Solo Por Un Tiempo

Capitulo 3

Valeria había pasado toda la noche pensando en Damián.

Y eso era un problema.

Uno enorme.

Habían acordado que no habría sentimientos.

Sin embargo, desde aquella tarde en la cafetería, no podía dejar de recordar la forma en que él la había mirado.

Ni la cercanía de sus labios.

Ni aquel instante en el que ambos parecieron olvidar que estaban fingiendo.

—Estás sonriendo.

Valeria levantó la mirada.

Sofía estaba sentada frente a ella en la cafetería de la universidad.

—No estoy sonriendo.

—Sí lo estás.

—No.

—Llevas cinco minutos mirando tu teléfono sin hacer nada.

Valeria bajó la mirada.

En la pantalla no había ningún mensaje nuevo.

Pero seguía esperando uno.

De Damián.

—Estoy pensando.

—En él.

—No.

Sofía sonrió.

—Claro.

Antes de que Valeria pudiera responder, alguien se sentó junto a ellas.

—Hola, Valeria.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Tomás.

Su ex.

—¿Qué quieres?

—Hablar.

—No tenemos nada de qué hablar.

Tomás la observó durante unos segundos.

—¿Es verdad que estás con Damián?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—No es asunto tuyo.

—Solo me sorprende.

—¿Por qué?

Tomás soltó una pequeña risa.

—Porque Damián no es precisamente el tipo de chico que se enamora.

Valeria sintió una punzada de molestia.

—No tienes derecho a opinar sobre él.

—¿Lo estás defendiendo?

—Estoy defendiendo a mi novio.

Las palabras salieron demasiado rápido.

Tomás sonrió.

—Entonces sí te importa.

Valeria abrió la boca.

No encontró respuesta.

—Tengo que irme —dijo finalmente.

Se levantó, tomó su bolso y se marchó.

Pero no había dado ni diez pasos cuando escuchó una voz detrás de ella.

—¿Todo bien?

Valeria se giró.

Damián.

Camisa blanca, pantalones oscuros y esa expresión tranquila que comenzaba a resultarle peligrosamente familiar.

—Sí.

Él miró hacia atrás.

Tomás seguía en la cafetería.

La mandíbula de Damián se tensó.

—¿Qué quería?

—Hablar.

—¿De qué?

—De nosotros.

Damián volvió a mirarla.

—¿Qué dijo?

—Que tú no eres el tipo de chico que se enamora.

El silencio cayó entre ellos.

Damián se acercó.

—¿Y tú qué respondiste?

Valeria levantó una ceja.

—Que no tenía derecho a hablar de ti.

Una sonrisa apareció en los labios de Damián.

—¿Me defendiste?

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Damián pasó un brazo por sus hombros.

—Vamos.

—¿A dónde?

—Tenemos una cita.

—¿Otra?

—La gente tiene que acostumbrarse a vernos juntos.

Valeria suspiró.

—Está bien.

Caminaron por el campus.

Damián parecía relajado.

Hasta que vieron a Tomás salir de la cafetería.

Su mirada se encontró con la de Damián.

Algo cambió.

Damián apretó ligeramente el brazo alrededor de Valeria.

Ella lo notó.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Estás apretando demasiado.

Damián aflojó el brazo.

—Lo siento.

Tomás pasó junto a ellos.

—Valeria.

Ella lo ignoró.

Pero Tomás se detuvo.

—Solo quería decirte que espero que seas feliz.

Damián lo miró fijamente.

—Lo es.

Tomás sonrió.

—Eso espero.

Se marchó.

Valeria esperó unos segundos.

—Estás celoso.

Damián soltó una carcajada.

—No.

—Sí.

—No estoy celoso.

—Entonces, ¿por qué parecías dispuesto a asesinarlo con la mirada?

—Porque no me cae bien.

—Ni siquiera lo conoces.

—No necesito conocerlo.

Valeria se detuvo.

—Regla número tres.

Damián la miró.

—¿Qué?

—Nada de celos.

Él sostuvo su mirada.

—No estoy celoso.

—Mientes.

Damián se acercó.

—Quizá.

El corazón de Valeria dio un vuelco.

—Eso significa que rompiste una regla.

—Entonces tendremos que añadir una consecuencia.

—¿Qué consecuencia?

Damián sonrió.

—Todavía no lo sé.

(...)

Esa tarde, Damián llevó a Valeria a una fiesta.

Una fiesta mucho más grande que la anterior.

Había música, luces y cientos de estudiantes.

Valeria se sintió incómoda apenas entró.

—¿Seguro que esto es necesario?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque mi familia estará aquí.

Valeria lo miró.

—¿Tu familia?

Damián asintió.

—Mis padres y mi hermana.

—¿Y quieres presentarme?

—Necesito que crean que esto es real.

Valeria respiró profundamente.

—Está bien.

Una mujer elegante se acercó a ellos.

—Damián.

Él se puso rígido.

—Mamá.

La mujer miró a Valeria.

Después sonrió.

—Así que tú eres Valeria.

—Sí.

—He escuchado mucho sobre ti.

Valeria miró a Damián.

—¿En serio?

—No.

Damián respondió rápidamente.

—Todavía no.

Su madre lo observó con una expresión divertida.

—Encantada de conocerte.

—Igualmente.

—Espero que no te asuste esta familia.

Damián soltó una risa seca.

—A mí todavía me asusta.

Su madre se alejó.

Valeria lo miró.

—Tu familia es intensa.

—No has visto nada.

—¿Por eso necesitas una novia falsa?

Damián guardó silencio.

—Entre otras cosas.

Valeria quiso preguntarle más.

Pero antes de hacerlo, una chica rubia apareció junto a ellos.

—Damián.

La expresión de él cambió.

—Clara.

Ella sonrió y lo abrazó.

Valeria sintió algo extraño en el pecho.

Algo que no quería reconocer.

Clara se separó y miró a Valeria.

—¿Y ella?

Damián pasó una mano por la cintura de Valeria.

—Mi novia.

La sonrisa de Clara desapareció.

—Ah.

—Valeria, ella es Clara.




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