Sólo Nosotros

Capítulo 34

Capítulo 34

Jazmine

 

Dejar a Alex para venir con mi madre no era algo que quería hacer, pero permitir que estuviera más tiempo con ella habría provocado una catástrofe. Mamá no se guarda el deprecio y aversión por nadie, ni siquiera por mí o Rose, Alex no iba a ser la excepción. La cosa que más odio de mamá es su capacidad de hacer sentir minúsculo a una persona con solo mirarlo y ya estaba empezando a hacer eso con Alex. Mi chico no es de los que se amilana ni se deja derrotar tan fácil, sin embargo, nunca permitiré que Alex pase por los malos tratos de mi madre. Sé muy bien qué tanto pueden afectar sus palabras, lo he vivido desde que nací, y Alex no se merece nada como eso.

Sé que estaba decepcionado por algo, lo vi en sus ojos, tal vez porque le dije a mamá que no era lo que pensaba cuando claramente mi madre estaba segura de que tengo una relación con Alex, pero necesitaba quitarla del camino cuanto antes.

Recibiré las balas que lance mamá ‒y quién sea‒ antes que él. Alex es un buen hombre, uno que no debería aguantar los desprecios de nadie, mucho menos de mi déspota madre.

Mamá y yo vamos a un restaurante cercano en el que pide una ensalada para ambas, explicando que no ha almorzado. No pregunta si quiero ensalada o si me apetece otra cosa, a ella esas “tonterías” la tienen sin cuidado.

—Me preocupa esta situación, Jazmine —declara, su barbilla alzada con orgullo.

—¿Qué situación? —increpo, aguantando su mirada.

—No te quieras pasar de lista, sabes de lo que te hablo. —Apoya los codos de la mesa, inclinándose hacia mí—. Me encontré a Keith hace unos días y me dijo que lo dejaste por irte con un latino mediocre.

Aprieto la mandíbula, queriendo gritarle por llamar a Alex de esa forma.

—Primero, no es un latino mediocre, es un estadounidense con raíces latinas —aclaro y ella pone los ojos en blanco—. Segundo, sí, dejé a Keith, pero lo hice por razones ajenas a Alex. —Alzo un dedo—. No tenía ni tengo sentimientos por él. —Levanto otro dedo—. Y lo descubrí engañándome con su jefa.

Mamá suspira y niega lentamente.

—Tus razones son estúpidas —desestima, inclinando la cabeza a un lado—. Los sentimientos están sobrevalorados, lo importante es que viene de una buena familia y es de nuestra clase social.

—No puedo creer que digas eso —murmuro, ella me ignora.

—Te engañaba, ¿y eso qué? —bufa—. ¿Crees que todos los hombres son fieles a sus esposas? Si es así, ve despertando, querida. La realidad es muy diferente.

—Estás loca —mascullo, vuelve a ignorarme.

No sé para qué me molesto.

—Tú padre me engañaba, y con mi propia hermana. Mi padre engañaba a mi madre y ella estaba bien con ello. La fidelidad en las relaciones no es lo más importante.

—El dinero lo es —ironizo, pero ella se lo toma en serio.

—¡Exacto! El dinero lo es. —Endereza la espalda, tomando una servilleta de tela y poniéndola en su regazo—. Yo me habría quedado con tu padre si él no se hubiese ido con mi hermana. Que me engañara nunca me importó. Sí me hirió el orgullo que lo hiciera con Karen, pero ahora que lo pienso, tiene sentido. Fue mi culpa, permití que pasaran tiempo juntos y esas fueron las consecuencias.

Niego con la cabeza, sin poder creer lo que dice. Estaba perfectamente feliz siendo engañada, pero gozando de un dinero por el que no trabajó. No sé por qué me sorprende, mi madre es así, siempre ha sido así y nunca cambiará.

—Es cuestionable tu forma de pensar, pero sabes que soy de las que dejan a cada quien hacer lo suyo. —Me cruzo de brazos, una pose intransigente—. Y como creo que cada quien a lo suyo, también me gusta que hagan eso mismo conmigo. —Me detengo, esperando que diga algo, no lo hace—. Alex es mi novio. Papá, la tía Karen y Rose lo aprueban, y estoy feliz con ello. Si tú no estás bien con mis decisiones, te pido que no opines ni te entrometas. Es mi vida y la vivo yo, no tú.

Me observa por unos segundos, estudiándome. Luego, para mi asombro, se encoge de hombros.

—Bien, no me voy a entrometer.

Frunzo el ceño.

—¿Lo dices en serio?

Ella asiente.

—Lo hago.

—Vaya, gracias.

Mira hacia otro lado.

—Solo voy a decir una cosa y luego me callo.

Era demasiado bueno para ser verdad.

—Te escucho.

Me mira de nuevo y sonríe.

—Cariño, mi objeción por el chico no es puramente su clase social o falta de fortuna. Ya estás grande para saber lo que te conviene o no. —Pone un codo en la mesa y apoya la barbilla en el dorso de su mano—. Lo hago porque él me da pena. Tener que soportarte no es nada fácil. Eres amargada, te enojas por todo, no aceptas consejos… Ah, en fin. —Suspira—. Uno puede obviar todas esas cosas si el amor que dice tenerte es verdadero, pero, ¿tú lo amas en serio? —Ríe, como si su última pregunta fuese un chiste—. Las dos sabemos que estás dañada, que no sabes amar. A tu padre y a tu tía los amas, y sigues teniéndoles rencor por haberte dejado conmigo. A tu hermana la amas, pero es un amor sobreprotector, asfixiante. A tus amigos (los pocos que tienes) los amas, pero no eres sincera con ellos. A mí me amas, pero a la vez me odias. —Se encoge de hombros—. ¿Serías capaz de tener un amor puro por el chico? —Niega, arrugando la nariz—. Yo no lo creo.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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