Solo Por Un Tiempo

Capitulo 4

Valeria no podía apartar la mirada de la mujer que estaba junto a Tomás.

La misma mujer.

La misma que había sido el motivo de su ruptura.

Solo que ahora había algo diferente.

Su vientre.

Estaba embarazada.

Valeria sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—Valeria —repitió Tomás—. Necesito hablar contigo.

Ella no respondió.

No podía.

Damián seguía a su lado, con la mandíbula tensa y una mano apoyada en su cintura.

—No creo que sea un buen momento —dijo él.

Tomás lo ignoró.

—Es importante.

—Para ti, quizá.

—Damián —susurró Valeria.

Él la miró.

—¿Quieres hablar con él?

Valeria tragó saliva.

No quería.

Pero necesitaba saber.

Asintió.

Damián soltó lentamente su cintura.

—Estaré aquí.

Tomás señaló hacia el jardín de la casa.

Valeria lo siguió.

Cada paso que daba parecía más pesado que el anterior.

Cuando estuvieron lejos de los demás, Tomás se giró.

—Sé que no quieres verme.

—Entonces ¿por qué estás aquí?

Él bajó la mirada.

—Porque necesitaba decírtelo yo.

Valeria cruzó los brazos.

—¿Decirme qué?

Tomás respiró profundamente.

—Ella está embarazada.

—Eso ya lo sé.

—Es mío.

Valeria soltó una pequeña risa sin humor.

—No necesitabas explicarlo.

—Valeria...

—¿Qué quieres de mí?

Tomás guardó silencio.

—Quiero pedirte perdón.

Ella sintió que algo se rompía dentro de ella.

No porque todavía lo amara.

Sino porque durante meses había esperado escuchar esas palabras.

Y ahora que finalmente las escuchaba, ya no significaban nada.

—Te perdono.

Tomás levantó la mirada, sorprendido.

—¿De verdad?

—Sí.

—Entonces...

—Pero no quiero que vuelvas a mi vida.

Su expresión cambió.

—¿Es por Damián?

Valeria negó con la cabeza.

—Es por mí.

Tomás permaneció callado.

—Por primera vez —continuó ella— estoy eligiéndome a mí.

Tomás asintió lentamente.

—Entiendo.

Valeria dio un paso atrás.

—Adiós, Tomás.

Se dio la vuelta.

Y entonces lo vio.

Damián estaba esperándola a unos metros.

No parecía enfadado.

Parecía preocupado.

Cuando Valeria llegó hasta él, Damián no hizo ninguna pregunta.

Simplemente extendió la mano.

Ella la tomó.

—¿Estás bien?

Valeria asintió.

—Sí.

—No tienes que mentirme.

Ella lo miró.

Recordó la quinta regla.

Nunca mentirnos entre nosotros.

—No estoy bien.

Damián apretó su mano.

—Entonces vámonos.

(...)

El automóvil permaneció en silencio durante varios minutos.

Valeria miraba por la ventana.

Damián conducía.

—¿Quieres hablar?

—No.

—Está bien.

Ella lo miró.

—¿No vas a insistir?

—No.

—¿Por qué?

—Porque sé lo que se siente cuando alguien intenta obligarte a hablar antes de estar preparada.

Valeria se quedó observándolo.

Había algo diferente en él esa noche.

Algo que no había visto antes.

—Gracias.

Damián la miró de reojo.

—No tienes que agradecerme.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Valeria.

Ella sonrió ligeramente.

—¿Qué?

—Deja de discutir conmigo.

—Nunca.

Damián sonrió.

Por primera vez desde que había salido de aquella fiesta, Valeria sintió que podía respirar.

Hasta que el teléfono de Damián comenzó a sonar.

Él miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—¿Quién es?

—Mi padre.

—¿No vas a contestar?

—No.

El teléfono volvió a sonar.

Damián lo silenció.

Valeria frunció el ceño.

—¿Todo bien?

—Sí.

La miró.

Y ella supo inmediatamente que estaba mintiendo.

—Regla cinco.

Damián apretó el volante.

—No es tan sencillo.

—Entonces cuéntame.

Él permaneció callado.

Finalmente, estacionó frente a un pequeño parque.

Apagó el motor.

—Mi familia quiere que me case.

Valeria parpadeó.

—¿Qué?

—Quieren que me comprometa con Clara.

—¿Clara?

Damián asintió.

—Es hija de uno de los socios de mi padre.

Valeria sintió una extraña presión en el pecho.

—Entonces... ¿ella es la razón por la que necesitabas una novia falsa?

—Una de las razones.

—¿Cuál es la otra?

Damián miró hacia el frente.

—Mi padre piensa que estoy desperdiciando mi vida.

—¿Y qué quiere que hagas?

—Que entre en la empresa familiar.

—¿Y tú no quieres?

—No.

Valeria lo observó.

—¿Qué quieres hacer?

Damián sonrió sin humor.

—Eso es lo que nadie me pregunta.

El silencio volvió a instalarse.

Valeria no sabía qué decir.

—¿Y qué quieres hacer? —preguntó finalmente.

Damián la miró.

Sus ojos se encontraron.

—Quiero ser libre.

Aquella respuesta la sorprendió.

El chico que parecía tenerlo todo quería exactamente lo mismo que ella.

Libertad.

La posibilidad de decidir su propio camino.

—Entonces entiendo por qué aceptaste esto.

—Sí.

—Pero hay algo que no entiendo.

—¿Qué?

—¿Por qué yo?

Damián guardó silencio.

Demasiado tiempo.

—Porque confío en ti.

Valeria sintió un pequeño vuelco en el corazón.

—Ni siquiera me conoces tanto.

—Te conozco más de lo que crees.

—¿Desde cuándo?

Damián bajó la mirada.

—Desde hace bastante.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que te he observado.

Ella soltó una risa nerviosa.

—Eso suena un poco aterrador.

Damián sonrió.

—No era mi intención.

—Entonces explícate.

Damián se inclinó ligeramente hacia ella.

—La primera vez que te vi fue hace dos años.




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