Sólo Nosotros

Capítulo 38

Capítulo 38

Jazmine

 

Los cuadros de paisajes me rodean, las paredes blancas haciendo resaltar el verde y azul que predomina en dichos cuadros. Hay uno de un bosque frondoso con un río y una cascada en medio de la vegetación, y otro de un cielo lleno de nubes esponjosas y unos pájaros alejándose.

Podrían decir que es cliché, pero estos cuadros relajan.

—¿Por qué estás aquí Jazmine? —Miro a la mujer sentada al otro lado del escritorio, la ventana con vistas al jardín de la clínica detrás de ella dejando entran la luz natural—. ¿Qué te hizo creer que necesitas mi ayuda?

Me aclaro la garganta. Aunque no quiero hablar de ello, saco valor de lo más profundo de mi alma y empiezo a hablar.

—Mi mamá me golpeaba cuando era una niña —suelto, yendo al meollo de la cuestión—, mi padre y mi tía nunca lo notaron y yo no les dije. —Respiro profundo, poniéndome lo más cómoda que puedo en el sillón mullido—. A mamá no le importaba yo o mi hermana, solo el dinero de mi padre y beber hasta perder el sentido. Cada vez que tomaba, sabía que tenía una paliza asegurada, por lo que trataba de esconderme. Cuando mi hermana nació, hice de todo para que la furia de mi madre no cayera sobre ella…

Hablo y hablo, relatando sucesos que viví con mamá. Cuando la hora acaba estoy sorprendida de no haber llegado ni al momento del divorcio y quisiera haber sido más específica. Sin embargo, cuando se lo digo a la terapeuta, ella responde:

—No quiero que te pierdas nada, sin importar cuanto nos tome llegar al centro de lo que crees es el mayor problema. Quiero seas específica, así podremos encontrar una solución. —Recoge los papeles sobre su escritorio y los mete en un folder—. Esto puede llevarnos tiempo, así como puede llevarnos unas pocas semanas. Lo importante es que vayamos a tu ritmo, sin apresurarnos ni atrasarnos. —Se levanta y rodea el escritorio, extendiendo una mano y yo la estrecho—. Te veo aquí la próxima semana.

 

●●●

 

Pasan las semanas y tomo una rutina. Ir a trabajar, salir con los chicos algunos días de la semana, ir a visitar a Lucy para el almuerzo los domingos, cenar con papá y la tía Karen las noches de los domingos, hablar con Alex todos los días sobre cómo voy y acompañar al centro comercial a Rose y sus amigas los sábados por la mañana o por la tarde.

Mis citas semanales con la terapeuta han sido de ayuda, he hablado con ella de todo. Cada cosa que creo que ha marcado mi vida, se la cuento, y me ha estado recomendando ejercicios para mejorar. Me sugirió tener un diario donde escriba cada día las cosas que me ha hecho mi madre, mi padre y mi tía Karen.

En una de sus sesiones me preguntó si le reprochaba a Rose haberla tenido que proteger y casi salgo horrorizada del lugar. Lo que he hecho por Rose no lo hice obligada, fue mi decisión, y lo haría todas las veces que fuesen necesarias si con eso consigo que no sufra. La doctora, luego de escuchar mi aseveración, creyó que no era necesario incluir a Rose en el proceso dado que ella no forma parte de mis traumas, sino que puede ser parte de la solución. Lo que sí me aconsejó fue que dejara de inmiscuirme en su crianza y permitiera que papá se hiciera cargo. También dijo que era momento de hablar con mi padre, pero le dije que no estaba preparada para ello, por lo que tuvo que recurrir a darme la explicación de lo que podría pasarle a Rose si yo no hablo con papá y él no se la lleve hasta que, dentro de unos meses, ella cumpla 18 años.

No sé si fue su voz amable o lo implícito lo que logró persuadirme, pero aquí estoy, rumbo a casa de papá a una cena familiar donde les contaré todo. Me estoy preparando para el llanto que estará presente y la rabia que embargará a papá, pero es el momento.

No puedo permitir que Rose siga viviendo con esa mujer.

En la puerta de casa, me recibe Rose, que me abraza nada más verme y me pone al día de las competencia regionales que tuvo esta semana y a la que yo no pude asistir. En la sala de estar, papá está sentado frente a la TV, un partido de baloncesto reproduciéndose en la pantalla. Al verme, me sonríe y hace una seña para que me acerque. Le doy un abrazo que dura más que nuestros saludos habituales, lo que lo tiene con el ceño fruncido. Me alejo de él, yendo hacia la cocina para saludar a mi tía, ella chilla mi nombre y corre hacia mí para abrazarme, dejándome saber cómo es el lugar que encontró para Alex hace unos días atrás. Ya escuché la historia de parte de Alex, pero no quiero detenerla, me gusta el sonido de su voz.

La cena está lista pocos minutos después y los cuatro pasamos al comedor. Rose se encargó de poner la mesa junto con papá mientras yo ayudaba a la tía a terminar la cena.

No puedo evitar pensar que esta podría haber sido mi vida si no fuese tan cobarde. De haber hablado, la felicidad habría reinado entre nosotros, mamá convirtiéndose en un recuerdo para los presentes.

Pero no fue así y tengo que lidiar con mis errores.

—¿Puedes pasarme la ensalada, solecito? —pide papá, sentado a la cabeza de la mesa.

Tomo la ensalada y se la entrego, papá agradece con una sonrisa.

—Jaz, quiero que vengas conmigo a elegir un vestido para el baile de graduación —ordena Rose, como si le fuese a decir que no—. Y tú también, tía.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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