Solo Por Un Tiempo

Capitulo 17

El automóvil negro avanzaba detrás de ellos.

Damián conducía sin apartar los ojos del espejo retrovisor.

—No se separen —dijo.

Valeria estaba sentada junto a él.

Sofía e Isabella iban en el asiento trasero.

—¿Sabes quiénes son? —preguntó Isabella.

—No —respondió Damián—. Pero sé quién los envió.

Valeria apretó su mano.

—Gabriel.

Damián asintió.

—Sí.

Tomó una desviación inesperada y entró en una calle estrecha.

El automóvil negro continuó de largo.

—Los perdimos —dijo Sofía.

Damián negó.

—Por ahora.

Llegaron a una antigua casa que había pertenecido a la madre de Damián.

—Aquí estaremos seguros —dijo.

Isabella observó el lugar.

—¿Por qué?

—Porque mi padre nunca supo que existía.

Entraron.

La casa estaba cubierta de polvo, pero Damián conocía perfectamente cada habitación.

—Mi madre me traía aquí cuando era niño.

Valeria lo miró.

—¿Nunca regresaste?

—No desde que murió.

Sofía encontró una caja sobre una mesa.

—¿Qué es esto?

Damián se acercó.

La abrió.

Dentro había cartas.

Todas escritas por su madre.

Una de ellas tenía el nombre de Valeria.

Damián se la entregó.

Valeria comenzó a leer.

“Valeria:

Si algún día encuentras esta carta, significa que finalmente descubriste la verdad.

Tu abuelo no quería que Gabriel heredara la empresa porque sabía que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para conservarla.

Por eso creó un testamento secreto.

Pero no está escondido en ninguna caja fuerte.

Está donde comenzó todo.

Valeria levantó la mirada.

—¿Dónde comenzó todo?

Damián tomó otra carta.

En ella había una fotografía antigua de una mansión.

Valeria reconoció el lugar.

—La casa de mi abuelo.

Sofía señaló la fotografía.

—Mira detrás.

Había una inscripción.

“Donde el halcón pierde su sombra.”

Isabella frunció el ceño.

—¿Qué significa?

Damián sonrió débilmente.

—El jardín.

—¿Cómo lo sabes?

—Mi madre solía decir que mi abuelo escondía cosas en el jardín.

Valeria tomó las llaves.

—Entonces vamos.

La antigua mansión Monroe estaba abandonada.

El jardín había desaparecido bajo la maleza.

Damián caminó hasta una estatua de piedra con forma de halcón.

—Aquí.

Valeria se arrodilló.

Debajo de la estatua había una pequeña cerradura.

Las dos llaves encajaron.

La tierra comenzó a moverse.

Un compartimento oculto apareció bajo las piedras.

Dentro había una caja de madera.

Valeria la abrió.

Había un documento.

El testamento.

Damián lo tomó.

Leyó la primera página.

—Valeria es la heredera legítima.

Ella sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces Gabriel...

—No puede quedarse con la empresa.

Sofía sonrió.

—Se acabó.

Pero Isabella encontró otra cosa.

Una carpeta.

—Hay algo más.

La abrió.

Dentro había fotografías y documentos sobre Gabriel.

Valeria comenzó a leer.

—Dios mío...

—¿Qué dice? —preguntó Damián.

—Todo.

Contratos falsificados.

Transferencias.

Amenazas.

Incluso pruebas de que había intentado comprar el silencio de varias personas.

Damián apretó los dientes.

—Con esto podemos destruirlo.

—No —dijo una voz.

Los cuatro se giraron.

Gabriel estaba detrás de ellos.

Acompañado por dos hombres.

—Con eso pueden destruir a mi familia.

Damián se colocó frente a Valeria.

—No.

Gabriel lo miró.

—Apártate.

—No.

—Damián, no sabes lo que estás haciendo.

—Sí sé.

Sacó su teléfono.

—Y tampoco estás solo.

Gabriel frunció el ceño.

Damián mostró la pantalla.

Había enviado todos los documentos a un abogado.

—Ya tienen una copia.

Gabriel perdió la expresión de seguridad.

—¿Qué hiciste?

—Lo necesario.

Valeria dio un paso adelante.

—Todo terminó.

Gabriel la miró con odio.

—No tienes idea de lo que estás diciendo.

—Sé que intentaste controlar a mi familia durante años.

—Lo hice para proteger lo que construimos.

—No.

Valeria sostuvo el testamento.

—Lo hiciste por poder.

Gabriel avanzó.

—Dámelo.

—No.

Entonces una voz apareció detrás de Gabriel.

—Creo que deberías escucharla.

Todos se giraron.

Matteo estaba allí.

Gabriel quedó paralizado.

—Tú...

Matteo sonrió.

—Hola, hermano.

Valeria abrió los ojos.

—¿Hermano?

Damián miró a Gabriel.

—¿Son hermanos?

Matteo asintió.

—Sí.

Gabriel dio un paso atrás.

—Esto no puede estar pasando.

—Terminó, Gabriel.

Matteo se acercó.

—Después de veinte años, finalmente terminó.

Gabriel miró a Valeria.

—Tú no sabes quién es tu padre.

Valeria sostuvo su mirada.

—Sí lo sé.

Miró a Matteo.

—Y aunque todavía tenga preguntas, prefiero conocer la verdad que vivir otra mentira.

Matteo sonrió.

—Esa es mi hija.

Horas después, la policía llegó.

Gabriel fue detenido.

Los documentos quedaron en manos de las autoridades.

Por primera vez, Valeria sintió que podía respirar.

Pero todavía quedaba una pregunta.

Miró a Matteo.

—¿Por qué nunca volviste?

Él bajó la mirada.

—Porque tenía miedo de que Gabriel te encontrara.

—Te necesité.

—Lo sé.

—Te esperé sin saber que te estaba esperando.

Matteo se acercó y la abrazó.

—Perdóname.

Valeria lloró contra su pecho.

—No puedo recuperar los años perdidos.

—Lo sé.

—Pero puedo intentar conocerte ahora.

Matteo sonrió entre lágrimas.




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