Solo Por Un Tiempo

Capitulo 2

—Esto es una pésima idea.

Valeria caminaba junto a Damián por el estacionamiento de la universidad, intentando ignorar el hecho de que hacía apenas diez minutos había aceptado fingir una relación con él.

—Lo dices como si no hubieras aceptado.

—Acepté porque estaba desesperada.

—Eso no mejora mucho las cosas.

Valeria se detuvo y lo miró.

—¿Sabes qué? He cambiado de opinión.

Damián también se detuvo.

—No.

—¿No?

—No puedes cambiar de opinión.

—¿Y quién decidió eso?

—Yo.

Valeria soltó una carcajada incrédula.

—Eres insoportable.

—Y tú acabas de descubrirlo.

Damián sacó las llaves de su bolsillo y pulsó el botón de su automóvil.

—Sube.

—¿A dónde?

—A tu casa.

—Puedo ir sola.

—Lo sé.

—Entonces...

—Necesitamos establecer las reglas.

Valeria suspiró.

—Bien.

Subió al automóvil.

Damián se acomodó en el asiento del conductor y arrancó.

Durante los primeros minutos ninguno habló.

Valeria miraba por la ventana mientras intentaba convencerse de que aquello era una buena idea.

Tres meses.

Solo tres meses.

Después, todo volvería a la normalidad.

O al menos eso esperaba.

—Regla número uno —dijo Damián.

Valeria lo miró.

—¿Ya empezamos?

—Sí.

—Adelante.

—Nada de enamorarse.

Valeria soltó una risa.

—Eso no será difícil.

Damián la miró de reojo.

—¿Tan poco atractivo soy?

—No dije eso.

—Lo pensaste.

—No te emociones.

Él sonrió.

—Regla número dos: nada de besos cuando estemos solos.

Valeria giró la cabeza hacia él.

—¿Por qué?

—Porque sería demasiado fácil olvidar que esto es fingido.

Por alguna razón, aquella respuesta hizo que Valeria sintiera un pequeño nudo en el estómago.

—De acuerdo.

—Regla número tres: nada de celos.

—No soy celosa.

Damián soltó una carcajada.

—Claro.

—Lo digo en serio.

—Y yo soy humilde.

Valeria puso los ojos en blanco.

—Continúa.

—Regla número cuatro: nada de dormir juntos.

—Obviamente.

—Y regla número cinco...

Damián hizo una pausa.

—Nunca mentirnos entre nosotros.

Valeria frunció el ceño.

—Eso es irónico.

—¿Por qué?

—Porque toda nuestra relación será una mentira.

Damián la miró durante unos segundos.

—Entonces al menos no nos mentiremos entre nosotros.

Valeria asintió lentamente.

—Trato hecho.

Cuando llegaron a su casa, Damián estacionó frente a la entrada.

Valeria abrió la puerta.

—Gracias por traerme.

—De nada.

Ella estaba a punto de bajar cuando él la llamó.

—Valeria.

Se giró.

—¿Qué?

Damián la observaba con una expresión extraña.

Más seria de lo habitual.

—Mañana tenemos que empezar.

—¿Empezar qué?

—Nuestra relación.

Valeria levantó una ceja.

—¿No basta con decir que somos novios?

—No.

Damián se inclinó hacia ella.

—Tenemos que hacer que todos lo crean.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y cómo piensas hacerlo?

Él sonrió.

—Mañana lo descubrirás.

(...)

A la mañana siguiente, Valeria llegó a la universidad con la intención de ignorar completamente a Damián.

Duró exactamente siete minutos.

—¡Valeria!

Sofía apareció corriendo hacia ella.

—¿Qué?

—¿Es verdad?

Valeria cerró los ojos.

—¿Qué cosa?

—¡Que estás saliendo con Damián Moretti!

Valeria miró a su alrededor.

Varias personas estaban observándola.

—¿Cómo se enteraron?

Sofía sacó su teléfono.

—Porque alguien publicó esto.

Le mostró una fotografía.

Era la imagen de la noche anterior.

Damián tenía un brazo alrededor de su cintura y ella estaba mirándolo.

Parecían una pareja.

Una pareja demasiado convincente.

—Oh, no.

—Oh, sí.

Sofía sonrió.

—¿Desde cuándo?

—Desde ayer.

—¿Y por qué no me dijiste?

—Porque...

Valeria no terminó la frase.

Una mano apareció alrededor de su cintura.

—Buenos días, novia.

Damián.

Valeria se quedó rígida.

—Buenos días.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Soñaste conmigo?

Valeria le clavó una mirada.

—No.

—Qué lástima.

Sofía los observaba con una sonrisa enorme.

—Creo que voy a vomitar de lo adorables que son.

—Gracias —respondió Damián.

—No era un cumplido.

Él rio.

Valeria intentó apartarse, pero Damián mantuvo el brazo alrededor de ella.

—Tenemos que ir a clase.

—Lo sé.

—Entonces suéltame.

—No puedo.

—¿Por qué?

Damián señaló discretamente a un grupo de estudiantes que los miraba.

—Nos están observando.

Valeria suspiró.

—Te odio.

—Eso dijiste anoche.

—Y sigue siendo verdad.

—Por ahora.

Caminaron juntos por el pasillo.

Damián parecía completamente cómodo.

Valeria, en cambio, sentía que todo el mundo estaba pendiente de ellos.

Al llegar al aula, él le apartó una silla.

—Siéntate.

—Puedo hacerlo sola.

—Lo sé.

Ella se sentó.

Damián ocupó el asiento a su lado.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Tan insoportable.

—Solo contigo.

Valeria lo miró.

No sabía por qué esas tres palabras habían sonado diferentes.

Antes de que pudiera responder, el profesor entró.

La clase comenzó.

Durante casi una hora, Valeria consiguió olvidarse de Damián.

Hasta que sintió algo rozando su mano.

Miró hacia abajo.

Los dedos de Damián estaban junto a los suyos.

Él no la miraba.

Simplemente tomó su mano.

Valeria abrió los ojos.

—¿Qué haces? —susurró.

—Regla número dos.

—¿Qué tiene que ver?




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