Capítulo 28
Jazmine
Mi cabeza palpita de dolor, mis ojos están llorosos y calientes, así como mi respiración y mi boca, me es imposible tragar gracias al dolor de garganta, mi nariz gotea y tengo escalofríos cada que siento una corriente de aire. En conclusión, pesqué una gripe. Todo por mojarme en la lluvia ayer como si fuese una niña.
Sin embargo, no me arrepiento. Mamá nunca nos permitió jugar bajo la lluvia, y Rose y yo evitábamos hacerlo cuando estábamos con papá para que mamá no se enojara si se enteraba.
Fue una infancia un poco aburrida, si me lo preguntan.
Tomo un pañuelo descartable y me limpio la nariz por tercera vez en los últimos dos minutos, pero un cosquilleo me interrumpe y estornudo. Gracias al cielo que tenía el pañuelo en la mano o el escritorio de Alinna sería un desastre de gérmenes.
—Será mejor que te vayas a casa, Jordan y yo podemos encargarnos.
Lanzo el pañuelo a la basura y miro a Alinna.
—Pero Jojo estará cansada para el final de la tarde.
—Sí, pero puedes espantar a los clientes si los atiendes así. Además, para Jordan no es recomendable permanecer cerca de una persona con gripe.
En eso tiene razón, en el estado de Jordan no es bueno que esté cerca de una persona enferma con un virus porque ella lo contraerá de inmediato. No sería una buena amiga si me quedo aquí y me sentiré culpable si cae enferma en los días siguientes.
—Está bien, me iré —accedo—. Llámenme si necesitan algo.
—Ve y descansa, no necesitaremos nada, puedes estar segura de ello. Y si se presenta un problema, podemos solucionarlo nosotras. —Hace un mohín—. Tienes un aspecto adorable con tu nariz roja.
Aunque me siento mal, sus palabras me hacen sonreír.
Me levanto al tiempo que meto mis cosas en mi bolso, Alinna no deja de mirarme en todo el rato.
—¿Por qué me miras? —inquiero, incómoda con sus ojos sobre mí.
—Me dijeron que al fin aceptaste al biscocho latino —comenta y levanto la cabeza, mis ojos entornados.
—Sí, ¿por qué?
Suelta un suspiro de pena y sus hombros se hunden.
—Tenía la esperanza de que dejara de verte con ese aire anhelante y se fijara en mí, pero una vez más el amor huye de mí.
Pongo los ojos en blanco y se me escapa una risa. Alinna ha estado fastidiando con el tema de Alex desde que lo conoció, pero sé que es una broma para ella. No es abierta con sus temas personales, pero sé que está saliendo con alguien desde hace un tiempo.
—Lo siento, no lo siento —río, poniendo el bolso en mi hombro—. Será en otra oportunidad, con otra persona.
Ella suelta una carcajada y hace una mueca cuando estornudo de nuevo.
—Es mejor que te vayas, ya hasta a mí me da miedo contagiarme.
—Eres una tonta —declaro, sorbiendo por la nariz al tiempo que tomo otro pañuelo descartable—Nos vemos mañana.
—O dentro de una semana, hasta que estés recuperada por completo.
—Exageras.
—Vete, vete.
Jordan aparece en el taller justo cuando estoy caminando en esa dirección, y no está sola.
—¿Te vas? —pregunta ella, manteniendo la distancia.
—Sí, me voy.
Suelta un suspiro aliviado que no sé cómo tomarme.
—Al final, no voy a necesitar de tus servicios para convencerla de irse, Alex —le dice al susodicho parado detrás de ella—, pero sí necesitaremos de tus servicios como conductor.
—Puedo conducir por mí misma —les recuerdo. Ambos me miran y luego regresan su atención al otro.
—Yo la llevo a casa y me encargo de darle algo para aliviar la gripe, no te preocupes.
Perfecto, ahora hablan de mí como si no estuviese presente.
Alex y yo no hemos hablado desde ayer que lo dejé en su casa y me fui hecha una furia. Quería que me dijera lo que sea que provocó su repentina seriedad, pero él contratacó sacando a colación a mis padres y se metió en un caparazón que ignoraba que tenía. Inmediatamente después de dejarlo quise regresar y decirle que tenía razón al ser reservado, pero mi orgullo no me lo permitió. No habían pasado más de 24 horas desde que estamos juntos y ya tuvimos una pelea.
Quiero creer que su aparición hoy aquí se debe a que quiere arreglar las cosas, pero tengo la impresión de que Jordan lo llamó y por eso vino.
Igual voy a apapacharlo apenas estemos solos, a suplicar que olvidemos el tema y hablemos de ello cuando se sienta cómodo. Puedo ser comprensiva cuando quiero.
—Eres un sol, Alex, gracias por esto.
—Por como hablas, parece que quieres librarte de mí —interrumpo y me gano una mirada asesina de parte de Jordan—. ¿Qué? Es mi opinión y estoy en libertad de darla.
—Estoy preocupada por ti y tu nariz de reno.