Capítulo 15
Jordan
El fin de semana pasó sin ningún contratiempo. Descansé, salí de compras con Jazmine, vimos películas el sábado luego de las compras y pasamos el domingo en un spa al que ella me obligó a ir, y agradezco que me haya obligado, la pasé fenomenal.
No vi a Kurt, pero sí hablé con él por teléfono. Me contó cómo fue su encuentro con Haylie y me dijo de sus preocupaciones con respecto a la respuesta de Blake ante la noticia. Le sugerí que cuando se lo dijera, Cam estuviese presente, para evitar un arranque de su parte, y, si lo había, mi primo la calmara.
Comprendo su temor, sin embargo, creo que debería darle más crédito a Blake. Conozco la forma de ser de la chica, pero en el último año ha cambiado una barbaridad. Ahora es una persona más razonable y se esfuerza por escuchar antes de actuar. No hay que dar por sentado que va a tomarlo a mal, puede que su respuesta sea todo lo contrario. Solo tiene que escuchar a Haylie.
Esa mañana de lunes, llego temprano a la tienda. Estoy ansiosa por ver a Kurt. Es estúpido, pero lo extraño.
¡Y es que apenas son las 7 de la mañana!
¿Estoy exagerando? No tengo idea, pero no me importa.
De igual modo, no fui la única ansiosa, porque Kurt llega a la tienda justo al mismo tiempo que lo hago yo. Me da una sonrisa de medio lado, que considero lo más sexy que he visto un lunes por la mañana, uniéndose a mí en el camino hacia la entrada de la tienda.
—¿Cómo estás? —pregunta, mientras caminamos lado a lado.
—Muy bien, ¿y tú?
—Mucho mejor ahora. —Me mira de reojo, manteniendo su sonrisa—. El fin de semana se me hizo eterno.
—A mí también —confieso—. Y eso que fui con Jaz a un spa.
—¡Vaya! —murmura—. ¿Qué es lo que tiene este día tan fastidioso que te hizo añorarlo en un spa?
—No lo sé —río—. Tal vez… me gusta trabajar.
Kurt ríe y en ese instante, su teléfono y le mío suenan. Meto la mano en la cartera y extraigo el teléfono del bolsillo interior al tiempo que Kurt lo toma del bolsillo del pantalón vaquero que lleva puesto.
—Blake… —dice antes de llevarse el aparato a la oreja—. Blake, ¿cómo estás?
Extraño, a mí me está llamando Cam.
—¡Hola, hola, compañero! —canturreo al teléfono.
—Oye, Jojo, ¿estás ocupada?
—Estoy llegando a la tienda en este preciso momento.
—¿No es demasiado temprano para estar en la tienda?
—Soy una trabajadora incansable. —Cam ríe y yo lo imito—. ¿Tu llamada tiene un motivo? A parte de comprobarme, por supuesto.
—En realidad, sí lo tiene. —Se aclara la garganta—. Blake y yo tuvimos que regresar…
—¿Ocurrió algo? —lo interrumpo.
—¡No! —se presura a decir—. Bueno, sí ocurrió algo, pero no es algo malo.
—¿Qué pasó?
Le doy una mirada a Kurt que escucha atento a lo que Blake le dice.
—¿Puedes venir a mi apartamento?
—¡¿Están en Chicago?! —chillo.
—Sí, Jojo, te dije que tuvimos que regresar.
—¡Pensé que venían en camino, no que ya estaban aquí!
Escucho a Cam suspirar y puedo imaginarlo rodando los ojos.
—¿Puedes venir o no?
—En unos minutos estoy allí.
—¡Genial! Nos vemos, entonces.
Termino la llamada y me vuelvo hacia Kurt, él ya ha colgado y me está mirando.
—Supongo que a ti también te quieren en su casa —conjetura, asiento—. Vamos, yo conduzco.
Kurt y yo volvemos al estacionamiento y nos ponemos en marcha. Le mando un mensaje a Willow, haciéndole saber que Cam y Blake llegaron, que Kurt y yo vamos a verlos y que no tardaremos en volver. Ella responde que saludemos a la feliz pareja y que nos cubrirá si tardamos.
El mundo necesita más amigas como Willow.
Tardamos media hora en llegar al apartamento de los chicos, nos habríamos tardado menos–después de todo, viven cerca–, pero hay un poco de tráfico. Sin embargo, el camino se me hace eterno. Estoy ansiosa por saber qué los trajo de vuelta, y sé que mi comportamiento es el de una chismosa, pero no puedo evitarlo.
—¿Qué crees que haya pasado? —pregunta Kurt, estacionando su camioneta frente al edificio donde residen Cam y Blake.
—No tengo idea. —Llevo mi mano a la manilla de la puerta y tiro de ella—. Espero que no se vayan a divorciar.
Kurt ríe ante mi broma. Ambos sabemos que primero se cae el cielo sobre nuestras cabezas antes de que ese par se divorcien.
—Espero que no, el vestido de Blake me costó unos cuantos miles de dólares, odiaría que se haya desperdiciado.
Bajamos del auto y caminamos hacia la entrada, llamamos a su apartamento e inmediatamente la puerta zumba, señal de que podemos subir. Cam nos abre la puerta cuando llegamos a su planta y nos invita a pasar. Las maletas aún están en medio de la sala de estar y Blake está parada junto a estas, moviéndose de un pie a otro.