Sólo Nosotros

Capítulo 35

Capítulo 35

Alex

 

Jazmine lleva unos días comportándose de forma extraña. Está retraída, pensativa, distraída, no quiere hablar y se ha excusado de salir con los demás un par de veces. La he descubierto mirándome fijamente en varias ocasiones, y cuando nuestros ojos se encuentran, me sonríe con melancolía.

Su madre es la culpable, no tengo dudas de ello, pero no quiere hablar al respecto, lo cual es frustrante. Si supiera con certeza lo que la tiene en ese estado, intentaría ayudarla, apoyarla. Pero si ella se niega a decirlo no puedo hacer nada por ella.

Esta situación me tiene dividido, no quiero dejarla sola, pero me duele que no confíe en mí. Ella quiso estar para mí en un momento de felicidad como lo fue recibir el crédito para abrir mi negocio, ¿por qué yo no puedo estar para ella en los momentos malos?

Sin embargo, no tengo el valor de decirle lo que pienso. Tengo miedo de hablar, que se enoje y me deje. No podré soportar ser dejado por ella una segunda vez. De la primera pude levantarme; de una segunda, no lo creo.

Las cosas no han ido tan mal en otros ámbitos de mi vida, gracias al cielo. Estoy empezando el procedimiento legal y buscando un lugar en el que pueda empezar. No quiero algo grande, no estoy dispuesto a que la ambición me lleve a tomar malas decisiones, así que quiero que mi inicio sea con algo pequeño, algo real. La tía de Jaz, Karen, me está ayudando con el lugar, para que no sea tan alto el arrendamiento y esté bien ubicado. Mi hermano y mi padre me han estado ayudando a conseguir los implementos, así como los repuestos de todo tipo de autos.

Parece mentira ver cómo de a poco mi sueño va tomando forma, como los planes imposibles que tenía en mente se están llevando a cabo. Mi abuela está orgullosa, feliz de ver que lo que quería mi abuelo se está haciendo realidad. Ella sabía más que nadie lo ilusionados que ambos estábamos y verla feliz por el cumplimiento de ello me hace feliz a mí más de lo que ya lo era.

Esta noche iremos a cenar con ellos, Jaz vendrá conmigo. Mi mamá está haciendo una gran comida, todos platillos de nuestro país de origen, dice que dejará en alto nuestra gastronomía. Sugerí que la gastronomía estadounidense era también mía por haber nacido aquí y recibí una paliza de parte de ella y la abuela. No exagero, la abuela me golpeó con la escoba con la que estaba barriendo y mamá con el cucharón con el que movía el jugo. No tengo moratones por misericordia del Espíritu Santo, que las hizo detener a tiempo.

Mi jefe y Luca me miran desde el otro lado del taller con el ceño fruncido. Están tristes porque dejaré de trabajar con ellos pronto y no saben cómo demostrarlo sino enojándose. He tratado de consolarlos diciendo que estaré aquí por uno o dos meses más, pero ellos no me escuchan. Lamento romper sus corazones, sé que soy un tipo inolvidable, pero tengo que hacer mi propio camino.

Si esto no funciona, regresaré con ellos. Después de todo, tengo una deuda en el banco que debo pagar.

—¡Dejen de mirarme, me ponen nervioso! —les grito y apartan la mirada, como si no estuviera hablando con ellos.

Parece que la madurez no llega a todos los adultos.

Cuando se hacen las 6 p.m., me despido de ambos, sin recibir una respuesta, y salgo rumbo a casa. Debo tomar una ducha antes de ir por Jazmine, no puedo llegar a casa oliendo a aceite de motor y sudor.

A las 7 en punto, me detengo frente al edificio de Jaz, mirando por el retrovisor por si me han seguido. No he sabido nada de los hombres de Danger, pero eso no quiere decir que no estén rondando. Ojalá tenga una solución para cuando aparezcan.

Hasta ahora, Brody es mi mejor opción, pero me niego a meterme en un lío más gordo. Tener problemas con pandilleros es una cosa, deberle un favor a un mafioso es otra muy diferente.

Jazmine emerge del edificio un minuto después de haber estacionado, ni siquiera me dio tiempo de ir a la puerta por ella. Supongo que me vio llegar desde su ventana, pero me habría encantado escoltarla hasta el auto como un caballero. En cambio, ella salió sola al exterior y subió a lado del copiloto sin darme tiempo ni de parpadear.

Se inclina sobre la palanca de cambios y planta un beso en mis labios, dejándome estupefacto.

—Hola —saluda, acomodándose en su asiento y frotando sus manos—. Vamos, no quiero llegar tarde.

Ah, ya entiendo.

—Estás nerviosa —sonrío, encendiendo el auto y saliendo de su calzada—. No tienes que estarlo, mamá ya te adora, y la abuela también.

Respira profundo, soltando el aire por la boca.

—No entiendo lo que me pasa, sé que no debería estar nerviosa, pero esto será en un ambiente distinto. —Se gira en el asiento, el cinturón apretando su hombro—. ¿Y si cambiaron de opinión? ¿Y si las hago cambiar de opinión esta noche?

—Eso no va a pasar —la tranquilizo, pero ella sacude la cabeza.

—¡No lo sabes! —chilla—. Haré algo que las moleste y me ganaré su odio.

Suelto una mano del volante, tomando una de las suyas sin despegar la vista de la calle.

—No te preocupes, ellas no van a cambiar de opinión. —La miro por unos segundos—. Estás nerviosa por nada, ya verás que todo va bien.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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