Tres años después.
Valeria observó su reflejo en el espejo y sonrió.
El vestido blanco caía suavemente sobre su cuerpo.
Su cabello estaba recogido y llevaba unas pequeñas flores entre los mechones.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Sofía desde la puerta.
—Muchísimo.
Isabella apareció detrás de ella.
—Eso significa que lo amas.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Lo amo desde hace mucho tiempo.
Sofía se acercó y acomodó su velo.
—¿Recuerdas cómo empezó todo?
Valeria sonrió.
—Con una mentira.
—Y un contrato —añadió Isabella.
—Y cinco reglas.
Las tres comenzaron a reír.
Valeria miró su mano.
En su dedo llevaba el anillo que Damián le había entregado tres años atrás.
Todo había cambiado desde entonces.
Gabriel había pagado por sus delitos.
Su familia había vuelto a unirse.
Sofía había comenzado una nueva vida.
Isabella había conseguido perdonarse por las decisiones que tomó cuando tenía miedo.
Y Valeria había aprendido algo que nunca creyó posible:
volver a confiar.
Las puertas se abrieron.
Damián estaba al final del jardín.
Llevaba un traje negro y tenía esa misma sonrisa arrogante que la había hecho querer golpearlo la primera vez que lo conoció.
Cuando sus ojos se encontraron, todo lo demás desapareció.
Valeria caminó hacia él.
Damián extendió la mano.
—Hola, novia falsa.
Ella soltó una carcajada.
—Hola, novio falso.
—¿Sabes que técnicamente ya no somos ninguna de las dos cosas?
—Lo sé.
Valeria tomó su mano.
—Ahora somos algo mucho mejor.
Damián la miró.
—¿Qué?
Ella sonrió.
—Familia.
Él besó su frente.
—Para siempre.
Después de la ceremonia, mientras todos celebraban, Valeria y Damián se alejaron unos minutos.
Se sentaron bajo el mismo árbol donde habían hablado por primera vez de su relación falsa.
—¿Te arrepientes? —preguntó Damián.
Valeria lo miró.
—¿De qué?
—De haber aceptado aquel contrato.
Ella fingió pensarlo.
—Un poco.
Damián abrió los ojos.
—¿En serio?
Valeria sonrió.
—Porque si hubiera sabido que terminaría enamorándome de ti, habría pedido mejores condiciones.
—¿Mejores condiciones?
—Sí.
—¿Como cuáles?
Valeria se acercó.
—Que el contrato durara para siempre.
Damián sonrió.
—Eso puedo firmarlo.
Sacó un pequeño papel del bolsillo.
Valeria lo miró sorprendida.
—¿Qué es eso?
—Nuestro último contrato.
Ella lo abrió.
Solo había una frase:
“Prometo elegirte todos los días.”
Valeria tomó el bolígrafo y escribió debajo:
“Prometo hacer lo mismo.”
Damián la besó.
Y mientras las luces del jardín iluminaban la noche, Valeria comprendió que algunas historias de amor no empiezan de la manera correcta.
Algunas empiezan con miedo.
Con mentiras.
Con heridas.
Incluso con un contrato.
Pero eso no significa que no puedan convertirse en algo verdadero.
Porque el amor que había comenzado solo por un tiempo había terminado convirtiéndose en su para siempre.
FIN.
#1620 en Novela romántica
#554 en Novela contemporánea
drama misterio secretos, novios falsos romance juvenil, contrato final feliz
Editado: 30.08.2026