Sólo Nosotros

Capítulo 30

Capítulo 30

Jazmine

 

Me siento expuesta, con el alma sangrando. He abierto mi corazón y le he dejado entrar a ver hasta lo más feo dentro de él. Mis temores, mis traumas y mis tormentos, todo se lo he hecho saber y ahora no hay nada oculto. No lo hice con la intención de que él me devuelva el favor y se sincere conmigo, solo quiero que sepa que puede confiar en mí y que yo confío en él.

No hay otra persona en la tierra que sepa por mi boca todo lo que acabo de decirle. Mi hermana, por supuesto, sabe un 60% de todo, pero hay cosas que le oculto para que no se preocupe por mí. Mi padre y mi tía tampoco lo saben y se mantendrá de ese modo hasta que tenga el valor de ser honesta con ellos. Tal vez nunca lo logre, tal vez nunca me sienta preparada para contarles lo que pasaba cuando no estaban alrededor y lo que ocurrió luego de que se fueran y nos dejaran con mi madre. No tengo suficientes amigos como para decir que me he abierto con ellos, Jordan sabe solo una parte y me avergüenza que tenga esa información. Mi infancia no es algo en lo que me guste ahondar, no hay recuerdos lindos más allá de los que tengo con mi tía y mi padre, pero esos buenos son opacados por los malos y no hay ninguno que pueda disfrutar. Está visto que tener dinero no es sinónimo de felicidad, en mi caso y el de mi familia ha sido motivo de discordia. A mamá no le importaba ‒y no le importa‒ otra cosa, por eso se enojó conmigo y Rose cuando la abuela ‒su madre‒ murió y nos dejó todo. Para mamá y para la tía Karen no dejó ni un centavo, y aunque a mi tía no le importó, a mamá la volvió loca. La abuela tenía varias propiedades y una fortuna que le dejó mi abuelo al morir, y mamá creía que se haría con la mitad de ello cuando la abuela muriera. Sin embargo, debido a todas las peleas por el divorcio y porque mi tía se casó poco después con mi padre, la abuela no las creyó merecedoras de nada. No es nuestra culpa, Rose y yo fuimos una víctima más de la situación que ellos mismos crearon, pero mamá decidió echarnos la culpa.

Ni si quiera me sorprendió cuando ocurrió, así es mi madre.

Alex y yo vamos dentro de mi casa, no quisimos continuar hablando dentro del auto, y pude adentrarme en el baño para limpiarme las manchas negras que dejó mi rímel y delineador de ojos. Soy un desastre y sé que la camiseta de Alex no debe ser mejor, pero agradezco que me haya dejado llorar en su pecho y que me haya consolado hasta que fui capaz de dejar de estremecerme.

Cuando salgo del cuarto de baño, lo encuentro en la sala de estar, con una taza de té en la mano y otra esperando por mí en la mesita de centro.

—Me leíste la mente, te iba a ofrecer un té cuando me librara de las manchas negras en mi cara. —Me siento a su lado, dejando un espacio calculado entre nosotros, y tomo mi té—. Eres perfecto, hasta lees mi mente.

Ríe silencioso, bajando la cara como si no se lo creyera.

—Solo creí que te iría bien. —Su expresión decae—. Y a mí también.

Extiendo mi brazo entre nosotros y tomo su mano libre, dándole un apretón.

—No te dije todo esto con el fin de coaccionarte para que me cuentes qué te pasa, solo quiero que sepas que puedes confiar en mí. —Sus ojos atrapan los míos, brillando con emociones innumerables—. Te quiero, Alex, más de lo que estoy dispuesta a admitir. Quiero estar para ti, en las buenas y en las malas. Quiero que sepas que esto, para mí, es serio y que no voy a correr a ninguna parte ni porque así tú me lo pidas.

—Yo también te quiero, Jaz —responde con voz ronca—, y porque te quiero no estoy dispuesto a involucrarte en mis problemas.

Me acerco un poco más a él.

—Somos una pareja y es normal que uno quiera ayudar al otro —medio, intentando calar en su mente—. Y si es necesario ayudarte a salir de tus problemas, lo haré, porque así lo quiero y porque no es justo que cargues con todo tú solo.

Suelta una exhalación, negando.

—No debería hacerlo, pero no puedo tragarme todo para mí —susurra antes de dejar la taza en la mesita y mirarme de nuevo—. Necesito que me prometas que no le dirás a nadie y que no vas a intervenir bajo ningún medio.

Me tenso y un escalofrío me recorre. Me trago el miedo y asiento.

—Lo prometo —murmuro.

Alex toma una respiración profunda y se acomoda en el sofá.

—¿Recuerdas el incidente con Danger y su gente? —cuestiona y quiero rodar los ojos.

—Por supuesto que lo recuerdo, fui una de las secuestradas ese día.

—Sí, yo también lo recuerdo bien. Quise morirme cuando supe que esos tipos te habían llevado. —Frunce el ceño, como si estuviese molesto por lo que pasó ese día—. Bueno, parece que el jefe de esta banda criminal no está feliz de que haya llevado a la policía ese día y de estar preso por mi culpa.

Se me atasca el aire a medio camino y empiezo a toser, nada glamuroso de mi parte. Cuando recupero el aire, mi pecho subiendo y bajando, lo miro.

—¿Te han buscado, te hicieron algo? —Dejo mi taza en la mesita y cierro el resto del espacio entre nosotros, palpando su pecho como si estuviese buscando heridas físicas—. ¿Llamaste a la policía o al padre de Cara? Tienes que avisarle a alguien, no estás seguro. Yo puedo acompañarte a la comisaría, y puedo decirle a mi padre que venga, él tiene un amigo detective que puede asesorarnos…



#96 en Joven Adulto
#2749 en Novela romántica

En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.