Solo Yo

Capítulo 30

Capítulo 30

Kurt

 

Jordan estuvo el resto del día acompañándome, y se lo agradezco, no quería quedarme solo. Varias veces quise llamar a Haylie y preguntar cómo estaba y qué había dicho el señor al que llamamos padre, pero no lo hice. No habría sido una buena idea. A quien sí llamé fue a Blake, pero me contestó Cam, diciendo que ella estaba dormida. Tal parece, durmió toda la tarde, no sé si eso es bueno o malo. Quise también llamar a mamá, pero me retracté de inmediato. Aún no quería que supiera lo de papá.

Esa noche, con Jordan todavía en casa, Alex vino con cervezas y tacos. Creo que Jordan le dijo que viniera para animarme, y si así fue, le voy a dar un premio a la mejor mujer del año. Alex siempre ha tenido la habilidad de distraerme de mis problemas y él lo sabe.

Viendo un partido de baloncesto, los tres comemos tacos mientras Alex dice tonterías y Jordan ríe a carcajadas de sus ocurrencias. No hay nada mejor que pasar el rato con tu mejor amigo y con tu novia, y más cuando los dos se llevan bien. Los dos se desvivieron toda la noche por hacerme sentir bien y lo lograron.

—Mi hermano se va a casar —anuncia Alex luego de un breve momento de silencio.

—¿En serio? —pregunto, sorprendido. El hermano de Alex es un mujeriego en toda regla—. ¿Quién logró atraparlo?

—Una verdadera belleza de nuestro país.

Alex está orgulloso de sus raíces latinas, aunque haya nacido aquí en Norteamérica. Su familia es muy apegada a sus costumbres y le han inculcado desde niño el amor al país de donde vienen.

—¿Puedo saber de dónde es tu familia? —cuestiona Jordan—. Nunca lo he escuchado.

Alex le da una mordida a su taco y –con la boca llena, cabe destacar– dice:

—Venezuela.

—¡Oh, genial! —exclama Jordan, sin inmutarse por los pésimos modales de mi amigo—. Cuando tenía 12 años, mis padres, mis tíos, Cam y yo, fuimos a un crucero por el caribe que llegó a la isla Margarita; es muy hermosa, la amé. Y la gente… —mueve la cabeza, como si no tuviera palabras para describir a las personas de la isla—, hermosa. Fueron las mejores vacaciones que tuve.

—Deberías conocer a mi familia, ellos son los mejores del mundo. —Alex toma de su refresco y luego vuelve a enfocarse en Jordan—. Les caerás bien.

—Solo cuídate de su hermana, es una amenaza para la sociedad —bromeo.

Alex ríe.

—Kurt dice la verdad, Adriana es una amenaza para la sociedad. —Pone el plato vacío sobre la mesita de centro y toma su lata de refresco—. Pero sus hijos son un amor, sobre todo Angie, la más pequeña.

—Míralo, es un tío muy querido por sus sobrinos —le digo a Jordan, divertido.

—Soy el tío favorito —se jacta Alex.

—Porque le das dulces sin que su madre lo sepa.

—No sé de lo que hablas. —Se hace el desentendido, tomando más de su refresco—. Ya tengo experiencia en esto, así que no crean que les voy a dejar el camino libre con el bebé de Blake. Ese niño me va a querer incluso más que a su padre.

Jordan bufa, mirándome de reojo como diciendo: “Está loco”.

—No importa tu experiencia, ese niño no te va querer tanto como a mí —rebate ella.

—¿Quieres apostar?

—Me parece una excelente idea —acepta Jordan—, apostemos.

Pongo los ojos en blanco.

—Este no es el comportamiento de dos adultos maduros —comento, ellos me ignoran.

—La apuesta será de 100$, el que se gane el amor del niño, o niña —agrega Alex para molestar a Jordan, que sigue con su empeño en que sea un niño—, le serán pagados los 100$ por el otro.

—Bien —Jordan extiende una mano hacia Alex y él la estrecha, luego me mira—. ¿No vas a entrar a la apuesta?

—No —contesto, al tiempo que me recuesto del respaldo del sofá—, no quiero que ninguno de los dos pierda.

—O, en realidad, estás tan seguro de que vas a perder que por eso no entras a la apuesta —se burla Jordan y Alex ríe.

—Crean lo que quieran creer. —Hago un gesto despectivo con la mano—. De igual forma, el único tío de sangre que tiene ese niño, soy yo.

—Y Haylie —me recuerda Alex.

Sonrío.

—Y Haylie —repito—. No sé porque ustedes se pelean un puesto que no es suyo.

—No seas idiota, Kurt, ese derecho lo tenemos tanto como tú —gruñe Jordan.

—Sentimentalmente, pero no de sangre.

—¡Ese niño también tiene mi sangre! —chilla.

—Pero lejana.

—No vas a dejar de recordarnos eso, ¿verdad?

—No, nunca.

El intercomunicador suena, anunciando que hay alguien abajo pidiendo subir. Me levanto,  camino hacia el aparto y aprieto el botón para hablar.

—¿Hola? ¿Quién está allí?

Abre la maldita puerta, Kurt —gruñe Blake al otro lado de la comunicación.



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En el texto hay: pasado, amigos, romance

Editado: 15.02.2022

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