Capítulo 37
Alex
Jazmine respira, tomando aire por la nariz y soltándolo por la boca. Puedo ver que está nerviosa y eso es suficiente para ponerme en las mismas condiciones, cambiando el revoltijo de emociones que tenía hace unos minutos.
Cuando la vi bailando con ese tipo desconocido quise golpearlo, ponerla sobre mi hombro y rugir al que escuchara que ella es mía. Sin embargo, me lo guardé. No sé en qué condiciones está nuestra relación ahora y no es bueno armar una escena. Luego, cuando dijo que estaba molesta por haberme visto con Cara, me sentí culpable. No quise causarle celos ni hacerla sentir incómoda. Aunque, siendo sincero, estaba un poco feliz de saber que no le soy indiferente.
Ella me quiere…
Pero no me ama.
—Mamá me dijo cosas hirientes ese día, Alex —empieza a contar—, cosas que creo que son verdad.
—¿Qué es eso? —pregunto, queriendo saber.
—Me reclamó que haya dejado a Keith, también dijo cosas despectivas de ti, conclusiones que sacó de verte por unos segundos. Luego… —Se detiene y traga, girando la cabeza para mirarme a los ojos—. En resumen, dejó claro su opinión de mí. Cree que no sé amar bonito, como tú te lo mereces. Me dio ejemplos que calaron en mí, como que amo a papá y a mi tía Karen, pero les guardo rencor; que amo a mi hermana, pero es un amor sobreprotector, tóxico; que amo a mis amigos, pero no confío en ellos. Entonces, ¿qué tipo de amor tendría por ti?
Tengo ganas de estrangular a esa mujer. ¿Cómo se atreve a decirle esas cosas? Jazmine puede ser una mujer hecha y derecha que ha logrado mantenerse bien a pesar de las cosas que hizo su madre en el pasado, pero eso no significa que pueda soportarlo todo. Esa mujer sabe qué puntos tocar para que Jaz haga lo que ella quiere, alejándola de lo que ama. Mi chica no se merece ser manipulada de esa forma y estos ataques de parte de su madre solo la debilitan.
—No le creas, eres capaz de amar, y no de una forma horrible como ella lo hace ver. —Tomo su mano y le doy un apretón—. El amor no es perfecto, Jaz, y no es del todo puro. Todos somos egoístas, todos guardamos rencor y todos sobreprotegemos a quienes amamos. No eres la única y no deberías creerle a una persona que no tiene la más mínima idea de lo que es el amor. Tu madre, lamentablemente, no ama a nadie más que sí misma y todo lo que hace es en su beneficio, no del tuyo ni el de Rose. —Una lágrima rueda por su mejilla y soy rápido para desaparecerla con mi mano libre—. No te atormentes por ello, lo que dijo está a años luz de la realidad.
Entonces, ocurre de nuevo. Ella llora, convulsionando e hipando. La tomo de la cintura y la atraigo a mi regazo, pasando mi mano arriba y abajo por su espalda.
—Me dijo que estoy rota —solloza, casi inentendible— y que soy como ella. Que me alegre porque nadie va a hacerme sufrir.
—Si fueras como ella, lo que me estás diciendo ahora no te afectaría —contradigo—. Tu madre no tiene razón, ella miente.
Continúa llorando hasta que pasa una hora. Agota hasta la última lágrima antes de levantar la cabeza y regalarme una sonrisa triste.
—Ojalá mi mente no fuese tan complicada —murmura, poniendo una mano en mi mejilla—, así podría amarte sin trabas ni traumas que me persigan.
Me parte oírla, más por ella que por mí. No me duele tanto que crea que no me ama como me duele saber que esto la mata por dentro.
—Tú me amas, pero no estás preparada para decirlo.
Traga, bajando la cabeza y soltando un suspiro.
—Necesito que me hagas un favor —susurra, sin aliento.
—Lo que sea.
—Que me des tiempo para sanar. —Vuelve a mirarme—. Quiere estar convencida de que mis sentimientos son buenos cuando te diga que te amo.
Sonrío. Como si pudiera negarme.
—Te daré el tiempo que quieras, con una condición.
Sorbe por la nariz y asiente.
—Dilo.
—Que me mantengas al tanto de tu recuperación.
Asiente de inmediato, sin pensarlo dos veces.
—Lo haré.
La tomo de la nuca y la acerco a mí, rozando mis labios con los suyos.
—Te estaré esperando.
Presiono un beso casto en sus labios y la pongo de nuevo en su asiento.
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Regresamos dentro después de rogarle que venga a divertirse con nosotros y de asegurarle que Blake no hará nada en su contra de nuevo. Le doy una mirada de advertencia a Blake cuando llegamos a la mesa y ella pone los ojos en blanco antes de continuar su conversación con Willow.
Adam ‒Dios lo bendiga‒ empieza a hablar con Jazmine sobre su tatuaje, queriendo saber cómo va sanando. Cara se me acerca y yo sacudo la cabeza, evitando problemas. Ella pone cara de pena, pero no me conmueve. No voy a hacerle daño a Jazmine, ya tiene suficiente con su madre. Jordan se integra a la conversación de Adam y Jaz al tiempo que Kurt anuncia que va por unos tragos, pidiendo que lo acompañe. Cam se levanta también, anunciando que irá con nosotros, y los tres nos alejamos rumbo a la barra.