Capítulo 33
Alex
—Tus entradas han bajado en comparación con hace dos años y medio —farfulla el amigo del padre de Jaz mientras mira mis estados de cuenta—. Sin embargo, no tanto como para negarte el crédito. —Regresa la vista al informe, pasando a la siguiente página—. Tu informe fue muy exacto y bien explicado, no creo hagas las cosas mal teniendo tus planes tan especificados. —Alza la cabeza y sonríe—. Voy a iniciar el proceso ahora.
—¿Eso quiere decir que va a darle el crédito? —salta Jaz cuando el hombre se coloca de pie.
—Sí, eso haré. A parte de lo bien que ha manejado sus ahorros y las especificaciones de lo que hará con el dinero, tiene el respaldo de tu padre. Para mí, eso es suficiente.
Sale de la habitación, dejándonos solos. Jaz me abraza y deja un beso en mi mejilla, casi o más feliz que yo de haberlo conseguido.
No estaba seguro de que iban a dármelo, creí que iban a rechazarme amablemente. Pese a tener el apoyo del Sr. Hamilton, mis ahorros no son muchos y mis entradas mensuales son un poco más que el sueldo mínimo, por esas pocas cualidades fue que me rechazaron la anterior vez. Bueno, supongo que mi fe estaba falla y por ello fue que no me dieron el crédito cuando lo pedí, creo que la certeza de Jaz en que lo iba a conseguir fue la que impulsó al hombre concederme lo que pedí.
Le regreso el beso en la mejilla, feliz de que esté conmigo. No se me pasó por la cabeza que ella quisiera venir, después de todo tiene un negocio qué atender. No sabía que Jaz era este tipo de novia, de las que apoyan en todo momento a su pareja, y he de decir que me regocija descubrir esta cualidad en ella. Es algo que no le había visto hacer antes por nadie, solo por su hermana y Jordan, que lo haga conmigo me hace sentir como que alcancé lo inalcanzable.
—Gracias por estar aquí conmigo —musito, mirándole a los ojos—. Significa mucho para mí.
En un principio no quería que me acompañara para que el hombre no se sintiera coaccionado a acceder ante los deseos de la hija de su amigo, pero ahora agradezco al cielo su presencia.
La amo, más que a nada.
—No es nada —murmura, bajando la cara. Un ligero rubor cubre sus mejillas y quiero besarla por ello, pero estamos en una oficina con paredes de cristal, no puedo hacer un espectáculo en el banco.
—Sí que lo es —contradigo y ella vuelve a mirarme.
—Quiero estar contigo en cada paso que des hacia el frente —declara, dejándome sin palabras—. Jordan y yo lo tuvimos fácil, el dinero nunca fue un problema, contigo no es así. Tienes muchos más obstáculos que nosotras y amaría presenciar como pasas cada uno de ellos.
Respiro profundo, mi garganta se siente apretada. Amo esta versión de ella. La amo enteramente. Debería decirlo, pero no quiero que crea que es por agradecimiento que se lo digo.
Cuando le hable de mis sentimientos me aseguraré de que sea por las razones correctas y no en el calor del momento.
El hombre regresa, me hace firmar varios papeles, hace unas llamadas y en poco tiempo estoy saliendo del banco con el dinero suficiente en mi cuenta bancaria para iniciar mi propio negocio.
Caminamos hacia mi auto, estoy alerta ante cualquier señal del regreso de los hombres de Danger, pero no hay nadie cerca, solo aquellos que pasan a nuestro lado con un rumbo fijo. En el auto, Jaz sigue emocionada por las buenas nuevas, ni siquiera se pone el cinturón de seguridad.
—Oye —me llama, girada hacia mí, la falda que lleva puesta subida hasta la mitad de sus muslos. Elevo la vista, negándome a calentar las cosas en medio de la calle—. Quiero celebrar y tengo una idea de cómo hacerlo.
Arqueo una ceja, intrigado por propuesta.
—A ver, ¿qué tienes en mente?
—Antes necesito saber si Kurt tiene un rato libre hoy.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué necesitas saber eso? —pregunto, más confundido que hace unos segundos—. ¿Quieres que tengamos una cita doble o algo?
Jaz pone los ojos en blanco.
—No, tonto —resopla—. Quiero ir al estudio.
Bueno, esto está pasando de confuso a inexplicable.
—¿A qué iremos al estudio de tatuajes?
Suelta un suspiro.
—¿Qué se hace en un estudio de tatuajes, Alex?
¿Ella quiere…? No, me dijo que no la vez que sugerí que se hiciera un tatuaje. No creo que sea eso.
—¿Te pondrás un piercing?
Suelta un sonido de exasperación, mirando al techo. He agotado su paciencia, lindo.
—Si quisiera ponerme un piercing, no querría una cita con Kurt sino con Willow.
Tiene razón, eso no ha tenido sentido. Entonces sí quiere hacerse un tatuaje.
—Vas a hacerte un tatuaje —digo, para estar seguro. Ella sonríe, una sonrisa falsa.
—Exacto. ¿Ves que no era difícil entenderlo?
Hago una mueca ante su tono condescendiente. Cuando quiere es malvada.