Solo Yo

Capítulo 27

Capítulo 27

Jordan

 

Las personas toman algunas cosas de la vida como simples detalles insignificantes; hablar temas sin sentido con alguien que te gusta, reír con dicha persona, salir en una cita. Podemos verlo como tonterías cuando nos acostumbramos a hacerlo, pero para otros es un asunto tan poco común y hermoso que no queremos que se acabe. Así me pasa esta noche con Kurt. He estado teniendo citas que Jazmine me ha programado con hombres que no me gustan de manera romántica –o no me gustan en absoluto–, y es extraño como cambia la forma de sentirme al pasar el rato con esos chicos que con Kurt. Estoy emocionada, río por todo, el ambiente me parece perfecto, la comida extraordinaria, la melodía que se escucha parece una canción de amor, nada me molesta y nada más importa que estar aquí, con él.

Mientras escucho atenta una historia que él relata sobre sus días en el instituto, recuerdo que mamá una vez me dijo algo como esto:

“Cariño, cuando amas a alguien, el mundo se vuelve un lugar mejor y lo ves diferente, perfecto. Son las proezas que es capaz de hacer el amor en nosotros. Y no es que el mundo en sí cambie, eres tú la que has cambiado”.

Ese día no entendí lo que quería decir, pero hoy, en este instante, lo comprendo todo.

Es así que acepto para mí misma que amo a Kurt, y estoy segura de que el sentimiento es más fuerte que hace un año. Nunca desapareció, solo estaba dormido, y despertó con todas sus fuerzas.

—…te juro que estaba dispuesto a matar a Blake y a Alex ese día, pero me quedé callado y tuve que arreglar la situación —termina de contar la historia.

Aparto mi plato vacío y apoyo los codos en la mesa, descansando la barbilla en mis manos.

—¿Cómo lo arreglaste?

Kurt se encoge de hombros.

—Me eché la culpa y fui toda una semana al salón de castigos después de clases.

Frunzo el ceño a la vez que sonrío.

—No me parece que fuese una buena solución —comento, divertida.

—No, pero a esa edad todavía no era una mente maestra como lo soy ahora —responde con un deje de petulancia—. Sólo tenía 16 años, estaba aprendiendo.

—Y yo creyendo que tenías una mente astuta desde que eras un niño.

—La tengo —asegura—, pero es una habilidad que se tiene que ir perfeccionando, y solo se logra con la experiencia.

Río por lo bajo al tiempo que niego.

—Eres increíble.

—Lo sé. —Se apoya del respaldo de su silla y alza las cejas en un gesto arrogante—. Mi mamá siempre me lo dice, pero en un tono cansado.

—¿Por qué será?

Frunce los labios.

—Ni idea.

No me puedo aguantar y suelto una carcajada. No sé cuál faceta suya amo más; la seria e intimidante, o la bromista.

Me quedo con ambas.

—La verdad es que compadezco a Lucy —admito cuando dejo de reír, él me mira con una ceja alzada—. Tú y Blake no son fáciles de llevar, con ella haciendo lo que le viene en gana y tú con esa boca inteligente, tu pobre madre no la tuvo fácil.

—¿No conoces a mi mamá? —suelta, indignado—. Si hay alguien a quien tienes que compadecer, es a mí.

—¿Y a Blake?

—No —hace una mueca—, mi hermana es la definición de problemas.

—¿Y tú no?

—No —afirma, vehemente—, yo soy la solución a esos problemas.

Lo observo por varios segundos, aguantando la risa.

—Lo dices tan seguro que me siento tentada a creerte. —Me sonríe inocente—. Pero no voy a caer en la tentación.

Su sonrisa pasa de inocente a pícara en segundos.

—¿Eso crees? —Se inclina hacia adelante y extiende una mano para tomar un mechón de mi cabello entre sus dedos—. ¿Que no vas a caer en la tentación?

Mi respiración se traba cuando suelta mi cabello y, con su dedo, traza mi mejilla hasta mi cuello.

—Depende —suspiro.

—¿De qué?

—De qué tentación estemos hablando.

Mi respuesta le gusta, porque sonríe travieso y deja caer su mano en la mesa, tomando la mía.

Sus ojos atrapan los míos, el azul brillante como el mar pasando a ser como las aguas en la noche.

—No voy a responder a eso ahora —mira de un lado a otro—, no en un lugar donde pueden escuchar.

Bueno, ahora tengo curiosidad.

—Salgamos de aquí, entonces, para que me lo cuentes.

Lame su labio inferior al tiempo que me hace señas para que me acerque más. Lo hago.

—¿Y si mejor te lo muestro?

Mi respiración se atasca y mi corazón inicia una carrera.

—Como prefieras —susurro sin aliento.

Satisfecho con mi respuesta, se aleja y le hace señas a la mesera para que traiga la cuenta. Observo a la chica hacerle ojitos y ruedo los ojos, sin ocultar que me parece patética.



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En el texto hay: pasado, amigos, romance

Editado: 15.02.2022

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