Capítulo 15
Alex
Su respiración choca con mis labios y sus ojos están cerrados, a la espera. La estoy mirando, podría tener los ojos cerrados en este momento, pero no me lo creo.
¿Me caí durante el paseo y estoy soñando o estoy delirando?
Sea lo que sea, no quiero volver a la realidad, esa dónde ella no me quiere ni a metros de distancia.
Se va a arrepentir, lo sé, no soy tonto. Sin embargo, tomaré lo que quiera darme. Puede que arrastre mi dignidad por el suelo al rogar por alguien que anteriormente dijo que no era suficiente para ella, pero no quiero pensar en eso ahora. De hecho, no quiero pensar en nada, solo disfrutar del momento.
Finalmente, dejo caer mis párpados y cierro el espacio entre nosotros, presionando mis labios en los suyos. No los muevo, me mantengo así por unos segundos, diciéndome que es real, y creo que mi lentitud la exaspera porque me toma de la nuca, llevándome más cerca y abriendo la boca para trazar mis labios con su lengua.
Me rompo, incapaz de mantenerme quieto por más tiempo. Abro la boca y entrelazo nuestras lenguas, ella suelta un suspiro bajito y se aferra a mí. Este beso no es tierno ni lento, es desesperado. Llevo mucho queriendo besarla y se nota que ella también lo quería. Hemos sido unos tontos, reprimiéndonos, creyendo que podríamos continuar con esta guerra entre nosotros.
Envuelvo su cintura con mi brazo y la pego a mi cuerpo, todo lo que la parte trasera del auto me permite. Ella pasa el otro brazo sobre mis hombros, presionando la parte delantera de su torso con el míos.
El beso parece durar una eternidad, pero no es suficiente, quiero más.
El taxi pasa por un bache y nosotros saltamos, soltando al otro. Miro al frente, dándome cuenta que estamos entrando al barrio en el que vive Jaz. En unos minutos llegaremos a su apartamento. Regreso a ella, sus ojos ya en mí, neutrales.
—Esto no puede…
—…repetirse —termino por ella—. Lo sé.
Se acomoda el top, que se le subió un poco, y se sienta mirando al frente.
—Tienes novia y yo tengo novio, no es justo para ellos.
Quiero gritar que tampoco es justo para nosotros, pero sé que es un caso perdido. Jazmine ha regresado a su habitual actitud y no hay nada que pueda decir que la haga cambiar de opinión. Sabía desde el principio que esto pasaría, sin embargo, no duele menos. Y no debería ni siquiera molestarme, ella tiene razón, cada uno tenemos pareja y no es justo para ellos.
Cara.
No puedo volver a hacerle algo así, y tampoco puedo mentirle. Sigo queriendo a Jazmine y sé que ella no me quiere de vuelta, no como yo lo hago, pero es justo que Cara lo sepa.
Llegamos a la casa de Jaz y ella abre la puerta, bajando un pie. Se detiene y luego me mira de nuevo.
—Entiendo que estás molesto, pero… —empieza a decir.
—No hace falta —la interrumpo—. Tienes razón, tenemos pareja y ellos no se merecen algo así.
Parece decepcionada de mis palabras y me confunde, pero luego sonríe con los labios apretados y asiente.
—No, no lo merecen.
Baja del auto sin decir más, cerrando la puerta de un portazo. No sé por qué demonios se ha enojado y tampoco quiero averiguarlo. Jazmine es complicada, ni siquiera ella sabe lo que quiere y me niego a insistir.
Le doy la dirección al taxista y este se pone en marcha de nuevo. En el transcurso medito lo que voy a decir, buscando las palabras correctas para no herirla demasiado. Cara es buena persona y no ha hecho más que seguirme el juego, primero para darle celos a Jazmine y luego aceptándome, sabiendo que me gustaba otra mujer. He sido injusto, admito que no debía aceptar tal trato, no había garantías de que yo pudiera quererla de verdad. Pero es hora de detenerlo y hacer frente a las consecuencias. Se enojará, lo sé, pero es lo mejor.
Media hora después, el taxista se detiene frente a la casa en la que vive Cara con su abuela. Le pago ambos viajes y bajo, agradeciéndole por traerme. Mis pisadas en el camino de concreto se oyen en el silencio de la noche. Los grillos estridulan y un trueno se escucha en la lejanía. Miro al cielo cubierto de nubes. Es una suerte que no lloviera mientras estábamos cenando.
En la puerta, toco tres veces y espero. Esta se abre segundos después, la sonrisa de Cara me recibe al verme. Se lanza hacia mí y yo le devuelvo el abrazo a medias. El peso de lo que voy a hacer no me permite actuar como siempre lo hago. Se aleja, dejando un beso rápido en mis labios, uno que no alcanzo a detener porque se acaba un segundo después.
—Llegas justo a tiempo, acabo de llevar a la abuela la cama. Podemos ir a la habitación y…
—Cara —la corto. Su mirada va hacia mi cara y es cuando nota que algo sucede. Frunce el ceño.
—¿Ocurre algo?
—Tenemos que hablar.
Se da la vuelta y entra a la casa, la sigo. Ella no es tonta, sabe que lo que voy a decir no es bueno. Vamos a la cocina, se apoya de la encimera más alejada y se cruza de brazos, esperando.