Sólo Nosotros

Capítulo 45

Capítulo 45

Alex

 

Estoy observando mi entorno, absorbiendo cada detalle sin poder creer que esté pasando en realidad. Los chicos me ayudaron a organizar el lugar, bajo la supervisión de Willow, que parece no tener nada qué hacer en su trabajo. Sin embargo, se lo agradezco, se necesitaba de la opinión de una mujer para ordenar los espacios, y dado que Jazmine ha estado ocupada con la tienda, tuve que pedirle ayuda a Willow. Se lo iba a pedir a Blake, pero Bianca estuvo enferma y se la ha pasado metida en el consultorio del pediatra. Por suerte, la niña ya está bien y Blake y Cam se han relajado.

Me muerdo el labio inferior mientras examino el lazo rojo en las puertas del taller. Willow insistió en ponerlo para cortarlo cuando los pocos invitados lleguen y así dar por abierto el lugar. No sé de dónde sacó una cinta de esa anchura y como pudo hacer el lazo, asumo que lo compró hecho.

¿Hay tiendas en las que hacen ese tipo de cosas?

Bueno, no sé ni para qué pregunto. Ahora hay tiendas y vendedores de todo tipo de objetos.

Escucho unos pasos detrás de mí y me giro para ver a los chicos acercarse. Adam trae una toalla en las manos, secándolas, Kurt camina con la sobriedad que lo caracteriza y Cam viene con la vista pegada al móvil. Puedo apostar todo lo que tengo a que está comprobando a Bianca.

—Me gusta como quedó, parece un taller para ricos —comenta Kurt, llevándose las manos a los bolsillos del pantalón.

—Con precios accesibles para pobres, supongo —agrega Adam, sacándome una sonrisa.

—No eres pobre, sé cuánto te paga Julio en el estudio.

Entorna los ojos, abriendo la boca con fingida indignación.

—¿Me has estado chequeando? —inquiere en un susurro.

Ruedo los ojos.

—Mi mejor amigo —señalo a Kurt— tiene el mismo trabajo que tú, y, casualmente, sé cuánto le pagan al mes.

Adam frunce el ceño, alternando su mirada entre Kurt y yo.

—Esta amistad de ustedes pasa de rara a bizarra —afirma—. Las cosas que saben del otro son extremas.

Kurt y yo nos miramos al mismo tiempo y nos encojemos de hombros.

—No vamos a disculparnos —declara Kurt, sin darle importancia a las palabras de Adam—. Nunca entenderías una amistad que se remonta desde nuestra niñez. Somos prácticamente hermanos.

—Pero de otra sangre —agrego y Kurt asiente.

Adam, haciendo un gesto de no entender, mira a Cam.

—¿Tú no tienes nada qué decir?

El aludido alza la vista del móvil ‒¡Por fin!‒ y niega.

—No, ya me he acostumbrado. —Regresa la vista a la pantalla cuando esta se ilumina de nuevo con la entrada de un nuevo mensaje y susurra—: Tienes que verlos con Blake, son peores.

No voy a negarlo, los tres juntos damos un poco de miedo, y no me refiero a los tatuajes. Es una realidad que sabemos todo de los otros dos y no me da vergüenza admitirlo. A veces creo que me conocen mejor hasta que yo mismo, y puede que esto les dé un poco de envidia a mis hermanos, pero ellos no saben tanto de mí como Blake y Kurt.

Hay que ser sinceros ante todo.

Un auto se estaciona en frente y oigo una disputa en español que solo puede venir de mi madre y mi padre, o mi madre y Andrés, o Andrés y Andrea, o la abuela y Andrés…

En fin, es mi familia.

Salgo del lugar y en efecto descubro que son ellos, pero las de la discusión son Paola y Migbelis. No sabía que la cuñada de mi hermano estaba aquí, pero me alegro, se hizo amiga mía y de Jaz el día de la salida y esa amistad se afianzó el día de la boda. Cuando mamá chilla mi nombre, la discusión se detiene y ambas chicas se giran para saludarme con la mano, luego continúan con su pelea.

—¿De qué va el alboroto? —le pregunto a mamá cuando se acerca a mí y me abraza.

—Paola le robó una blusa a Migbe la última vez que estuvo aquí y Migbe se dio cuenta hoy cuando Paola la fue a buscar al aeropuerto —explica mamá y hago una mueca.

Ese tipo de discusiones entre hermanas a veces puede ser infinita. He visto a mis primas dejarse de hablar porque una usó sin permiso una prenda de la otra. Andrés y yo nunca tuvimos esos problemas, mamá nos acostumbró a compartir desde que empezamos a usar la misma talla, pero mamá y Andrea sí que tuvieron un par de discusiones por una que otra blusa.

Una razón más para ‒si es que me decido‒ no tener más de dos hijos.

—Papá, hola —lo saludo cuando se para al lado de mamá. Él me sonríe con orgullo.

—Hijo, esto se ve impresionante desde afuera —alaba, mirando hacia arriba a toda la fachada del taller.

—Gracias, papá —respondo, tratando de ocultar la emoción en mi voz. De pronto, siento mi móvil vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Lo saco y miro el nombre de Rose en la pantalla. Presiono el botón verde—. Hola, linda Rose.

¡Alex! —saluda alegre, pero hay un matiz extraño en su voz—. ¿Mi hermana y mis padres ya llegaron al taller?



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En el texto hay: pasado, romance, amistad

Editado: 15.02.2022

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