Sólo Nosotros

Capítulo 41

Capítulo 41

Alex

 

Me colé dentro del área de quirófanos, estoy escondido detrás de un muro para que nadie me vea. No quise irme antes de verla aunque fuese una vez más. Si me pasa algo, quiero tener un último recuerdo suyo en mi mente, uno que me diga que ella está bien y que no estará en peligro de nuevo. El pasillo está desierto, aunque puedo oír a las enfermeras de turno conversar en su estación. Hace exactamente un minuto que una de ella estuvo aquí, revisando a Jaz, están esperando que el doctor y los camilleros vengan para trasladarla.

Este es mi momento.

Asomo la cabeza, cerciorándome de que no haya nadie, y salgo de mi escondite, caminando a paso rápido hacia la puerta. Entro, soltando la respiración que estaba conteniendo. Pego la oreja de la puerta y escucho. No se oyen pasos acercándose. Doy media vuelta, hay una antesala con unos fregaderos alineados y un armario de metal en el que hay trajes azules, gorros, cubre-bocas y guantes. Me visto con ellos, sin estar dispuesto a infectar el lugar en el que se encuentra ella.

Una vez listo, entro a la habitación grande y espaciosa que alberga implementos y artefactos que no tengo idea de para qué son. En medio del lugar, está una camilla sobre la que reposa el cuerpo de Jaz. Su pecho sube y baja, y la máquina a su lado marca el ritmo de su corazón. Me acerco poco a poco, temeroso de hacer algo que pueda afectarla. Cuando la alcanzo, siento a mis ojos arder y en mi garganta se forma una bola que es imposible de tragar.

Está pálida, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos. Lleva puesto nada más que una bata parecida a la que yo traigo y no puedo dejar de pensar en que aquí hace frío y ella no tiene una manta o una sábana.

—Hola —saludo, aun sabiendo que no responderá—. Quería verte antes de irme. Estarías molesta si supieras a dónde voy, pero es la única forma de que esto termine. No puedo permitir que le hagan algo a alguien más. Casi me muero cuando vi que te habían hecho daño. —Me detengo a tragar, mi voz temblorosa es casi inentendible—. Sólo quería verte una vez más, por si no tengo la oportunidad de hacerlo de nuevo. Quisiera poder besarte y que me mires con esos increíbles ojos tuyos, que no dejan de mirarme en cada oportunidad que tienen porque son víctimas del sentimiento tan inmenso que hay entre nosotros.

Suelto el aire, mi labio inferior temblando y una lágrima solitaria resbalando por mi mejilla.

—Si no vuelvo, quiero que sepas que eres lo mejor que me ha pasado en la vida y que haré lo posible por volver a tu lado. No puedo prometerte que lo haré, mi futuro es incierto en este momento. —Suelto un sollozo incontrolable, a estas alturas no sé si lloro por ella o porque voy a tener que ir hacia el peligro—. No quiero dejarte, no cuando estás en este estado, pero no hay de otra. No sé si acepte lo que me propongan, tal vez ni siquiera me propongan nada, veré sobre la marcha. —Respiro profundo, tranquilizándome—. Si vuelvo, te prometo que no habrá de nuevo una situación como esta, que seremos libres. Iremos a recorrer el mundo, empezando por Venezuela, luego a donde tú quieras ir. —Pongo una mano sobre la suya y le doy un apretón—. Tu madre no podrá fastidiarte, mi pasado no estará pisándome los talones y nada podrá separarnos, ni siquiera nosotros mismos. —Alzo su mano, bajo el cubre-bocas y poso un beso en su fría mano—. Estaremos juntos, tú y yo, sólo nosotros.

Me enderezo y doy un paso atrás, soltando su mano.

—Te amo, Jazmine.

Giro sobre mis pies y salgo de la habitación.

 

●●●

 

Me detengo a una cuadra del depósito, tomándome mi tiempo para ir a mi encuentro con unas personas que pueden matarme u obligarme a hacer algo que no quiero, como seguir vendiendo drogas o regresar a las peleas ilegales.

Quisiera tener un plan bien formado en mi cabeza, uno que me saque de este problema, pero he venido sin tener idea de lo que voy a hacer, solo esperar que ellos hablen y tomar una decisión.

Bajo del auto y me digo que tenía que, al menos, encontrar un arma para defenderme en caso de necesitarlo. Sin embargo, no es como si fuese así de fácil llevar un arma al interior de la cueva de una banda de criminales. Lo más seguro es que me revisen al llegar. Caminando hacia el lugar de mala muerte, lanzo una oración al cielo para que me libren de este problema y dejo mi vida en manos de mi ángel de la guarda.

Sólo alguien superior a un humano puede hacer que salga ileso de este embrollo.

En la planicie frente al depósito, me detengo unos segundos a pensar. Tal vez deba avisarle a alguien donde estoy, para que sepan dónde buscar si aparezco dentro de unas horas. A Kurt no puedo decirle, él vendría a buscarme inmediatamente. Cam tampoco, llamará a la policía y se presentará aquí, con Blake al frente para sacarme así sea a rastras.

Adam es mi única opción.

Saco mi móvil y busco el nombre de Adam en la mensajería. Cuando lo encuentro, le envío un mensaje escueto donde le aviso el lugar en que tiene que venir a buscarme si no me contacto con él en dos horas.

Apago el móvil y continúo caminando, dando la vuelta al lugar. La brisa fresca que viene del lago me da en la cara, alborotando mi cabello. Respiro la brisa sin contaminación y aprovecho a darle las gracias a Dios por la vida que me dio, le pido perdón por las cosas malas que he hecho y que me reciba en el cielo si es que muero.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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