Solo Por Un Tiempo

Capitulo 5

Valeria no durmió.

¿Cómo iba a hacerlo?

Cada vez que cerraba los ojos, recordaba las palabras de Damián.

Mi padre quiere conocerte.

Y después:

Me gustas como eres, Valeria.

No sabía cuál de las dos cosas la ponía más nerviosa.

A las ocho de la mañana, su teléfono vibró.

Damián:
Buenos días, novia falsa.

Valeria sonrió sin querer.

Valeria:
Buenos días, problema.

La respuesta llegó inmediatamente.

Damián:
Te paso a buscar a las seis.

Valeria:
¿Y si digo que no?

Damián:
No puedes.

Valeria:
¿Por qué?

Damián:
Porque ya le dije a mi padre que vendrías.

Valeria se incorporó de golpe en la cama.

Valeria:
¡¿QUÉ?!

Damián respondió con un simple:

Damián:
Confía en mí.

Valeria dejó caer el teléfono sobre la cama.

—Voy a matarlo.

(...)

A las seis en punto, Damián estaba esperándola frente a su casa.

Valeria salió con un vestido negro sencillo y el cabello suelto.

Damián bajó del automóvil.

Durante unos segundos, simplemente la observó.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Lo sé.

—¿Y?

Damián sonrió.

—Estás preciosa.

Valeria sintió que sus mejillas se calentaban.

—No empieces.

—Solo dije la verdad.

Él abrió la puerta del automóvil.

—Vamos.

—¿Qué tan horrible será?

—Depende.

—¿De qué?

—De cuánto le gustes a mi padre.

—¿Y si no le gusto?

Damián la miró seriamente.

—Entonces será culpa de él.

Valeria sonrió.

—¿Siempre eres así de dramático?

—Solo cuando se trata de ti.

Ella decidió no responder.

Porque últimamente Damián decía demasiadas cosas que hacían que su corazón olvidara que aquello era una mentira.

(...)

La mansión Moretti apareció frente a ellos poco después.

Valeria abrió los ojos.

—Esto no es una casa.

—Lo sé.

—Es un castillo.

Damián estacionó.

—Bienvenida a mi prisión.

Ella lo miró.

La sonrisa de Damián había desaparecido.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Damián.

Él suspiró.

—Ahora sí.

Bajaron del automóvil.

Damián tomó su mano.

Valeria lo miró.

—¿Qué haces?

—Nos están observando.

—¿Quién?

—Todos.

Valeria miró hacia la mansión.

Había varias personas en las ventanas.

—Dios.

—Sonríe.

—Te odio.

—Yo también te quiero.

Valeria soltó una pequeña risa.

Entraron.

El interior era todavía más impresionante.

Grandes escaleras, lámparas de cristal y cuadros antiguos cubrían las paredes.

Una mujer joven bajó las escaleras.

—¡Damián!

Él sonrió.

—Lucía.

Su hermana menor corrió hacia él y lo abrazó.

Después miró a Valeria.

—Así que tú eres la famosa Valeria.

Valeria parpadeó.

—¿Famosa?

Lucía sonrió.

—Damián habla de ti todo el tiempo.

Damián se puso serio.

—Lucía.

—¿Qué?

—No empieces.

Valeria lo miró divertida.

—¿Hablas de mí?

—No.

—Mientes.

—No.

Lucía soltó una carcajada.

—Definitivamente eres la chica que necesitaba.

Valeria sonrió.

—¿Por qué?

Lucía se acercó a ella y susurró:

—Porque eres la primera persona que consigue ponerlo nervioso.

Damián la escuchó.

—Te estás divirtiendo demasiado.

—Muchísimo.

Antes de que pudiera responder, una voz grave resonó desde el salón.

—Damián.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—Mi padre.

Un hombre elegante apareció frente a ellos.

Su mirada pasó por Valeria.

Fría.

Calculadora.

—Señor Moretti —saludó Valeria.

Él asintió.

—Valeria Monroe.

—Sí.

—Quería conocerte.

Damián apretó la mano de Valeria.

—Ya la conociste.

Su padre lo ignoró.

—Cenaremos en unos minutos.

Se dio la vuelta.

Valeria soltó el aire.

—Creo que me odia.

Damián se inclinó hacia ella.

—No.

—¿Entonces?

—Está intentando intimidarte.

—Funcionó.

—No dejes que lo sepa.

Valeria sonrió.

—De acuerdo.

(...)

La cena fue peor de lo que esperaba.

El padre de Damián hizo preguntas sobre su familia, sus estudios y sus planes.

Valeria respondió todo lo mejor que pudo.

Hasta que llegó la pregunta inevitable.

—¿Cuánto tiempo llevan juntos?

Valeria miró a Damián.

—Tres...

—Cuatro meses —respondió él.

Ella abrió los ojos.

—¿Cuatro?

Damián le dio una pequeña patada debajo de la mesa.

—Sí.

Su padre los observó.

—¿Y por qué nunca nos la presentaste?

Damián dejó los cubiertos.

—Porque sabía que intentarías arruinarlo.

—No seas dramático.

—No estoy siendo dramático.

El ambiente se volvió tenso.

Entonces el padre de Damián miró a Valeria.

—¿Lo amas?

Valeria se quedó paralizada.

Damián también.

Aquella pregunta no estaba en el contrato.

No estaba preparada.

—Yo...

Miró a Damián.

Sus ojos se encontraron.

Él no dijo nada.

Pero su mirada parecía pedirle que dijera la verdad.

O al menos la mentira correcta.

Valeria tomó aire.

—Sí.

La palabra salió apenas como un susurro.

Damián bajó la mirada.

Su mano buscó la de ella debajo de la mesa.

La tomó.

Su padre los observó durante unos segundos.

—Entonces espero que sea cierto.

Valeria sintió un escalofrío.




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