Solo Yo

Capítulo 5

Capítulo 5

Jordan

 

Paseo la vista por el lugar buscando a Jazmine. Hoy es nuestro almuerzo y tengo miedo de que me haya programado otra cita con alguno de sus conocidos sin avisarme.

La última vez que fui a una cita concertada por ella, volví a casa enojada. El chico era guapo, ese no fue el problema; lo que me hizo querer meterle un tenedor en el ojo fue su actitud. Sutilmente, criticó mi atuendo, diciendo que era muy revelador –llevaba un vestido escotado que llegaba encima de las rodilla–; hizo pasar un mal rato a la camarera, señalando hasta lo más mínimo de la pobre chica como malo, quejándose de un mal trato de parte de ella cuando él fue el que provocó que la chica se pusiera nerviosa; hizo alarde toda la noche de su dinero, del puesto de su padre como senador del estado de Illinois y su camino hacia la Casa Blanca.

Un cerdo total.

La cereza del pastel fue que, cuando íbamos de salida, tomó mi teléfono –sin que yo le diera permiso–, guardó su número y dijo que lo llamara, pero que no me convirtiera en una psicópata, llamando cada hora para saber de él, “ese tipo de mujeres me hartan rápido”, esas fueron sus palabras. Una vez se subió a su auto y se alejó de la calzada del restaurante, borré su número y le dije a Jazmine que nunca más me volviera a hacer aquello.

Veo a la antes mencionada en una mesa junto al ventanal, hablando con la mesera. Camino hacia ella y una sonrisa se extiende en mi cara cuando ella me mira y lanza un beso hacia mí.

—Ya he pedido por las dos —anuncia cuando llego a la mesa—. Gracias, linda, eso es todo.

La chica se va, no sin antes sonreírme, al tiempo que yo me acerco a mi amiga y deposito un beso en su mejilla.

—¿Qué pediste? —inquiero cuando estoy sentada frente a ella.

—Lasaña —contesta—, aquí la hacen celestialmente.

—¡Sí, por favor! —gimo—. Llevo dos días almorzando ensalada.

—Esta semana nos hice cita en el gym, el viernes, en específico. Necesito sudar las colorías que consumí en la boda. —Toma un sorbo de su agua—. Podría haberlo hecho con un poco de sexo, pero ese término se ha vuelto un mito para mí.

—Somos dos —suspiro.

—Porque eres tonta y no le pones corazón a las citas que consigo para ti con tanto empeño —reprocha.

—Si fuesen tan buenos los tipos con los que me obligas a salir, ya te habrías tomado uno de ellos para ti —acuso.

Jaz rueda los ojos.

—No son mi tipo —se excusa.

—¡Por supuesto! —digo con falso entusiasmo—. Tu tipo es más rudo, piel canela y de descendencia latina.

—¡Ja, ja, ja! —ríe sin gracia—. Y tu tipo son los hombres de casi dos metros, con músculos abultados, piel excesivamente clara y ojos tan azules como el mar.

Sonrío y pestañeo.

—Nunca he dicho lo contrario. Tú eres la que niega sus sentimientos.

—Lo que me niego es a responder.

Suelto una carcajada que llama la atención de las mesas a nuestro alrededor.

—No hace falta que lo digas, yo sé la verdad.

Ella se une a mis risas justo cuando la mesera trae nuestras bebidas, que descubro son limonadas.

—¡Dios! Necesitaba este respiro de mi miserable vida —suspira Jaz, frunzo el ceño.

—¿Te ocurre algo?

—Mamá y papá —es su respuesta y yo asiento, no hace falta que explique más.

Los padres de Jazmine se separaron hace años y desde entonces se libra una guerra campal entre ellos, en la que Jaz y su hermana están en medio. He conocido solo a su madre, a su padre solo lo he visto de lejos, pero, según lo que ella me cuenta y lo que he visto yo misma, su madre no es una persona fácil de llevar, lo que provocó el divorcio. Jaz se tuvo que aguantar que su madre dictara hasta la ropa que se iba a poner mientras vivía con ella.

Un verdadero infierno, si me lo preguntan.

¿La señora no conoce lo que es la libertad de expresión?

—¿Qué pasó ahora? —cuestiono con cansancio.

Ella suspira.

—Rose tenía una carrera este domingo (te conté antes que ella es corredora), y ninguno de los dos fue. —Asiento, recordando que hace tiempo me dijo que Rose, su hermana, entrenaba duro porque quería ser corredora olímpica—. Mamá le dijo a Rose que ella le avisaba a papá, Rose se fio de ella, mamá no llamó a papá a propósito y ninguno de los dos terminó yendo. Papá se puso furioso, le reclamó a mamá porque no le dijo nada, mi tía Karen intervino y eso causó que mamá se enfureciera y empezara a reclamar cosas que no venían al caso. —El aliento se le va por hablar tan rápido, por lo que se detiene y respira profundo—. Rose estuvo presente en todo el altercado y terminó gritándole a los tres que estaba harta de sus discusiones. Salió de la casa esa tarde del domingo y fue a mi apartamento a esperar por mi llegada. A penas puse un pie en la casa, ella se abalanzó sobre mí para contarme todo mientras lloraba.

Jaz pasa una mano por su frente con frustración.



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En el texto hay: pasado, amigos, romance

Editado: 15.02.2022

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