Solo Por Un Tiempo

Capitulo 15

Damián no reaccionó.

Durante varios segundos, simplemente se quedó mirando a Sofía.

—Eso no puede ser verdad.

Sofía sostuvo su mirada.

—Sé que es difícil de aceptar.

—Mi madre murió cuando yo tenía seis años.

—Lo sé.

—Entonces no pudo hacer nada después de eso.

—No estoy hablando de lo que hizo después.

Sofía miró a Valeria.

—Estoy hablando de lo que hizo antes.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Qué hizo?

Sofía sacó otro sobre de su bolso.

—Esto pertenecía a Matteo.

Damián lo tomó.

En el frente había un nombre.

Gabriel Moretti.

—¿Qué es? —preguntó Valeria.

—Una carta.

Damián la abrió.

Sus ojos recorrieron las primeras líneas y su expresión cambió.

—¿Qué dice?

Damián levantó la mirada.

—Mi madre sabía que Matteo estaba vivo.

Sofía asintió.

—Y sabía dónde estaba.

—¿Por qué nunca me lo dijo?

—Porque tenía miedo.

Damián apretó la carta entre sus dedos.

—¿Miedo de quién?

Sofía respondió:

—De tu padre.

Damián volvió a leer la carta.

Gabriel:

Matteo sigue vivo.

Si descubres dónde está, todo lo que hemos construido se vendrá abajo.

No puedo permitir que Valeria se convierta en una pieza de tu juego.

Ella no tiene la culpa de nuestros errores.

Damián sintió que el pecho se le cerraba.

—Ella intentó proteger a Valeria.

Valeria se acercó.

—Entonces quizá no era mala.

Sofía negó.

—No dije eso.

Damián levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

—Tu madre intentó protegerla, pero también fue parte del secreto.

—¿Cuál secreto?

Sofía guardó silencio.

Valeria sintió que algo no estaba bien.

—Sofía.

—Hay una razón por la que Gabriel quería controlar la empresa.

—¿Cuál?

Sofía miró a Damián.

—Porque tu madre era la única persona que sabía dónde estaba el testamento original.

Damián frunció el ceño.

—¿El testamento de mi abuelo?

—Sí.

—¿Y qué tiene de especial?

Sofía respondió:

—Que no dejaba la empresa a Gabriel.

Valeria comprendió.

—La dejaba a mí.

Sofía asintió.

—A ti.

El silencio fue absoluto.

Damián dejó escapar el aire lentamente.

—Entonces todo esto comenzó por la empresa.

—No solamente por la empresa —dijo Sofía—. También por poder.

Valeria negó.

—No entiendo.

Sofía se acercó.

—Tu abuelo sabía que Gabriel estaba utilizando dinero de la empresa para negocios ilegales.

Damián palideció.

—¿Qué?

—Por eso cambió el testamento.

—¿Y mi madre?

—Descubrió todo.

Damián cerró los ojos.

Ahora entendía por qué su madre siempre había sido tan reservada.

Por qué había discusiones en casa.

Por qué su padre nunca permitía que se hablara de su abuelo.

—Mi madre quería contar la verdad.

—Sí.

—¿Y Gabriel la detuvo?

Sofía no respondió.

Pero no hacía falta.

Valeria se acercó a Damián.

—Lo siento.

Él la miró.

—No tienes que disculparte.

—Todo esto es por mi familia.

—No.

Damián tomó su mano.

—Todo esto es por personas que decidieron usar a nuestras familias para conseguir lo que querían.

Valeria entrelazó sus dedos con los de él.

—Entonces terminemos con esto.

Damián asintió.

—Juntos.

Sofía los observó.

—Hay algo más.

Ambos la miraron.

—¿Qué?

—El testamento todavía existe.

Valeria abrió los ojos.

—¿Dónde?

—Tu madre lo escondió.

—¿Dónde?

Sofía negó.

—No lo sé.

—Entonces, ¿cómo vamos a encontrarlo?

Sofía sacó una pequeña llave.

—Matteo me dijo que tú sabrías dónde buscar.

Valeria tomó la llave.

La reconoció inmediatamente.

—Es igual a la que me dio mi madre.

—No —dijo Sofía—. Es la otra mitad.

Valeria y Damián se miraron.

—¿La otra mitad de qué?

Sofía señaló ambas llaves.

—Júntenlas.

Valeria colocó una junto a la otra.

Encajaban perfectamente.

Cuando las unieron, formaron un símbolo.

Un halcón.

Damián abrió los ojos.

—El mismo símbolo del despacho de mi padre.

Sofía asintió.

—Exactamente.

Esa noche regresaron a la mansión Moretti.

Damián conocía una entrada secundaria.

Entraron sin ser vistos.

El despacho de Gabriel estaba vacío.

Valeria sacó las dos llaves.

—¿Dónde crees que está?

Damián observó las paredes.

—Mi padre tiene una caja fuerte.

—¿Dónde?

—Detrás de su biblioteca.

Movió algunos libros.

Nada.

—No está.

Valeria observó el símbolo del halcón grabado en una pequeña placa.

—Damián.

Él se acercó.

Valeria colocó las llaves sobre la placa.

Se escuchó un clic.

Una parte de la pared se abrió.

Detrás había una pequeña caja metálica.

Damián la tomó.

—La encontramos.

Valeria sonrió nerviosamente.

—Ábrela.

Dentro había documentos.

Fotografías.

Y una grabación.

Damián tomó el pequeño dispositivo.

Presionó el botón.

Una voz llenó la habitación.

Era su madre.

—Si alguien está escuchando esto, significa que Gabriel ya descubrió la verdad.

Valeria sintió un escalofrío.

La grabación continuó.

—El testamento está protegido. Pero hay algo que deben saber antes de buscarlo.

La voz de su madre comenzó a quebrarse.

—Matteo no fue el único hijo que tuve.

Damián se quedó inmóvil.

Valeria miró a Sofía.

Sofía también parecía sorprendida.

La grabación continuó:

—Tuve una hija.

Silencio.

—Una hija que Gabriel cree muerta.

Valeria sintió que el corazón se le detenía.

Damián miró a Sofía.




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