Valeria no sabía qué era peor.
Haber besado a Damián.
O estar deseando volver a hacerlo.
Desde aquella noche, todo había cambiado.
Ya no podía mirarlo como antes.
Ya no era simplemente el chico arrogante con el que había hecho un trato absurdo.
Ahora conocía su lado vulnerable.
Sabía que la había observado durante dos años.
Sabía que se había enamorado de ella mucho antes de que ella siquiera lo notara.
Y, sobre todo, sabía que el beso que habían compartido no había sido parte de ninguna actuación.
Había sido real.
Demasiado real.
—Deja de sonreír.
Valeria levantó la mirada.
Sofía estaba frente a ella, observándola con sospecha.
—No estoy sonriendo.
—Llevas toda la mañana haciéndolo.
—Estoy de buen humor.
—Por Damián.
Valeria bajó la mirada hacia su café.
—No.
Sofía apoyó los codos sobre la mesa.
—Valeria.
—¿Qué?
—Te conozco.
Valeria suspiró.
—Nos besamos.
Sofía abrió la boca.
—¿QUÉ?
—Baja la voz.
—¡¿Te besaste con Damián?!
Varias personas voltearon a mirarlas.
Valeria se cubrió la cara.
—Gracias por anunciarlo.
Sofía sonrió de oreja a oreja.
—Sabía que esto iba a pasar.
—No pasó nada.
—¿Nada?
—Bueno...
Valeria se mordió el labio.
—Pasó algo.
Sofía sonrió aún más.
—Te estás enamorando.
—No.
—Sí.
—No.
—Valeria.
—No sé.
Sofía suavizó la expresión.
—Eso ya es una respuesta.
Valeria permaneció callada.
Quizá sí estaba empezando a sentir algo.
Pero tenía miedo.
Porque enamorarse de Damián significaba entrar en un mundo al que no pertenecía.
Un mundo de dinero, secretos y personas capaces de destruirla.
Y todavía no sabía cuál era el secreto que Damián se negaba a contarle.
A varios kilómetros de allí, Damián estaba sentado frente a su padre.
—No voy a hacerlo.
Su padre dejó una carpeta sobre el escritorio.
—No tienes opción.
—Siempre hay una opción.
—No cuando tienes responsabilidades.
Damián miró la carpeta.
—¿Qué es eso?
—Información sobre Valeria.
La expresión de Damián cambió.
—No vuelvas a investigar su vida.
—Ya lo hice.
—Te dije que no.
Su padre abrió la carpeta.
—Su madre tiene deudas.
Damián se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Deudas importantes.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque me aseguré de saberlo.
Damián apretó los puños.
—¿Qué quieres?
Su padre lo miró.
—Que termines con ella.
—No.
—Si continúas con Valeria, esas deudas podrían hacerse públicas.
Damián se levantó.
—No te atrevas.
—Puedo hacer mucho más que eso.
—¿Me estás amenazando?
—Estoy intentando protegerte.
Damián soltó una risa amarga.
—No. Estás intentando controlarme.
Su padre se levantó.
—Entonces escucha bien.
Se acercó a él.
—Si quieres conservarla en tu vida, tendrás que aceptar el compromiso con Clara.
Damián negó con la cabeza.
—No.
—Entonces perderás ambas cosas.
Damián salió del despacho sin responder.
Pero sus manos temblaban.
Por primera vez, tenía algo que perder.
Y ese algo era Valeria.
Esa tarde, Damián apareció frente a la universidad.
Valeria lo vio desde lejos.
Su corazón reaccionó antes que su cabeza.
Sonrió.
Damián caminó hacia ella.
—Hola.
—Hola.
—¿Podemos hablar?
Valeria notó inmediatamente que algo no estaba bien.
—Claro.
Caminaron hasta un lugar apartado.
—¿Qué sucede?
Damián permaneció callado.
—Damián.
—Mi padre sabe lo nuestro.
Valeria frunció el ceño.
—¿Lo del acuerdo?
—Todo.
Ella sintió un nudo en el estómago.
—¿Y qué quiere?
Damián la miró.
—Que terminemos.
Valeria sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Por qué?
—Porque no le convienes.
Ella soltó una pequeña risa, dolida.
—Claro.
—Valeria...
—No, está bien.
Retrocedió.
—Supongo que tarde o temprano esto iba a terminar.
—No quiero terminar contigo.
Ella levantó la mirada.
—Entonces ¿qué quieres?
Damián se acercó.
—Quiero estar contigo.
—¿Aunque tu padre se oponga?
—Aunque se oponga todo el mundo.
Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Entonces ¿por qué pareces tan asustado?
Damián no respondió.
Porque no podía contarle la verdad.
Todavía no.
—Hay algo que tienes que saber —dijo finalmente.
—¿Qué?
—Tu familia...
Se detuvo.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué pasa con mi familia?
Damián tomó aire.
—Nada.
—Damián.
—No puedo decírtelo.
Ella retrocedió.
—Otra vez no.
—Confía en mí.
—¡Eso es lo que me pediste antes de ocultarme cosas!
Damián bajó la mirada.
—Lo sé.
—Entonces dime la verdad.
Él la miró.
Y por primera vez, Valeria vio miedo en sus ojos.
—Si te cuento todo, podría perderte.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Y si no me lo cuentas?
Damián permaneció en silencio.
—Entonces podrías perderme de todas formas.
Él cerró los ojos.
Valeria dio un paso hacia él.
—Damián...
—No.
Su voz salió quebrada.
—No me hagas elegir.
—Yo no te estoy haciendo elegir.
—Mi padre sí.
Valeria se quedó inmóvil.
Damián tomó su rostro entre las manos.
—Solo necesito un poco de tiempo.
—¿Para qué?
—Para arreglarlo.
—¿Y si no puedes?
Damián apoyó su frente contra la de ella.
—Entonces lucharé hasta poder.
Valeria cerró los ojos.
—Tengo miedo.
—Yo también.
—¿De qué?
Damián abrió los ojos.
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Editado: 30.08.2026