Capítulo 22
Kurt
Mamá revisa cada compartimiento del interior de la camioneta para cerciorarse que todo esté limpio, y como soy un hombre ocupado que deja la limpieza del auto a los del auto-lavado, encuentra todo sucio. No he llevado la camioneta a lavar desde hace dos semanas, así que parece un chiquero, cosa que tiene a mamá refunfuñando.
—¡Por el amor de Dios, Kurt! —murmura, sacando tres envoltorios de snack de la guantera—. No te mataría hacer la limpieza de vez en cuando.
—No me mataría, pero sigue siendo un fastidio —bromeo, ganándome un golpe de palma abierta en el brazo.
¿Por qué todas las mujeres de mi vida hacen eso?
Preguntas que no dejan dormir.
—No estoy bromeando, jovencito.
Sé que no está bromeando, pero es divertido hacerla rabiar.
—Mañana llevaré la camioneta al auto-lavado, no te preocupes.
—Eres un perezoso —me sermonea—. Dejas la limpieza de tu propio auto en manos de otras personas.
—Para eso les voy a pagar. —Otro golpe, esta vez en la cabeza—. ¡Ay, mamá!
—Miren lo que he venido a criar, un hombre que no es capaz de limpiar su propio desorden.
Ruedo los ojos, aunque estoy sonriendo.
—Sí puedo limpiar mi propio desorden, pero si lo hago, una persona se va a quedar sin comer un día.
Ella se queda en silencio, no sé si se quedó sin argumento o si está pensando en que tuvo que haberse practicado un aborto. Espero que sea la primera, amo dejarla sin argumentos, es un acontecimiento que no pasa seguido.
—¿Nunca se te pasó por la cabeza ser abogado, cariño?
—No —contesto, aguantando la risa.
—Te habría ido bien en esa carrera.
—Pero tendría que taparme los tatuajes con un traje y odio taparme los tatuajes. —Hago un puchero, mirándola de reojo. Mamá rueda los ojos.
—Dios nos ampare si no eres capaz de mostrar el arte de tu cuerpo al mundo —comenta sarcástica.
Esta vez no lo reprimo, suelto una carcajada estruendosa a la que mamá se une.
—Te amo, mami —suelto cuando dejo de reír.
—Sé que me amas, bebé. Es imposible no hacerlo.
—Se supone que tienes que contestarme que también me amas —digo entre dientes, fingiendo estar ofendido.
—¡Oh, cierto! —exclama ella como si se le hubiese pasado por alto—. También te amo, mi amor.
Lanza un beso al aire, un gesto exagerado, si me lo preguntan, pero igual sonrío.
Vamos camino a casa de Blake y Cam, esta noche es la cena y mi hermana me pidió que llevara a mamá porque ella estaría muy ocupada. Creo que hizo una cena extravagante que le llevó mucho trabajo, aunque se negó a que mamá la ayudara. Me habría gustado que mamá le pusiera sazón, ella cocina como nadie, pero Blake también lo hace excelente y quiere ser capaz de cocinar igual de bien, o acercarse, a como cocina mi madre. Ya lo hace, pero ella cree que no del todo tan bien, así que sigue practicando.
Mamá tiene una expresión alegre, está feliz de que Blake le vaya a dar un nieto, y me carcome por dentro tener que contarle de Haylie ahora. Se supone que debía decirle antes, le prometí a Blake ser el portador de las noticias, pero me cuesta. Aunque me reconfortan sus palabras de la otra noche y saber que el carácter de mi mamá es comprensivo y amable ante todo, no es más fácil soltar la bomba, sin embargo.
—Mamá… —empiezo a hablar—, hay algo que… tengo que decirte.
La miro unos segundos antes de volver la vista a la carretera.
—Lo sé, Kurt, estaba esperando que lo sacaras a colación.
—¿Sabías que tenía algo qué decir? —pregunto, alzando las cejas con sorpresa.
—Desde que entré a la camioneta lo supe, no sé porque te sorprendes. —Se acomoda en su asiento, girando levemente el cuerpo hacia mí—. Te escucho.
Es extremadamente difícil ocultarle algo a esta mujer. Recuerdo las veces que nos descubrió a Blake y a mí cuando éramos adolescentes y queríamos ocultarle alguna diablura que habíamos hecho, siempre terminábamos castigados, aunque nos levantaba el castigo días después. Creo que mamá nunca pudo ser del todo mano dura con nosotros por la falta de mi padre. Tengo la sospecha de que se culpa porque papá se fue, y es una culpa tonta, las acciones de papá no tuvieron nada que ver con ella. Sin embargo, es imposible tocar el tema, a ella no le gusta hablar de sus culpas y remordimientos, se guarda todo para sí y me asusta que lo haga. Es como Blake en ese aspecto, aunque mi hermana ha estado mejorando mucho y hay que darle el mérito a Cam por ayudarla.
Gracias, Cam, por no dejarme ese trabajo, o, mejor dicho, esa misión imposible a mí.
A veces creo que tengo que hacerle una estatua a Cam yo mismo, con mis propias manos y sin la ayuda de nadie, como agradecimiento. Se lo merece.
—¿Vas decirme lo que pasa o tengo que sacarlo de tu boca con una tenaza? —La voz de mamá me regresa al presente.