Capítulo 10
Jazmine
Kieth:
No podré llegar a la cena con tu padre, cariño, lo siento. Tuve un contratiempo en la oficina y tengo que solucionarlo.
Suelto un suspiro cansado al leer el mensaje. Cada vez nos vemos menos. La última vez que estuvimos juntos en el mismo lugar fue cuando me acompañó a ver a Blake y a la pequeña Bianca.
Hacen varios días ya, ¿y él no quiere verme? Entiendo que su trabajo sea importante, el mío también lo es para mí, pero trato de sacar tiempo de donde no tengo para verlo y él no hace el mismo esfuerzo.
¡Basta, Jazmine!, me riño.
No puedo permitirme quejarme de Keith, eso solo me llevará a tomar ideas erradas de mi relación y luego no querré seguir con él, y no es justo para Keith, que es el hombre con el que siempre he soñado.
Yo:
No hay problema, me disculparé con mi padre por ti.
Meto el móvil en mi bolso y bajo del auto. La casa donde viven papá y la tía Karen es hermosa. Cuando no estaba molesta porque me dejaron con mamá, soñaba despierta con venir a vivir aquí. No es tan grande como la casa de mamá, pero es más acogedora.
Me habría gustado crecer aquí.
Me sacudo el pensamiento, negándome a caer en mis traumas pasados. Soñar con ello era cosa de cuando era una niña, ahora soy una mujer adulta que ha podido librarse de su madre controladora y hace lo que puede cada día para superar lo que tuvo que sufrir.
Toco el timbre, evitando usar la llave que me dio papá hace tiempo. Es para que la use cuando quiera, pero me parece una invasión a su privacidad y a la de mi tía entrar como si fuese mi casa.
Mi tía Karen abre la puerta, sonriendo cuando me ve.
—¡Jaz, viniste! —Me envuelve en un abrazo apretado.
Ruedo los ojos mientras no me ve. Lo dice como si no hubiese querido venir.
—No me pierdo ninguna de nuestras cenas, no entiendo por qué te sorprende verme —bromeo y ella, conociendo mi humor amargo, ríe, golpeando mi brazo sin fuerza.
—Me alegra verte, es todo. —Mira más allá de mí y frunce el ceño—. ¿Keith no vino contigo?
Hago una mueca.
—Problemas en la oficina —gruño—. Vive, come y respira por su trabajo.
Mi tía frunce los labios con simpatía y pasa un brazo por mis hombros, llevándome dentro.
—No importa, lo pasaremos bien solo nosotros, en familia.
Sí, claro. Falta que llamemos a mamá y estaríamos completos.
Basta, Jazmine, me ordeno. Este tipo de actitudes con papá y la tía Karen es lo que ha provocado que me distancie de ellos. Al paso que voy, acabaré solitaria, con solo Rose soportando mi mal humor.
Entramos a la sala de estar y la tía Karen me suelta, yendo hacia la cocina. Papá y Rose están sentados lado a lado mientras ella le muestra algo en su móvil. Ambos alzan la vista cuando me acerco y me sonríen, y el parecido es tal que, si no fuese por la diferencia del largo de sus cabellos, serían idénticos. Por supuesto, papá con unos cuantos años más encima.
—Hola, solecito —saluda, llamándome por el apodo de toda la vida—. Creí que vendrías con tu novio.
No me pierdo del tono aliviado con el que dice esto último. A papá no le cae bien Keith y me lo deja saber cada vez que tiene oportunidad.
—Trabajo —respondo, directa, sin querer dar más explicaciones.
Papá aparta la mirada, dejándome saber con su expresión lo que piensa. Mi padre es de los que cree que la familia va primero que el trabajo, y yo lo apoyo. Lo que no ha logrado entender es que Keith no es parte de nuestra familia y que no tiene ningún compromiso con nosotros. Además, es muy pronto para exigir ese tipo de atenciones.
Me siento al lado de Rose, dejándola en medio de papá y yo, echando un vistazo a su teléfono.
—¿Qué ven con tanta atención?
—Rose me está mostrando el auto que va a querer para su cumpleaños —informa papá—. O, mejor dicho, me está convenciendo de que se lo compre.
—Me harías un gran favor si le compras un auto, esto de hacerle de chofer a ella y sus amigas se está haciendo pesado.
Mentira, no es una cosa de ahora, siempre ha sido pesado, pero Rose lo vale.
—Le voy a regalar uno, solo que no el que ella quiere.
—¡Papá! —gime Rose, enfurruñándose.
—Es un auto costoso, Rose.
Miro de nuevo el móvil, encontrando en motivo de la disputa. Es un convertible rojo muy del estereotipo de rubia.
—Papi, sé que puedes permitírtelo —insiste Rose, dejando atrás el berrinche y usando un nuevo tipo de arma. Papá alza una ceja.