Solo Por Un Tiempo

Capitulo 14

Valeria no podía apartar los ojos de aquella fotografía.

Una niña pequeña.

Cabello oscuro.

Ojos grandes.

Y una sonrisa que, por alguna razón, le resultaba familiar.

—Sofía... —susurró.

Damián tomó la fotografía.

—¿La conoces?

—No.

—Entonces, ¿por qué te parece conocida?

Valeria negó lentamente.

—No lo sé.

Detrás de la fotografía había una fecha.

18 de junio de 2005.

Y debajo, una frase escrita a mano:

“Ella debe permanecer escondida.”

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Es mi hermana?

—Tenemos que averiguarlo.

Damián comenzó a revisar las demás fotografías.

Había decenas.

Valeria de bebé.

Valeria con su madre.

Valeria en el colegio.

Pero también aparecía aquella niña.

En diferentes edades.

Siempre acompañada por la misma mujer.

—¿Quién es ella? —preguntó Valeria.

Damián observó una de las imágenes.

—No lo sé.

Valeria tomó otra fotografía.

En ella aparecía Matteo.

Tenía a la niña en brazos.

Y junto a él estaba Elena.

Valeria sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Mi madre la conocía.

—Sí.

—Entonces sabe quién es.

—Probablemente.

Damián encontró un documento entre los papeles.

—Valeria.

Ella se acercó.

Era un certificado de nacimiento.

Nombre: Sofía Elena Moretti.

Valeria se quedó inmóvil.

—Moretti...

Damián la miró.

—Eso significa que...

—Que es hija de un Moretti.

Valeria tomó el documento.

—¿De quién?

Damián siguió leyendo.

El nombre del padre había sido tachado.

Pero todavía podían verse algunas letras.

Matte...

Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—Matteo.

—Es posible.

—Entonces ella sería mi hermana.

Damián asintió.

—Media hermana.

Valeria se llevó una mano a la boca.

—¿Por qué nadie me dijo que existía?

—No lo sé.

—Mi madre lo sabía.

—Sí.

—Matteo también.

—Sí.

—Entonces ¿por qué la escondieron?

Damián no respondió.

Porque ambos sabían que la respuesta podía ser terrible.

Regresaron a casa de Elena esa misma noche.

Su madre abrió la puerta.

Cuando vio la fotografía en las manos de Valeria, supo inmediatamente qué habían descubierto.

—¿Dónde la encontraron?

Valeria sintió que la rabia volvía.

—Así que es verdad.

Elena cerró los ojos.

—Valeria...

—Tengo una hermana.

—Sí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Elena comenzó a llorar.

—Porque intentaba protegerlas.

—¿De quién?

—De Gabriel.

Damián intervino.

—¿Qué tiene que ver mi padre con Sofía?

Elena miró hacia la ventana.

—Sofía era la prueba de algo que Gabriel quería ocultar.

—¿Qué cosa?

Elena respiró profundamente.

—Matteo tuvo una hija antes de desaparecer.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

—¿Con quién?

Elena tardó en responder.

—Con otra mujer.

Damián frunció el ceño.

—¿Entonces Sofía no es hija de Elena?

—No.

Valeria bajó la mirada.

—¿Quién es su madre?

Elena negó con la cabeza.

—No puedo decirte.

—Mamá.

—Porque no sé dónde está.

—¿Está viva?

Elena guardó silencio.

Valeria entendió.

—Está viva.

—Sí.

Damián se acercó.

—¿Y por qué Sofía llevaba el apellido Moretti?

Elena lo miró.

—Porque Gabriel quería que pareciera que pertenecía a su familia.

—¿Y no es así?

Elena negó.

—No.

Valeria frunció el ceño.

—Entonces, ¿quién es su verdadero padre?

Elena miró a Damián.

—Matteo.

Silencio.

Valeria cerró los ojos.

—¿Y por qué ocultarla?

—Porque cuando nació, Gabriel descubrió que Matteo tenía una hija.

—¿Y qué hizo?

—Intentó encontrarla.

—¿Para qué?

Elena respondió con voz temblorosa:

—Para usarla contra Matteo.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Y Matteo la escondió?

—Sí.

—¿Dónde está ahora?

Elena negó.

—No lo sé.

Valeria apretó la fotografía.

—Tenemos que encontrarla.

Damián tomó su mano.

—La encontraremos.

Horas después, Valeria estaba acostada, mirando el techo.

No podía dormir.

Pensaba en Sofía.

Una hermana que no sabía que existía.

Una niña que había crecido lejos de ella.

Y en Matteo.

Su padre había regresado después de tantos años, pero seguía rodeado de secretos.

Su teléfono vibró.

Número desconocido.

Valeria se incorporó.

Había un mensaje.

“Deja de buscar a Sofía.”

Otro mensaje llegó inmediatamente.

“No sabes lo que estás despertando.”

Valeria sintió miedo.

Pero antes de poder responder, recibió una fotografía.

Era Sofía.

Ahora adulta.

Estaba sentada en una cafetería.

Valeria amplió la imagen.

Y reconoció el lugar.

—Damián.

Él apareció en la puerta de la habitación.

—¿Qué pasa?

Valeria le mostró la fotografía.

—La encontré.

Damián tomó el teléfono.

—¿Dónde es?

—Café Saint Rose.

—Vamos.

El café estaba casi vacío.

Valeria entró primero.

Miró a su alrededor.

Entonces la vio.

Una joven sentada junto a la ventana.

Cabello oscuro.

Ojos claros.

Y una pequeña cicatriz sobre la ceja.

Valeria se quedó inmóvil.

La joven levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Durante unos segundos ninguna dijo nada.

Después, la joven se levantó.

—Valeria Monroe.

Valeria tragó saliva.

—¿Sofía?

La chica sonrió tristemente.

—Por fin.

Damián dio un paso adelante.




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