Capítulo 25
Jordan
—¡Hola, mami! —saludo a mi mamá cuando estoy dentro del auto.
—Hola, mi amor, ¿cómo estás?
—¡Excelente! —Dejo mi bolso en el asiento del copiloto—. ¿Supiste la noticia?
—¡Sí! —exclama ella—. Vicky está que no entra en sí de la emoción.
Sonrío, imaginando cómo ha de estar mi tía con lo del embarazo de Blake.
—¿Y mi tío?
—Orgulloso —ríe—, dice que ya hay un heredero en la familia.
—Pensé que Cam y yo éramos los herederos.
—Ya ustedes dejaron de ser el centro de atención.
Abro la boca con fingida indignación.
—¡Mamá! —jadeo—. Hieres mis sentimientos.
—Sobrevivirás —bromea—. Además, no me vengas con tonterías que tú estás más emocionada que la propia Vicky.
Sonrío.
—No creo que pueda compararme con la tía Vicky, pero estoy cerca.
—Es que tienes que verla, Jojo…
Mamá inicia una extensa explicación de la actitud de mi tía en los últimos días; feliz y orgullosa, asegura que va a ser una abuela consentidora y que ya está haciendo preparativos para el baby shower. Bueno, en eso sí pueden decir que me parezco a mi tía, yo estoy haciendo lo mismo, junto con Willow, Lucy y Jazmine. Si mi tía viviera aquí, la pobre Blake ya estaría vuelta loca, somos un grupo algo intenso.
—…creo que ya mandó a hacer un centenar de mantas y ropa de recién nacido. —Mamá suspira—. Como si no supiera que la perderá toda antes del mes. Los bebés crecen rápido.
Río. Mi teléfono empieza a vibrar, lo alejo de la oreja y veo el nombre de Jazmine en la pantalla.
—Mami, tengo que colgar, Jaz me está esperando.
—Está bien, mi amor. Llama más seguido.
La llamo cada dos o tres días y le mando mensajes casi a diario, pero parece que no es suficiente.
—Claro, mamá.
—Te quiero, cariño.
—Yo a ti.
Termino la llamada, tiro el teléfono junto al bolso y enciendo el auto.
Jazmine y yo vamos a tener nuestra reunión de los domingos en un restaurante en un centro comercial y luego vamos de compras. Yo no quería comprar nada, pero ella me aseguró que necesitaba actualizar su guardarropa. No creo que haya uno más actualizado que el suyo, tiene todas las prendas de temporada. Es imposible pelear contra ella, sin embargo.
Cuando llego al restaurante de desayunos en el que quedamos de vernos, la diviso en una de las mesas de fuera, sorbiendo su café. Sus ojos se encuentran con los míos y los vuelve rendijas. Está molesta porque me ha estado esperando por quince minutos.
—Lo siento —me disculpo a penas pongo mi trasero en la silla—, mamá llamó y me entretuvo.
Me observa durante unos segundos hasta que le hace un gesto a la mesera con la mano y la chica viene.
—Estoy lista para pedir. —Deja la taza de café en la mesa y toma el menú. Ni siquiera me dirige un saludo —. Queremos dos platos de waffles, le mío con miel y arándanos y el de ella con dulce de leche y fresas. —Le entrega el menú a la chica y yo hago lo mismo. Quería pan tostado, pero no voy a discutir con Jaz sobre la comida, sacará a relucir que ha pedido por mí porque he llegado tarde—. ¡Ah! —dice antes de que la chica se aleje—. Y un café con leche y nata.
Observo a la chica irse. Cuando está fuera del campo de audición, pongo mi atención en Jazmine.
—Quería pan tostado.
Ella se encoge de hombros.
—Llegaste tarde, me diste el derecho a pedir por ti.
En lugar de enojarme, suelto una risita.
—Eres un caso perdido, amiga.
Ella me sonríe engreída.
—Lo sé, y ya tú deberías estar acostumbrada. —Toma un sorbo de su café—. Todos los que me rodean se hicieron a la idea, incluso mi madre.
—Se me pasa por alto a veces, pero prometo que no volverá a pasar.
Ambas reímos. Sé que muchos ven a Jaz y creen que es una rica consentida y no saben por qué yo soy su amiga. Pero la verdad es que, bajo toda esa actitud mandona e intransigente, se esconde una persona genial, con un corazón enorme y con sentimientos puros. A veces se deja llevar por el “qué dirán”, sin embargo, ese es un defecto con el que está luchando y quiere dejar atrás.
—¿Blake retoma mañana su trabajo? —pregunta cuando ya nos han traído la comida.
—Sí, me he quedado sin trabajo de nuevo.
Hace una mueca.
—Mi padre sigue buscando una secretaria, si te interesa. —Alzo una ceja ante su ofrecimiento, ella pone los ojos en blanco—. Sigue esperando que recapacite y tome el puesto, pero eso no va ocurrir ni en un millón de años.