Valeria no había soltado la fotografía.
La llevaba entre los dedos mientras Damián conducía de regreso a su casa.
No había pronunciado una palabra desde que salieron de la biblioteca.
La imagen seguía grabada en su mente.
Su madre.
El padre de Damián.
Y aquel bebé.
Un bebé que, según el mensaje, podía cambiar todo lo que creía saber sobre su familia.
—Valeria.
Ella no respondió.
—Mírame.
Finalmente levantó los ojos.
Damián la observaba desde el asiento del conductor.
—¿Quieres que vayamos a tu casa?
Valeria negó con la cabeza.
—No.
—¿Entonces?
—Quiero hablar con mi madre.
Damián asintió.
—Vamos.
Elena Monroe estaba en la cocina cuando escuchó la puerta.
—¿Valeria?
La sonrisa desapareció de su rostro al ver a Damián.
—¿Qué haces tú aquí?
Valeria dejó la fotografía sobre la mesa.
—Necesito respuestas.
Elena miró la fotografía.
Su rostro perdió todo color.
—¿Dónde encontraste eso?
Valeria sintió un escalofrío.
—Así que sabes quiénes son.
Su madre no respondió.
—Mamá.
Elena tomó asiento lentamente.
—Damián, déjanos solas.
—No.
Valeria lo miró.
—Quédate.
Damián se sentó a su lado.
Elena observó sus manos entrelazadas.
—¿Ustedes dos están juntos?
Valeria dudó.
—Sí.
No sabía si aquella respuesta seguía siendo una mentira.
Elena cerró los ojos.
—Entonces ha llegado el momento.
—¿El momento de qué?
Su madre respiró profundamente.
—De contarte la verdad.
Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Quién es el bebé?
Elena miró la fotografía.
—Tú.
Silencio.
Valeria dejó de respirar.
—¿Qué?
—Ese bebé eres tú.
Damián se quedó inmóvil.
—No entiendo.
Elena levantó la mirada.
—Cuando naciste, tu padre y yo ya estábamos separados.
Valeria frunció el ceño.
—¿Mi padre y tú estaban separados?
—Sí.
—Entonces, ¿quién es el hombre de la fotografía?
Elena tragó saliva.
—Gabriel Moretti.
Damián palideció.
—Mi abuelo.
Elena asintió.
—Sí.
Valeria se levantó lentamente.
—¿Por qué estaba conmigo?
—Porque él sabía la verdad.
—¿Qué verdad?
Elena comenzó a llorar.
—Que tu padre biológico no era quien tú creías.
Valeria sintió que las piernas le temblaban.
—Entonces...
Miró a Damián.
—¿Quién es mi padre?
Elena no respondió.
Valeria golpeó suavemente la mesa.
—¡Mamá!
—Tu padre biológico era un Moretti.
Damián se puso de pie.
—¿Quién?
Elena lo miró directamente.
—Mi hermano.
Damián quedó completamente paralizado.
—¿Qué?
Valeria retrocedió.
—¿Tu hermano?
Elena asintió.
—Tu tío, Matteo Moretti.
Damián negó lentamente con la cabeza.
—Eso es imposible.
—No.
Elena sacó una carpeta vieja de un cajón.
—Es la verdad.
Valeria tomó los documentos.
Había certificados.
Fotografías.
Cartas.
Y una prueba de ADN.
Sus ojos recorrieron el documento.
El resultado era claro.
Matteo Moretti era su padre biológico.
Valeria sintió que el mundo se inclinaba.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque Matteo murió antes de que nacieras.
—¿Y tu familia lo sabía?
Elena miró a Damián.
—Sí.
—¿Tu padre sabía que yo era su sobrina?
Damián permaneció en silencio.
Elena respondió:
—Desde el día en que naciste.
Valeria sintió una mezcla de rabia y dolor.
—Entonces todo este tiempo...
—Tu madre intentó protegerte —dijo Damián.
Valeria lo miró.
—¿Y tú?
Damián se quedó quieto.
—Yo no sabía nada.
—¿Seguro?
—Sí.
Elena intervino.
—Damián no sabía que eras su prima.
Valeria cerró los ojos.
Aquella palabra le produjo un escalofrío.
Prima.
De repente, todos los momentos con Damián parecían adquirir un significado diferente.
Ella abrió los ojos.
—Entonces el acuerdo entre nuestras familias...
Elena asintió.
—Fue creado por tu abuelo.
—¿Por qué?
—Porque después de la muerte de Matteo, Gabriel quiso asegurarse de que tú siempre estuvieras protegida.
Valeria miró los documentos.
—¿Y para eso decidió unirnos?
—Sí.
—Eso está enfermo.
—Lo sé.
Damián apretó los puños.
—Mi abuelo estaba obsesionado con controlar nuestras vidas.
Valeria miró nuevamente la fotografía.
—Entonces alguien está intentando destruir nuestra relación porque sabe la verdad.
Elena palideció.
—¿Qué quieres decir?
Valeria sacó el teléfono.
Le mostró los mensajes anónimos.
Su madre los leyó.
Y su expresión cambió.
—No.
—¿Qué?
Elena se levantó.
—No puede ser.
—Mamá, ¿qué pasa?
Ella miró a Damián.
—Hay alguien más que conoce este secreto.
—¿Quién? —preguntó él.
Elena respondió en un susurro:
—Matteo.
Damián frunció el ceño.
—Pero dijiste que murió.
—Eso fue lo que todos creímos.
Valeria sintió que el corazón se detenía.
—¿Qué quieres decir?
Elena tomó aire.
—Nunca encontraron su cuerpo.
Silencio.
Damián miró a Valeria.
—Entonces...
Elena asintió.
—Tu padre podría seguir vivo.
Valeria sintió que las lágrimas comenzaban a caer.
—¿Dónde está?
Elena negó con la cabeza.
—No lo sé.
De repente, el teléfono de Damián vibró.
Número desconocido.
Contestó.
—¿Quién habla?
Silencio.
Después, una voz masculina.
—Damián Moretti.
Damián se quedó inmóvil.
—¿Quién eres?
La voz soltó una pequeña risa.
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Editado: 30.08.2026