Sólo Nosotros

Capítulo 42

Capítulo 42

Jazmine

 

La luz blanca, que no sé de dónde proviene, me ciega cuando abro los ojos, provocando que los cierre de nuevo. Espero unos segundos para intentarlo de nuevo, y aunque me sigue molestando, esta vez lo soporto. Giro la cabeza, encontrando a Rose recostada del pecho de papá y mi tía al otro lado, apoyando su cabeza de la espalda de mi hermana.

Si decidiéramos ocultarle a mundo nuestras locuras familiares, podríamos hacernos pasar sin problemas por hijas de mi tía. La gente hablaría, diciendo que me tuvo a una edad muy temprana, pero no sería tan malo.

Me gustaría haber nacido de ella y no de mi madre, sin embargo, las cosas son como son y supongo que todo lo que hemos pasado ha servido para hacernos ver que la persona que más nos quiere no tiene que ser aquella que nos engendró, sino la que ha velado por nosotros en todo momento.

Giro la cabeza, esperando encontrar a Alex en algún otro lugar de la habitación, pero no está. Es extraño, habría jurado que se quedaría a mi lado mientras paso por algo así.

Vuelvo la cabeza de nuevo a mi familia justo cuando mi tía abre los ojos, encontrando su mirada con la mía. Se endereza de inmediato, tan abruptamente que hace remover a Rose en sueños y mi papá se despierta.

—Despertaste —susurra mi tía, levantándose y caminando hacia mí. Toma mi mano y me regala una sonrisa de alivio—. Pensé que no lo harías hasta la mañana.

Papá se le une. Miro entre sus cuerpos, ha dejado a Rose acostada del todo sobre el sofá.

—La luz me estaba molestando —informo, mi voz ronca—. No tenían que quedarse aquí, me habría gustado que fueran a descansar en casa.

Papá niega, poniendo su mano sobre la de mi tía, que aun sostiene la mía.

—No quería ir a casa hasta verte. —Suelta un suspiro tembloroso, bajando la mirada—. Nos diste un buen susto.

—No fue mi culpa —río, pero ninguno de los dos me devuelve el gesto.

—¿Cómo ocurrió? —pregunta mi tía, frunciendo el ceño con preocupación.

—Alex no alcanzó a decirnos y no lo hemos visto en un buen rato —agrega papá.

No quiero hablar de ello, es un asunto que le concierne solo a Alex, porque estoy segura de que fueron esos hombres que lo han estado rondando. Sin embargo, creo que mi padre y mi tía deben saberlo, sobre todo si pueden ayudar.

—Es una larga historia —murmuro.

—Tenemos el resto de la madrugada —replica papá.

Les cuento, desde el pasado de Alex, pasando por la muerte de Bianca y el intento de secuestro de aquella vez, finalizando en los mensajes que ha estado recibiendo y el encuentro con esos tipos el otro día. Cuando termino, estoy agitada, me falta la respiración y la herida que tengo en la parte interna de mi muslo derecho palpita.

—Vaya —exhala mi tía—, esa sí que ha sido una vida complicada. Y pensar que es un hombre increíble y está superándose.

—Sí —concuerdo—. Es el hombre más extraordinario que he conocido.

Papá se levanta y camina hasta el final de la cama, girando para verme a la cara.

—Ya entiendo porque estaba tan nervioso cuando le pedí que me explicara lo que había pasado. —Se lleva una mano a la mandíbula y mira la techo por unos segundos—. Lo que no comprendo es por qué no me lo dijeron antes, por qué no me pidieron ayuda. Sabes que conozco gente en la policía y podía hacer algo para solucionarlo.

—Se lo dije, en varias ocasiones, pero ya lo habías ayudado con lo del crédito. No quería pedir ayuda por más.

Papá se queda en silencio por unos segundos hasta soltar un suspiro.

—Lo entiendo, quería solucionar el problema por sí mismo.

—Exacto.

Mi tía vuelve a apretarme la mano, llamando mi atención. La miro.

—Quiero que hablemos con él —propone—. Sé que es difícil para algunos hombres aceptar más ayuda de la que ya ha recibido, pero este es un problema del que no puede salir solo.

—Lo sé, no es una cosa que puede meter bajo la alfombra y hacerlo a un lado, pero no he estado a su alrededor los últimos días como para ayudar.

Suelta mi mano para acariciarme el cabello.

 —Voy a ver si está afuera, será mejor salir de esta conversación cuanto antes.

Ella sale y mi papá no le quita la vista en ningún momento. Cuando la puerta se cierra, me mira de nuevo. Le sonrío, meneando las cejas. Pone los ojos en blanco al tiempo que se acerca y se sienta a mi lado.

—Tu madre vino —suelta y se me corta la respiración—. No te preocupes, se fue un minuto después. No sin dar pelea, eso sí.

—No sería ella si no diera pelea.

Asiente, su mirada ausente.

—La enfrenté por lo que te hizo —me deja saber—. Lo negó todo, pero nadie le creyó. —Mira a mi hermana y sonríe—. Rose te defendió.

—Es una chica increíble.

—Sí —coincide papá—, pero tu madre le dijo cosas hirientes, cosas que una chica no debería oír de su madre.



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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