Sólo Nosotros

Capítulo 22

Capítulo 22

Jazmine

 

Rose canta una canción que se reproduce en su móvil con tanto sentimiento que estoy por preguntarle si le pasa algo, pero sé que solo le gusta esa banda. Ella se está maquillando, no sé para qué si esta noche irá a pasarla con papá. Seguro que va hacerse una sesión de fotos en las que me preguntará más tarde cuál elegir. Es un trabajo difícil, ella es fotogénica y no puedo decidirme solo por una. Por eso siempre terminamos peleando cuando quiere actualizar sus redes sociales.

—¿Puedes regalarme un set de brochas como este? —pregunta, haciéndome ojitos—. Me encantan.

—Lo voy a pensar —farfullo, atando la correa de mi sandalia de tacón.

Admiro mi pie desde la altura, moviéndolo de un lado a otro para obtener una vista de todos los ángulos. Me encantan estas sandalias, son perfectas, aunque me dejan un dolor de pie horrible. La tía Karen me las regaló para mi cumpleaños pasado, dijo que las vio y supo que eran para mí. Me conoce bien, son justo mi estilo.

Son negras con tiras que cruzan toda la parte superior del pie y dejan los dedos al descubierto, y el tacón es de aguja cubierto de pedrería dorada. Son un sueño, las amo.

—Estás mirando tus zapatos como si fueran lo más hermoso del planeta.

Sonrío a Rose.

—Son justo eso, lo más hermoso del planeta.

Ella ríe, negando con la cabeza.

Me levanto de la cama y voy hacia el espejo de cuerpo entero que está en una esquina de la habitación. Rose silva detrás de mí y yo agito la mano, quitando importancia a su elogio sin palabras. Sin embargo, mi aspecto es, lo que diría mi madre, perfecto. El vestido me queda fenomenal, el peinado es hermoso, el maquillaje realza la belleza de mi cara y los zapatos son la cereza del pastel. Irónico, dado que están debajo de todo y no encima como las cerezas.

El vestido que estoy usando es el rojo que Rose me dijo que usara, y me alegro de haberle hecho caso; realza mi figura y me hace ver alta.

Me encanta.

El timbre suena y mi corazón aletea.

Ha de ser Alex.

Rose se levanta de un salto y corre hacia la puerta, sin importarle que tiene un ojo maquillado y el otro no. A ella le encanta Alex y no deja de decir que sería el hombre perfecto para mí. Me pone en un aprieto, no quiero quererlo más de lo que ya lo quiero.

Un trabalenguas, pero así me siento.

Sacudo mis manos y respiro profundo. No hemos hablado desde anoche, cuando me puse medianamente ebria estando con él. Seguí bebiendo cuando se sentó conmigo porque quería estar ligera, pero me pasé de copas y ahora tengo vergüenza de verlo a la cara. Sé que estoy exagerando, no hice nada malo, pero es que siento que estuve fuera de lugar.

Ya pasó, Jazmine, ya pasó.

Me pongo el chal que había dejado en la cama, tomo el pequeño bolso con tirante de cadena y salgo de habitación.

Mis pasos hacen eco en el pasillo y la conversación de Alex y Rose se detiene. Cuando llego a la sala de estar, él está viendo hacia aquí y Rose lo mira a él con diversión, reprimiendo las ganas de reírse. Le doy una mirada de advertencia a mi hermana antes de enfocarme en Alex.

—Hola —murmuro.

Me deja sin aliento la vista de él. Lleva puesto un traje de tres piezas que le sienta como un guante y le da un aire de hombre importante. Bien podría hacerse pasar por un empresario multimillonario con ese aspecto, y el tatuaje del cuello que se asoma bajo la camisa le da un poco de misterio.

Pobre de mí tratando de mantenerme alejada de él esta noche.

—Jaz —suspira y mis ojos conectan con los suyos—, “hermosa” no es suficiente para describirte.

—“Despampanante”, “espectacular” o “deslumbrante” se acerca más —sugiere Rose y Alex sonríe, mirándola de reojo.

—Sí, esos tres adjetivos pueden ser las mejores opciones —ríe y regresa sus ojos a mí—. Vas a quitarle protagonismo a la novia.

Ruedo los ojos, negando.

—Paola es absolutamente hermosa, es imposible que yo me le acerque.

Y es cierto, la chica estuvo en un concurso de belleza. Tiene un cuerpo bien proporcionado, no como yo que soy, básicamente, una tabla.

—Ya verás que tengo razón —insiste y ofrece su brazo—. ¿Nos vamos?

—Claro, vamos.

Me acerco a él y enlazo mi brazo del suyo para luego mirar a Rose.

—No quemes mi casa mientras papá viene por ti.

—Pensaba derrumbar el edificio, no incendiarlo —bromea, o eso creo—. Pero no lo haré porque ahora lo sabes.

—Lamento arruinar tus planes malvados.

—Será la próxima vez.

Me lanza un beso y yo la imito antes ir con Alex a la puerta.

Bajamos sin mediar palabras, robando miradas de vez en cuando. Es extraño este aire de complicidad que parece haberse instaurado entre nosotros y me da un poco de miedo. La última vez que me sentí así, terminé arruinando las cosas con él.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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