La primera regla era clara.
No enamorarse.
Valeria Monroe debería haber sabido que estaba destinada a romperla.
Pero aquella noche todavía no lo sabía.
Todavía no sabía que una mentira podía cambiar su vida.
-Tengo novio.
Las palabras salieron de su boca sin que pudiera detenerlas.
Su mejor amiga la miró como si acabara de perder la cabeza.
Su exnovio, sentado al otro lado de la habitación, levantó una ceja.
-¿Novio? -preguntó él.
Valeria asintió, intentando parecer segura.
-Sí.
-Nunca me dijiste que estabas saliendo con alguien.
-Porque no tenía por qué hacerlo.
Mentira.
Una enorme mentira.
La verdad era que no tenía novio.
Ni siquiera estaba saliendo con alguien.
Pero después de ver a su ex entrar a la fiesta con otra chica, había sentido la necesidad desesperada de demostrar que ella también había seguido adelante.
-Entonces, ¿dónde está? -preguntó él.
Valeria abrió la boca.
Nada.
Su mente estaba completamente en blanco.
Hasta que escuchó una voz detrás de ella.
-Aquí estoy.
Valeria se quedó inmóvil.
Un brazo masculino rodeó su cintura.
Un cuerpo cálido se pegó a su espalda.
Y aquel perfume...
Lo reconocería en cualquier lugar.
Damián Moretti.
El último hombre al que habría elegido para salvarla.
El chico que llevaba meses provocándola.
El chico con el que discutía cada vez que se encontraban.
El chico que parecía disfrutar haciéndola perder la paciencia.
Valeria giró lentamente la cabeza.
Damián la estaba mirando con una sonrisa descaradamente segura.
-Hola, preciosa.
Ella lo fulminó con la mirada.
-¿Qué demonios haces?
-Tu novio.
-No eres mi novio.
-Esta noche sí.
Damián apretó ligeramente el brazo alrededor de su cintura.
Valeria sintió que el corazón comenzaba a latirle demasiado rápido.
-Sonríe -murmuró él.
-Te odio.
-Eso puedes decírmelo después.
-¿Después de qué?
Damián acercó su rostro al suyo.
Demasiado.
Tanto que Valeria podía sentir su respiración.
-Después de nuestro primer beso.
Los ojos de Valeria se abrieron de par en par.
-Ni se te ocurra.
La sonrisa de Damián se hizo más profunda.
-Entonces será mejor que empieces a fingir.
Y antes de que Valeria pudiera responder, él tomó su rostro entre las manos.
La besó.
Fue un beso que debía ser falso.
Un beso que no significaba absolutamente nada.
Al menos eso fue lo que Valeria se repitió aquella noche.
Porque todavía no sabía que ese sería el primero de muchos.
No sabía que terminaría esperando sus besos.
Que sentiría celos.
Que aprendería a reconocer cada una de sus sonrisas.
Y mucho menos sabía que, detrás de aquella propuesta aparentemente inocente, Damián Moretti escondía un secreto.
Un secreto que cambiaría por completo las reglas del juego.
Porque aquella noche comenzaron a fingir que se amaban.
Y ninguno de los dos estaba preparado para descubrir que, algún día, dejarían de fingir.
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Editado: 30.08.2026