Capítulo 11
Jordan
—¡Adiós, Jojo! —grita Willow, pasando por mi lado prácticamente corriendo, deteniéndose abruptamente en la entrada—. O Fresita, ¿cuál te gusta más?
Ruedo los ojos y la despido con la mano, negándome a responder. No hace falta que lo haga, es evidente qué apodo me gusta más. Sin embargo, el segundo me gusta solo cuando es dicho por el autor intelectual.
Willow ríe y sale de la tienda. Julio viene un minuto después y me pide que me encargue de cerrar porque Mary lo está esperando en casa. Julio es del tipo de hombre que se desvive por su mujer, de esos que ya escasean. Le digo que no se preocupe, que todo queda en buenas manos, y se va.
Kurt y Adam salen justo cuando la puerta se cierra detrás de Julio, vienen hablando en susurros e intuyo de qué va la conversación. El sucedo del sábado.
—No lo sé, Kurt —escucho decir a Adam—, no creo que Brody esté mintiendo sobre eso.
Los miro de reojo, fingiendo que no los escucho.
—Piénsalo, ¿por qué Danger no ha venido directamente por mí? No es como si me estuviese escondiendo.
¿Qué? ¿Quién demonios es Danger y por qué tendría que venir por Kurt?
—Solo… tengan cuidado —dice Adam con preocupación—. No bajen la guardia. ¡Adiós, Jordan!
Alzo la cabeza como si apenas me estuviese percatando de su presencia.
—Adiós, Adam —me despido de él antes de que salga de la tienda.
Kurt camina hasta el mostrador y me dirige una sonrisa que nada tiene que ver con su anterior humor intranquilo.
—Oye, hablé con Haylie —comenta.
—¿Sí? —pregunto, al tiempo que cierro la caja con llave y apago el monitor de la computadora—. ¿Qué dijo?
—Nos vamos a reunir en… —alza su mano y mira la hora en su reloj de muñeca— diez minutos.
Guardo mis cosas en mi bolso y rodeo el mostrador.
—Eso es genial. —Apoyo una mano en su brazo—. ¿Me contarás mañana lo que te diga?
Él frunce el ceño.
—Pensé que pedirías venir conmigo.
—¿No te molestaría? —inquiero anhelante. Sí, me muero por saber lo que Haylie tiene para decir.
—En absoluto —niega, pasando un brazo por mis hombros y llevándome a la puerta—. Me sentiría mejor si estás allí, la gente puede pensar que estoy seduciendo a una menor.
Suelto una carcajada.
Luego de asegurarnos de cerrar la tienda, caminamos rumbo a una cafetería cercana, una donde acostumbro a desayunar en estos días. Me pregunto, mientras nos dirigimos a nuestro destino, si los padres de Haylie saben dónde está o qué hace. Digo, la chica bien podría haberles mentido diciendo que iba con una amiga, pero sigue siendo peligroso que la dejen hacer lo que quiera sin corroborar lo que esté haciendo. Porque no creo que estén de acuerdo con que se reúna con un hombre al que no conocen a esta hora de la tarde.
Al llegar a la cafetería, Kurt me dice que ella aún no ha llegado, que viene en camino. Tomamos una mesa y pedimos un refresco para cada uno. No me gusta tomar café por las noches, así que el refresco es una mejor opción.
—¿Qué crees que sea lo que va a contarte? —cuestiono cuando ya tenemos nuestras bebidas frente a nosotros, él suelta la respiración.
—No lo sé, he estado pensando en posibles escenarios y ninguno encaja. —Apoya los codos sobre la mesa y se inclina hacia mí—. Pero tengo que confesarte que ella me parece conocida. Creo haberla visto en otro lugar.
Alzo las cejas, sorprendida.
—¿Estás seguro?
Kurt niega.
—No, es solo una impresión. Me parece conocida, pero no sé dónde la visto o si siquiera es cierto.
Imito su postura, tomando mi refresco en ambas manos.
—O puede que sea de esas personas que tienen un rostro común —conjeturo, pero no me lo creo ni yo misma. El rostro de Haylie no es nada común, es del tipo de mujeres que tienen una belleza pura e inocente y llama la atención adónde va.
Kurt hace ademan de responder, pero la campanilla de la cafetería suena y él cierra la boca de golpe.
Ha llegado nuestra acompañante.
Haylie mira alrededor de la cafetería hasta que da con nosotros, parece un algo extrañada por mi presencia, pero camina con decisión hacia nuestra mesa.
Ahora que la veo y tengo rondando la última confesión de Kurt en la mente, he de decir que también me da la impresión de haberla visto antes o quizás se parece a alguien que he conocido con anterioridad.
Le regalo una sonrisa tranquilizadora cuando llega hasta nosotros y toma asiento diagonal a ambos.
—Hola, cariño, ¿qué tal estás? —saludo, al ver que Kurt no dice nada.
—Muy bien, gracias por preguntar. —Me sonríe de vuelta para luego mirar a Kurt—. No sé por qué me impresiona que hayas venido acompañado. Debí suponer que Jordan también vendría.