Capítulo 24
Jazmine
Me siento como un pez fuera del agua. Todos los asistentes a la boda se están divirtiendo, bailando junto a los novios. Desde que tuvieron su primer baile como marido y mujer, Andrés y Paola han dejado la pista solo para tomar un trago o ir al baño. Del resto, han estado bailando.
Puedo contar con los dedos de una mano las personas que están sentadas y puedo asegurar que están en el mismo problema que yo:
No saben bailar esta música.
El DJ ha pasado por alrededor de unos tres géneros de músicas bailables y todos los han bailado. Se detienen unos minutos a descansar y tomar champagne y luego vuelven al ruedo. Quisiera preguntarles de dónde sacan tanta energía, pero supongo que es la naturaleza de los latinos ser así de alegres.
Muevo el hielo en mi vaso ‒pasé del champagne al whisky hace un momento‒ y bebo lo último que queda, dejando el vaso en la mesa. Estoy sentada en el lugar más próximo a la pista, donde estaba cenando la familia cercana a los novios. Tuve el placer de conocer a la abuela de Alex durante la comida y fui presentada al resto de los primos por Mily ‒a la que la abuela la llama Milagros solo para fastidiarla‒. Se supone que Alex debía sentarse en la mesa de los novios, era su deber al ser el padrino, pero cedió su lugar a uno de los amigos de Andrés y se sentó conmigo. Su abuela no paró de contar historias de su infancia que me hicieron reír y a él ruborizarlo. Era un niño un tanto inquieto y se ganó muchos regaños, pero sus abuelos lo consintieron en todo.
Luego de la cena, cuando el vals de los novios estaba por terminar, una de sus primas lo vino a buscar para bailar y no lo he visto desde entonces. Ha pasado una hora y media.
—¿Estás aquí por el novio o por la novia?
Me giro en mi puesto para ver a uno de los que estuvo en el cortejo nupcial. Ha de ser amigo de Andrés. Es un hombre guapo; rubio, con ojos verdes y sonrisa amable.
—Ambos, creo —contesto, recostando la espalda del respaldo de la silla—. Vine con Alex, el hermano del novio, pero también conozco a la novia. Me gustaría creer que somos conocidas en rumbo a ser amigas.
El chico asiente, haciendo una mueca.
—Viniste con Alex —musita antes de sonreír—. Eres su cita.
—Somos amigos —aclaro y me doy cuenta de mi error cuando el chico alza una ceja.
No quiero que crea que tiene vía libre para coquetearme.
Se apoya en un codo sobre la mesa e inclina la cabeza a un lado, observándome atento.
—¿Puedo hacerte compañía? —pregunta y me parece tonto que lo haga ahora cuando ya está sentado a mi lado—. No me siento en mi entorno y creo que tú tampoco.
¿Mi cara demuestra que no me siento bien aquí sola?
Tengo que aparentar mejor, entonces.
—Puedes, pero Alex no tarda en volver.
Mira sobre mi hombro y su entrecejo se arruga al tiempo que su boca se tuerce en una mueca de confusión.
—Alex tiene una hora metido en la pista bailando con todas sus primas, no creo que regrese pronto.
Aprieto los labios y maldigo a Alex por dejarme sola por tanto tiempo. Si me iba a traer para esto, más vale no me hubiese traído.
¡Ni siquiera he visto a Lucy!
—Bien, quédate —accedo, intentando no sonar amarga y fracasando. El chico sonríe a la par que sus ojos conectan con los míos, divertido con la situación.
—Oye, no me gruñas. No fui yo el que te dejó sola y se fue a bailar.
Fuerzo una sonrisa, pero estoy segura de que me sale una mueca que tiene a mi compañero soltando una carcajada.
—Me da gusto hacerte de payasa —mascullo y deja de reír, limpiando una lagrima imaginaria de la comisura de su ojo.
—No me estoy burlando de ti, lo juro.
Alzo una ceja, incrédula.
—Se nota que no —ironizo, apartando la mirada.
—Bien, sí me estaba riendo de ti, lo admito. —Vuelvo a verle, adoptando una expresión de fastidio—. Empecemos de nuevo. —Extiende su mano hacia mí—. Soy Christopher, amigo del novio.
Tomo su mano sin perder mi expresión, pero un poco menos inaccesible.
—Soy Jazmine, cita del hermano del novio.
A ver si con esas palabras específicas me deja sola.
No funciona.
—Jazmine —saborea mi nombre en su boca y me hace sentir incómoda—, es un nombre bonito.
—Gracias.
—Chris, espero que no le estés coqueteando a mi cita.
Me recorre un torrente de alivio al escuchar la voz de Alex, pero no lo demuestro. Estoy enojada con él.
El chico se enfoca en Alex y se echa hacia atrás. No me había dado cuenta de que estaba tan cerca de mí hasta ahora.
—La dejaste sola, le estaba haciendo compañía.
—Ya he vuelto, no se requieren tus servicios.