Sólo Nosotros

Capítulo 27

Capítulo 27

Alex

 

El día va genial hasta que ‒siempre hay algo que arruina lo bueno‒ el cielo se nubló y empezó caer una ligera llovizna. Blake y Cam salieron corriendo rumbo a casa, temiendo que la niña se enfermara, y Kurt y Jordan hicieron lo mismo, Kurt temiendo que la enferma fuese Jordan. Nos quedamos Willow, Adam, Jaz y yo hablando tonterías. Desde el tatuaje más tonto que ha hecho Adam en la tienda, pasando por lugar más raro en el que Willow ha puesto un piercing, hasta terminar contando anécdotas del instituto.

Cabe destacar que las locuras más inimaginables las he contado yo, y es que Blake, Kurt y yo tenemos un inmenso recorrido por las malas decisiones. Sin embargo, quedé impresionado con una historia que acaba de contar Jaz. Resulta que había una chica que se creía la abeja reina, como si estuviesen en una versión de la película Chicas pesadas, esa que protagoniza Lindsay Lohan y Rachel McAdams, así que todas las chicas de la clase se reunieron para hacerle una travesura pequeña a la chica y así se bajara de esa nube en la que se había montado. El plan era fácil, cambiar el color dorado de los cabellos de la chica a uno azul eléctrico, poniendo el tinte en el shampoo. Un truco bastante gastado, si me lo preguntan. Pero Jazmine no creyó que cambiar el color del cabello de la chica fuese suficiente, por lo que le echó un producto que le haría caer el cabello. La pobre muchacha estuvo a punto de quedarse calva, motivo por el que Jaz se sintió culpable y decidió hacer algo que la reivindicara. Llevó a la chica con profesionales y le recetaron un producto contra la caída del cabello. Uno creería que luego de la culpabilidad que la llevó a hacer algo en contra de sus propias acciones habría dicho la verdad y pedir disculpas, pero no fue así. Le hizo creer a la pobre muchacha que la estaba ayudando por ser solidaria y hasta el día de hoy esa mujer jura que Jazmine fue su salvadora, cuando en realidad fue el verdugo que luego experimentó la culpa.

No debería, pero me reí a carcajadas mientras la escuchaba hablar. Jaz no parece ser de las matonas que salen en películas que idean planes para hacer caer a otra que se dice su amiga, pero supongo que la sociedad nos estaba enseñando en ese entonces que siempre hay una jerarquía y había que seguirla.

Entre risas y anécdotas, no pude evitar darme cuenta de que Willow nunca contó nada con respecto a esa etapa de su vida y no es la primera vez que se queda callada cuando estos temas salen a flote. Me pregunto qué es lo que esconde, porque algo ha de estarse reservando, y si es que no tiene la suficiente confianza como para sincerarse. Nadie sabe de la infancia y adolescencia de Willow, no sabemos el nombre de sus padres, si tiene hermanos u otro familiar, lo único que sabemos es que viaja a un pueblo a una hora de aquí a visitar a su familia y nada más. Julio ha de saber su historia, no creo que ese hombre perspicaz haya dejado pasar ese hecho, pero si Julio lo sabe y no lo dice es porque ha de ser lo mejor para Willow.

Por ello no insisto, y creo que los demás también se han mantenido al margen por las mismas razones que yo.

—¿No dejará de llover nunca? —se queja Willow luego de unos segundos de silencio—. Está empezando a hacer frío.

—Son las últimas lluvias de primavera —contesta Jaz, mirando la lluvia con melancolía—, el verano está por llegar y serán cielos despejados a partir del siguiente mes o así.

Willow dice algo más que hace a Jazmine reír, pero no estoy escuchando. Mirándola, con sus ojos puestos en la lluvia, parece que anhela algo, no alcanzo a adivinar qué. Asumo que será algo con referencia al diluvio que ha soltado el cielo sobre nuestras cabezas.

Quisiera estar solo con ella para preguntarle.

De pronto, se levanta de un salto, sorprendiendo a todos.

—Voy a pescar una gripe, pero quiero mojarme en la lluvia —anuncia y Willow se coloca de pie de inmediato.

—Secundo eso, chica.

Se toman de la mano y salen al exterior, chillando cuando el agua fría las empapa. Me quedo mirando con admiración la forma en empiezan a correr una detrás de la otra como si fuesen niñas. Escucho a Adam reír y lo miro, descubriendo que yo también estoy riendo.

—Quisiera unirme, pero la vista es mucho mejor.

Sacudo la cabeza en negación y regreso la mirada a las chicas que se han puesto debajo de donde cae un chorro de agua desde el techo del lugar.

—Tienes razón, la vista es mejor —concuerdo.

Adam permanece callado por un minuto y cuando vuelve a hablar ha perdido la diversión en su tono.

—¿Crees que no hayan tenido la oportunidad de hacer algo así cuando eran niñas? —pregunta y es como si una pieza encajara luego de escuchar su conjetura.

¡Por supuesto!

Ahora recuerdo una de las pocas conversaciones sobre su vida que Jaz y yo tuvimos hace unos años. Me dijo que su madre nunca le permitió a ella y a su hermana jugar bajo la lluvia porque no era bueno para la salud. Eso sí, lo dijo luego de que yo le contara algo que tenía que ver con ello y que ahora no recuerdo, y fue con el desdén característico de siempre.

No he escuchado mucho sobre esa mujer, pero tengo el presentimiento de que la odiaré cuando sepa más de ella.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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