Epílogo
Alex
Seis meses después.
Punta Cana, República Dominicana.
Jazmine tiene el ceño fruncido, observando a la pareja al final del bar que mantiene una discusión acalorada. Sé que no lo entiende y creo que es mejor así, las cosas que se dicen están pasando al terreno del rencor. Parece que el hombre descubrió que ella está saliendo con un hombre mayor y que le ha pagado todo, y ella le está recordando aquella vez que lo encontró en medio de una escena subida de tono con una de sus amigas.
La pareja del año, debo decir.
—¿Crees que ella llegue a golpearlo en algún momento? —pregunta Jaz, llevándose la bebida a la boca distraídamente.
—Si vuelve a decirle que su amiga es mejor en la cama que ella, tal vez.
Jaz me mira, sus ojos abiertos.
—¿Eso le dijo?
Río, negando.
—No, pero lo dejó entredicho.
Hace una mueca, regresando la atención a la pareja.
Este es nuestro segundo viaje del año, el primero fue a Venezuela, y nos ha encantado. Los dominicanos, aunque son unas personas muy directas, son amables y nos han hecho sentir en casa. Creo que ha ayudado que puedo hablar español, aunque los he visto tratar de la misma forma a los que no les entienden.
Como dijimos en el pasado, viajar es una idea que nos gustaba a ambos, así que decidimos empezar este mismo año. Tengo algunas deudas, lo sé, pero darse un gusto no hace daño. Además, mi pago del mes al banco ya fue hecho, cumplí con parte.
El taller va bien, mejor de lo que creí, y, en cierto modo, se ha vuelto el lugar de riquillos que Adam y Kurt auguraron que sería. La diferencia con otros talleres es que trato de que los precios sean accesibles y no solo me visiten personas adineradas, y ha funcionado, recibo clientes de todas partes y todos han estado felices con mi trabajo.
—Es un machito en toda regla —masculla Jazmine, su desdén dirigido al tipo.
—Le hirieron el ego —informo, Jaz me mira de reojo—. Ella lo ha estado engañando con un hombre adinerado, algo que puede ser fatal para un hombre orgulloso.
Sus cejas se alzan, tomando un poco más de su bebida.
—Una chica tiene que hacer lo que tiene que hacer, supongo. —Sonríe divertida, dejando la copa vacía sobre la barra y colocándose de pie—. ¿Vamos a caminar por la playa antes de regresar al hotel?
Me levanto, tomando su mano y entrelazando nuestros dedos.
—Iré a dónde tú quieras.
Pone los en blanco, pero sonríe, dándome un apretón.
Amo el paisaje, es hermoso. Cuando Jazmine sugirió este lugar no estaba seguro de venir, pero ahora estoy feliz de haberlo hecho. Las playas blancas y el agua azul, prácticamente turquesa, lo hacen un paraíso, y hay muchos lugares a los que ir a posarla bien. El primer día, nuestras caras y hombros se pusieron rojos debido al sol, pero hoy ya tomaron un matiz dorado que se ve excelente. A Jazmine le encanta el bronceado y ha estado alardeando de ello a las chicas. La que más ha sufrido es Blake, que es blanca como un papel, pero para Jazmine, hacer sufrir a Blake es solo un bonus extra.
Caminamos por la orilla de playa con el sol poniéndose. Aprovecho para tomar algunas fotos del paisaje, algo que he hecho a lo largo de todo el viaje, y hago algunas de Jazmine mientras está distraída. Cuando me pongo a su lado de nuevo y tomo su mano, me mira sonriente.
—¿Quién diría que luego de tres años de conocernos estaríamos aquí, en Punta Cana, como una pareja?
Sonrío, bajando la vista a mis pies, que se entierran en la arena con cada paso que doy.
—Créeme, si me lo hubiesen dicho en ese tiempo, me habría reído en la cara de esa persona. —Levanto la vista, soltando una exhalación—. Ni siquiera habría creído que Blake y Cam estarían ahora casados y con una hija.
—Yo tampoco lo habría creído —ríe—. Era una posibilidad muy remota para mí. —Se para frente a mí, obstaculizando mis pasos—. Pero me alegra que haya pasado.
—A mí también me alegra. —Tomo sus brazos y los pongo en torno a mi cuello para luego dejar mis manos en su cintura—. No sólo por mí, también por los chicos. Que Cam y Blake estén juntos y que Kurt y Jordan estén a punto de casarse y con un bebé hermoso, es lo mejor que pudo sucedernos a todos.
Jazmine asiente, dándome la razón.
—Es cierto, las cosas han pasado justo como debían ser.
Inclino la cabeza, posando mis labios sobre los suyos. Besarla es cada vez mejor, un suceso que nunca me cansa. Podría besarla por siempre.
Cuando me alejo, sus ojos aletean antes de abrirse, una sonrisa surcando sus labios.
—Te amo —susurra.
—También te amo, bebé.
FIN.