Capítulo 26
Jazmine
Recibo miradas de reproche de parte de las mujeres de la alta sociedad mientras camino hacia la mesa en la que me espera Keith. No quise vestirme impresionante porque no tuve ánimos esta mañana, acostarme tarde y levantarme antes de las 10 a.m. no es recomendable. Keith llamó hace media hora, despertándome, para pedirme ir a desayunar juntos y acepté. Alargar mi conversación con él solo extiende mi suplicio. Mientras más rápido me libre de él, más rápido podré decir que estoy con Alex.
Vaya, se siente extraño decir eso, incluso en mi propia mente.
Quisiera ver la reacción de los chicos cuando se lo digamos.
Volviendo al tema de mi atuendo, me puse algo ligero que no llevara mucho trabajo; unos pantalones cortos ‒aprovechando que el verano está cada vez más cerca y la temperatura está aumentando‒, un top de mangas cortas que deja parte de mi abdomen a la vista y unas converse blancas. Bastante simple para tratarse de mí, pero luego me reuniré con los chicos en un parque y me niego a destacar cuando lo que quiero es dormir el resto del día.
No soy una persona madrugadora y es peor cuando me duermo luego de las 12 a.m.
Keith se percata de mi presencia cuando estoy a unos metros y sonríe, sus ojos bajando por mi cuerpo y haciendo una mueca que intenta ocultar.
No me importa lo que pienses de mí, imbécil.
—Hola —saludo sin entusiasmo cuando llego a la mesa y me siento frente a él, levantando el menú.
—¿Qué traes puesto? —inquiere y yo lo ignoro—. Te están mirando como si fueses una extraña.
—No te preocupes —musito, leyendo las opciones de comida—, no estaremos aquí por mucho tiempo, nadie hablará mal de ti al verte con una chica vestida “normal”.
Lo escucho suspirar y me permito mirarlo unos segundos. Tiene los ojos puestos en mí, su expresión dejando en evidencia sus cero ganas de estar aquí conmigo vestida así.
¿Qué demonios tiene de mal mi ropa? He visto a un montón de mujeres en los centros comerciales vestidas de la misma forma.
—¿Qué diría tu madre al verte así?
Ese fue un golpe bajo, él sabe que mi madre es un tema que no se toca si no quiere sacar lo peor de mí.
Hay una voz en lo profundo de mi mente que me dice que tiene razón, que mi madre no estaría feliz. Sin embargo, mi determinación a convertirme en una mejor persona es más fuerte que mis traumas pasados.
No vale la pena atormentarme con algo que poco a poco ha dejado de ser el móvil de mi vida.
—Mi madre no tiene nada qué ver en esto, no estoy aquí para impresionar a nadie —respondo, regresando mi atención al menú—. Solo vine para hablar y dejar un par de puntos claros.
—Bien, te escucho —masculla—. Será mejor terminar con esto cuanto antes.
Bueno, si eso es lo que quiere.
Dejo el menú en su sitio y lo encaro, determinada a salir de aquí lo más pronto posible.
—Sé que me estás engañando con tu jefa (que hasta ayer creía que era un hombre, por cierto) y no hace falta que lo desmientas o que me des explicaciones, soy intuitiva y me di cuenta de ello al verlos salir del hotel anoche. —Abre la boca, dispuesto a refutar, pero alzo la mano para que no hable todavía—. No me importa, Keith, no me sentí mal al descubrirlo y eso fue lo que puso el sello final a la decisión que tomé.
Se cruza de brazos, apretando los labios.
—¿Y cuál fue esa decisión? —increpa, su enojo desbordado en cada palabra.
—Que ya no quiero seguir manteniendo contigo.
Aparta la mirada, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—Lo sabía —susurra, regresando sus ojos a los míos—. Sabía que esas miradas que se daban tú y ese pobre diablo iban a ser un problema, pero me callé para ver hasta dónde llegabas. —Suelta una risa amarga—. Y aquí estamos, estás terminando conmigo, el mejor partido que has tenido (tus palabras, no las mías), por un tonto que no tiene ni donde caerse muerto.
—Primero que todo, no insultes a Alex. Él es más hombre que tú en todos los ámbitos. —Su mandíbula se tensa, sé que he herido su ego—. Y segundo, sí, no te voy a negar que Alex siempre me ha gustado y que hemos estado dando vueltas alrededor para no aceptar lo que queremos, pero no estoy dispuesta seguir mintiéndome a mí misma. —Me detengo a tomar aire y siento como un peso invisible deja mis hombros—. Lo siento, no fui justa contigo, pero lo mejor es que esto se detenga ahora antes de que sea tarde. Tú también sabes que no somos buenos juntos, ni siquiera nos importa el otro, así que será mejor que dejemos esto por lo sano.
Vuelve a reír sin gracia.
—No estoy de acuerdo —replica—. Somos buenos juntos, nos damos lo que necesitamos y sabes que soy la mejor opción. Tu madre, tu padre, tu tía e incluso tu hermana saben que esto es lo mejor, tú y yo. —¡Ja! Si supiera la opinión que tienen mi padre, mi hermana y mi tía de él, no estaría tan seguro de sus palabras. Mi madre no tiene voz ni voto—. Pero voy dejarte ir, voy permitir que experimentes con ese idiota y voy a estar esperando para decirte “te lo dije”.