.

—No pueden culparme, Jazmine es exactamente la mujer que quiero ser a su edad. —Aprieto los labios, evitando reírme—. Es hermosa, tiene dinero y su propia tienda. Un éxito total con solo 24 años.

—Gracias, supongo —hablo por fin, apoyando los codos en la mesa.

Estamos en una heladería, ya las chicas hicieron sus compras y esta salida está por acabarse, gracias al cielo y lo que en él habita.

Empiezan a hablar de chicos y yo aprovecho para revisar las redes de la tienda. Jordan y yo tenemos ambas acceso a las redes sociales de la tienda, aunque yo las reviso más que ella. Con su embarazo, Jojo tiene otras cosas en la cabeza, y no la culpo, planear la llegada de un hijo no ha de ser fácil. Además, me encanta hacer su trabajo menos pesado.

Ayer dimos por abierta la tienda virtual y ha sido todo un éxito. Hemos tenido mayor número de concurrencia en la tienda y los pedidos vía internet cada vez son mayores. Cuando le di la sugerencia a Jojo de abrir una tienda, no creí que sería así de buena. Nos han hecho buenas críticas y nuestra clientela cada vez se hace más grande, lo que nos indica que vamos bien.

Los diseños de Alinna son preciosos y a las mujeres que nos visitan les gustan, cosa que me satisface. Esto de hacer nuestros propios diseños era una idea a ciegas, no sabíamos si funcionaría o no, y lo hizo. Funciona a la perfección. Siempre habrán personas que prefieran las marcas reconocidas, pero eso no significa que nuestro diseños no sean buenos. Esas marcas ya tienen su trayectoria, nosotras tenemos que hacer la nuestra.

—¿Alguna de ustedes me puede explicar por qué no tienen auto? —pregunto cuando dejan de hablar del chisme del día en el instituto—. Ya todas tienen edad para conseguir sus carnets de conducir y sé que sus padres no son pobres, si fuese así, no estuviesen estudiando en esa institución.

—Mi papá me prometió un auto de regalo en mi cumpleaños, Kurt lo convenció —responde Haylie.

—Por más hermanos como el tuyo, hermana —suspira una de las chicas, la castaña, alzando su tina de helado vacía. No me sé sus nombres y no me voy a molestar en aprenderlos.

—Yo estoy esperando que mi hermano se vaya a la universidad, papa le regalará uno porque fue aceptado en Yale y me dará el suyo —dice otra.

—Felicitaciones a tu hermano por entrar a Ivy League —murmuro, asombrada.

—Yo tengo auto, pero odio conducir —interviene otra, la de cabello rojo vino. Un color muy bonito, pero es una persona muy floja.

—Si no lo quieres, puedes dármelo a mí —ofrece Lilly, frunciendo los labios. La chica pelirroja suelta una carcajada.

—¿Y que mi madre me despelleje viva? —Niega—. No, gracias.

La conversación se extiende hasta que se terminan sus helados y doy por terminada la salida al centro comercial.

Las llevo a cada una a sus casas, rogando porque no me detenga la policía y se den cuenta que llevo cinco chicas en la parte trasera del auto. Lo que es peor, viven alejadas la una de la otra, tengo que recorrer Chicago de punta a punta, dejando a las primeras tres en la primera punta y a la otra en la punta contraria. Es una bendición que Haylie viva cerca de la casa de mamá.

Vamos de camino a dejar a Haylie, recorriendo la Magnificente Mile, cuando el auto se detiene abruptamente y del capó empieza a salir humo.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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