Sólo Nosotros

Capítulo 25

Capítulo 25

Alex

 

Sus palabras provocan un cortocircuito en mi cerebro, no proceso nada y la información no pasa a través de mis neuronas. No me creo que esté dispuesta a dejar a ese imbécil e intentar algo conmigo, nunca pensé llegar tan lejos con ella. Me quedo de piedra, estático, parado frente a ella como un tonto, con la boca abierta y los ojos enfocados en su cara.

¿Estaré soñando?

Tal vez sea eso; me quedé dormido en algún lugar de la recepción de la boda y estoy soñando con que Jazmine ha aceptado dejar a su novio por mí.

—¿Alex? —musita, apoyando una mano en mi mejilla—. ¿Me escuchas?

Parpadeo y cierro la boca.

—Sí, te escucho. —Me aclaro la garganta—. ¿Puedes repetir lo que acabas de decir?

—¿Que si me escuchas? —ríe, yo niego.

—Antes de eso.

Pasa los brazos alrededor de mi cuello y su aliento choca contra mi boca.

Sí, estoy soñando.

—Voy a dejar a Keith —murmura antes de dejar un beso en mi mandíbula—. Lo haré ahora mismo si es lo que quieres.

Mis brazos la rodean y me permito disfrutar de su cercanía y sus palabras.

Jazmine va a dejar a ese mequetrefe por mí.

Debería estar bailando de felicidad, pero ahora solo quiero besarla, y eso hago. Bajo mi boca hasta la suya y saboreo sus labios, introduciendo mi lengua cuando estos se abren para mí. La aprieto fuerte contra mí y gruño por lo bien que se siente.

Por fin voy a poder reclamarla delante del mundo como mía, voy restregarles en la cara de los que creyeron que era imposible que he conseguido a la chica. No me importa que seamos diferentes, que nuestras clases sociales sean distintas, que el mundo esté en nuestra contra. Lo único que me interesa es que ella quiere lo mismo que yo y que mis sueños se han hecho realidad.

¡Gracias al cielo!

Ella me devuelve el beso con el mismo ímpetu, dando tanto como recibe. Se siente como esos besos que nos dábamos a escondidas en los pasillos y salones vacíos de la universidad hace dos años. Eran desesperados, con miedo a ser descubiertos, pero la diferencia es que ahora no importa si nos ven, no hay problema en que los demás lo sepan.

Cuando por fin nos separamos, no hay rastro de su labial rojo y nuestras respiraciones se mezclan en un intento por recuperar el aire. La miro a los ojos y ella me mira de vuelta, sonriendo. Sonrisa que se convierte en una risita y que yo acompaño.

Parece mentira que esto esté sucediendo, y creo que ella piensa lo mismo. Por la forma en que sus ojos me recorren puedo decir que está analizando la situación y la certeza apenas está calando en su cerebro.

—Deberíamos volver —sugiero, pero lo hago sin convicción. Quisiera quedarme eternamente en este jardín con ella.

—Sí, eso deberíamos hacer —concuerda, en el mismo tono poco convencido que yo usé.

Tensa sus brazos alrededor de mi cuello y me atrae de nuevo a su boca. Estoy perdido, no podré negarle nada de aquí en adelante. Con solo besarme conseguirá lo que se proponga conmigo. Pero si eso me promete este tipo de interacción entre nosotros, lo acepto de buena gana.

Vuelve a soltarme un minuto después, sus labios hinchados y sus ojos vidriosos. Quisiera llevarla a un lugar más privado y consumar nuestra relación, pero es muy pronto para eso y no creo que ella esté feliz de saber que eso es lo primero en lo que pienso.

—No me distraigas y vayamos dentro, mi mamá y Andrea deben estar buscándonos —gimo muy cerca de su boca—, y no sabes lo fastidiosas que pueden llegar a ser. En cuanto nos vean, vendrán hacia nosotros a hacer preguntas sobre dónde hemos estado y no descansarán hasta…

Vuelve a besarme y me dejo hacer, feliz de que haya acallado mis divagaciones. La abrazo duro sin querer dejarla ir, pero ella se separa de mí con un ligero empujón.

—…sacarnos la verdad —termino la frase, enfurruñado por tener que soltarla.

—No me mires así, tú eres el que quiere irse.

Hago un mohín.

—No lo decía en serio —refunfuño, intentando tomar de nuevo su cintura, pero es más rápida y se aleja, sonriendo pícara.

—Eso es problema tuyo, deberías saber que mentir está mal.

Se da la vuelta y camina hacia dentro, sus caderas moviéndose de un lado a otro de una forma que me hace babear. La sigo como un perrito faldero, deseando que podamos irnos juntos ahora. Lo siento por mi hermano y Paola, pero esta boda se está volviendo un fastidio. No quiero pasar más tiempo aquí cuando podría estar con Jazmine en la cama.

Dijiste que no la ibas a presionar con ese tema, me recuerda la voz insidiosa de mi cabeza y gruño por la bajo.

Bien, regresaré ahí dentro y seré un buen chico, pero tocaré a mi chica todo lo que quiera para que los imbéciles que la han estado rondando sepan que está conmigo.

En efecto, cuando entramos al salón de fiestas, mi mamá nos aborda, haciendo preguntas sobre nuestro paradero que yo respondo con evasivas. Mamá se exaspera y se va rápidamente, siendo reemplazada por Andrea, que recibe las mismas respuestas vagas, pero a diferencia de mamá, mi hermana intuye lo que ha pasado y se aleja con una sonrisa sugestiva.



#63 en Joven Adulto
#2281 en Novela romántica

En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.